.abejas. mana y miel

es posible resurgir de las cenizas

cual áve fénix

las lecciones que tenemos que aprender, del dolor…


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Cuando los Espíritus del fuego (las Salamandras) se arremolinan en el aire, y especialmente cuando transportan el polen, el polvo de las anteras, se animan con un intenso sentimiento, más intenso aún que el que mueve a los Silfos. Estos sienten su YO, su propio ser, en el vuelo de los pájaros. Los espíritus del Fuego sienten algo análogo ante las mariposas y los demás insectos. Les gusta seguir sus rastros en el aire. Esto les ayuda a propagar las ondas de calor y a concentrar el éter de calor en el ovario de las plantas. Para obrar la unión de este éter de calor, que debe descender al suelo, con la forma ideal de la planta, se alían con las mariposas y con los insectos. Siguiendo su estela, se precipitan de flor en flor; revolotean con ellos. Cuando seguimos con la vista a una mariposa o a un insecto, sentimos que su aura es algo muy especial que no se puede explicar sólo por el insecto en sí.
Las abejas, por ejemplo, tienen un aura clara, chispeante, maravillosamente luminosa, por así decirlo, deslumbrante, cosa que no se explica si no se señala que la abeja va siempre, acompañada de un Espíritu de fuego (Salamandra), íntimamente emparentado con ella. Para la mirada espiritual, la abeja vuela en el centro de un aura resplandeciente, transporta de flor en flor y de árbol en árbol a este Espíritu del Fuego, que conoce el sentimiento del Yo gracias a la abeja, a la cual querría estar completamente unido.
Por eso los insectos adquieren esa extraña fuerza, esa facultad de brillar en el Cosmos espiritual; pueden espiritualizar totalmente la materia física que les ha sido otorgada, e irradiarla en el espacio cósmico. Pero, de la misma manera que es el calor de la llama quien la hace brillar, así, en la superficie de la tierra, son los insectos, inflamados de ardor hacia esta tarea cósmica por los Espíritus del Fuego que les acompañan, quienes llevan hasta el estallido más vivo esa sustancia física espiritualizada que brilla en el Cosmos y que el hombre percibe en el momento en que desciende a la Tierra para encarnarse en ella…
Extracto de la conferencia del 10 de noviembre de 1923
…Cuando consumimos miel en la edad adulta, esta miel nos proporciona el mismo estimulante, las mismas fuerzas, que la leche al niño. Se trata de fuerzas formadoras que ahora actúan sobre todo el organismo desde el exterior, mientras que en el caso del niño actuaban desde dentro de la cabeza y a partir de la cabeza.
El niño, alimentado con leche, estimula con dicho alimento las actividades plásticas de su organismo. El adulto, cuando experimenta la necesidad de estimular las mismas actividades plásticas, debe consumir miel. No es necesario tomar cantidades enormes, pues lo que importa son las fuerzas presentes en la miel.
Así, los preceptos para una adecuada higiene alimentaria están inscritos en la propia naturaleza exterior. ¿Qué es lo que hacemos cuando imaginamos un país donde los ancianos son tan hermosos como los niños? Pensamos en un lugar donde manan ríos de leche y de miel. Ved con qué exactitud la antigua clarividencia instintiva inspiró a los poetas, que sueñan siempre con el país fabuloso “donde manan ríos de leche y de miel”.
Textos de Rudolf Steiner ©

 (A los Dakoff, con amor.

mi familia. Los amo)

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