Mariposadel67

Fotos 304

Los cincuenta años son como
la última hora de la tarde,
cuando el sol se ha
puesto y uno se inclina
naturalmente hacia la reflexión.
En mi caso, sin embargo,
el crepúsculo me induce
a pecar y, tal vez por eso,
en la cincuentena reflexiono
sobre mi relación con la comida y el erotismo,
las debilidades
de la carne que más me
tientan, aunque, hélas, no son las
que más he practicado.

Me arrepiento de las dietas, de los platos deliciosos rechazados por
vanidad, tanto como lamento las ocasiones de hacer el amor que
he dejado pasar por ocuparme de tareas pendientes o por virtud
puritana. Paseando por los jardines de la memoria, descubro que
mis recuerdos están asociados a los sentidos. Mi tía Teresa, la que
se fue transformando en ángel y murió con embriones de alas en
los hombros, está ligada para siempre al olor de las pastillas de
violeta. Cuando esa dama encantadora aparecía de visita, con su
vestido gris discretamente iluminado por un cuello de encaje y su
cabeza de reina coronada de nieve, los niños corríamos a su
encuentro y ella abría con gestos rituales su vieja cartera, siempre
la misma, extraía una pequeña caja de lata pintada y nos daba un
caramelo color malva. Y desde entonces, cada vez que el aroma
inconfundible de violetas se insinúa en el aire, la imagen de esa tía
santa, que robaba flores de los jardines ajenos para llevar a los
moribundos del hospicio, vuelve intacta a mi alma. Cuarenta años
más tarde supe que ése era el sello de Josefina Bonaparte, quien
confiaba ciegamente en el poder afrodisíaco de aquel huidizo
aroma que tan pronto asalta con una intensidad casi
nauseabunda, como desaparece sin dejar trazos para regresar
enseguida con renovado ardor. Las cortesanas de la antigua
Grecia lo usaban antes de cada encuentro amoroso para
perfumar el aliento y las zonas erógenas, porque mezclado con el
olor natural de la transpiración y las secreciones femeninas, alivia la
melancolía de los más viejos y sacude de modo insoportable el
espíritu de los hombres jóvenes. En el Tantra, filosofía mística y
espiritual que exalta la unión de los opuestos en todos los planos,
desde el cósmico hasta el más ínfimo, y en la cual el hombre y la
mujer son espejos de energías divinas, violeta es el color de la
sexualidad femenina…(…)

(…) Es así como recuerdo
a los hombres que han pasado por mi vida -no deseo presumir, no
son muchos- unos por la textura de su piel, otros por el sabor de
sus besos, el olor de sus ropas o el tono de sus murmullos, y casi
todos ellos asociados con algún alimento especial. El placer carnal
más intenso, gozado sin apuro en una cama desordenada y
clandestina, combinación perfecta de caricias, risa y juegos de la
mente, tiene gusto a baguette, prosciutto, queso francés y vino del
Rhin. Con cualquiera de estos tesoros de la cocina surge ante mí
un hombre en particular, un antiguo amante que vuelve
persistente, como un fantasma querido, a poner cierta luz traviesa
en mi edad madura. Ese pan con jamón y queso me devuelve el
olor de nuestros abrazos y ese vino alemán, el sabor de su boca.

(…) La gente que se
gana la vida con esfuerzo y reza a escondidas, como usted y
como yo, improvisamos con las cacerolas y entre las sábanas lo
mejor posible, aprovechando lo que hay a mano, sin pensarlo
mucho y sin grandes aspavientos, agradecidos de los dientes que
nos quedan y de la suerte inmensa de tener a quien abrazar. (…) En
sánscrito existe una palabra para definir el goce del principio de la
creación, que es similar al goce sensual. En el Tíbet la copulación
se practicaba como ejercicio espiritual y en el tantrismo es una
forma de meditación. El hombre, sentado en la posición del loto,
recibe a la mujer acaballada sobre sus piernas, ambos cuentan sus
respiraciones con la mente en blanco y elevan las almas hacia lo
divino, mientras los cuerpos se conectan entre sí con tranquila
elegancia. Así da gusto meditar…

Una vez que se ha preparado y servido una cena
exquisita, que la secreta tibieza del vino y el cosquilleo de las
especias recorren los caminos de la sangre y que la anticipación
de las caricias sonroja la piel, es el momento de detenerse por unos
minutos, retardando el encuentro para que los amantes se regalen
una historia o un poema, como en las más refinadas tradiciones
del Oriente. Otras veces el cuento aviva la pasión después del
primer abrazo, cuando se ha recuperado el aliento y algo de
lucidez y la pareja descansa satisfecha. Es una buena manera de
mantener despierto al hombre, que tiende a caer anestesiado, y
divertir a la mujer cuando empieza a aburrirse. Esa historia o esos
versos son únicos y preciosos: nadie los ha dicho ni los dirá en ese
tono, a ese ritmo, con esa voz particular o esa intención precisa.

Los amantes, Eva Luna y Rolf
Carié, reposan después de un abrazo encabritado. En la memoria
fotográfica de Rolf, la escena es como un cuadro antiguo, en el
cual la amada está a su lado sobre la cama, con las piernas
recogidas, un chal de seda sobre un hombro y la piel aún húmeda
por el amor. Rolf describe así la pintura:
El hombre tiene los ojos cerrados, una mano sobre su pecho y otra
sobre el muslo de ella, en íntima complicidad. Para mi esa visión es
recurrente e inmutable, nada cambia, siempre es la misma sonrisa
plácida del hombre, la misma languidez de la mujer, los mismos
pliegues de las sábanas y rincones sombríos del cuarto, siempre la
luz de la lámpara roza los senos y los pómulos de ella en el mismo
ángulo y siempre el chal de seda y los cabellos oscuros caen con
igual delicadeza. Cada vez que pienso en ti, así te veo, así nos veo,
detenidos para siempre en ese lienzo, invulnerables al deterioro de
la mala memoria. Puedo recrearme largamente en esa escena,
hasta sentir que entro en el espacio del cuadro y ya no soy el que
observa, sino el hombre que yace junto a esa mujer. Entonces se
rompe la simétrica quietud de la pintura y escucho nuestras voces
muy cercanas.
—-Cuéntame un cuento—-te digo.
—-¿Cómo lo quieres?
—-Cuéntame un cuento que no le hayas contado a nadie…

Isabel Allende

4 Replies to “.rondo capriccioso”

  1. Ohhhh…como admiro a esta mujer ! me fascino con sus libros , me transporto a lugares maravillosos que solo ella puede describir y descubrir. Todos sus libros son mágicos y encantadores. Gracias Gabita, como siempre tus publicaciones no tienen desperdicio.. Cómo me entretengo leyendote ! besos de todos los colores !

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  2. !Cómo escribe esta mujer, cuántos recursos, qué sexto sentido maravilloso de la narración! Saber de antemano lo que el lector quiere, lo que busca, lo que le emociona, lo que le da miedo, lo que le avergüenza, y lo que le entretiene, está al alcance de muy pocos/as; Isabel Allende es una de esas personas.
    Ramón

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