pureza

Uno se harta de cáscaras
y tiene hambre de pulpa:
pulpa humana, sincera,
veraz y conmovida…
Pulpa franca que vierte
sus jugos luminosos…
Pulpa extraña y ardiente
de humano inacabado…
Y de pronto suceden
audaces desnudeces:
renunciar a ser nadie,
abrirse indefendido,
mostrar eso que duele
mientras el otro muestra
su espíritu injuriado
por injustos cuchillos…
Mostrarnos la Belleza
que anima nuestro espacio
oculto, inmaculado,
ungido de Hermosura;
mostrarnos uno al otro
impretendidamente,
sin máscaras que asfixien
la esencia despertada.
Construir la confianza
como quien edifica
con su máximo aliento
puentes, templos, caminos…
Y entonces sí, sucede:
la cáscara se parte
y convida, fragante,
la más íntima pulpa:
el Centro, lo que fuimos
antes de que la vida
asfaltara los prados
que pisamos descalzos…
Nos sabemos completos
cuando el otro nos sabe,
cuando al otro ofrecemos
lo que hay, lo faltante,
lo que pronto seremos,
lo que fuimos, y aquello
que guardamos intacto
para quien lo merezca:
el ámbito recíproco
desde donde ejercemos
la vital transparencia
con que dos se hacen uno.
Virginia Gawel

4 Replies to “.descalzos como niños”

    1. volvernos descalzos como niños, es regresar a la fuente de la que nunca debieramos habernos apartado…
      eso es lo bueno de hacerse “grande”… que de repente, la inocencia nos sorprende sin aviso!…y brota por todos nuestros poros!

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