sobrevivire

 
“Rupert Holmes, cantante y letrista, interpretaba hace un tiempo una canción que fué todo un éxito sobre una pareja casada  que pusieron los dos un anuncio intentando tener una aventura extramatrimonial. Lo que no sabían -¡y que descubrieron al responder uno al aviso del otro sin saberlo!- era que los dos deseaban hacer cosas más excitantes de las que hacían habitualmente juntos.
Años atrás conocí a un hombre que después de enviudar todo cuanto hacía era llorar diciendo: “Nunca la llevé a los lugares a los que quería viajar. Ni le dije lo bastante a menudo cuánto la amaba. Hay tantas cosas que debía haber hecho con ella y no hice…”
Era trágico ver que cuando por fin se le habían abierto los ojos era demasiado tarde.
Cuando ya tienes una cierta edad, la idea de perder cualquier oportunidad -sobre todo la del amor- la ves como la blasfemia que realmente es. Desaprovechar la oportunidad de amar de verdad es como escupirle a Dios a la cara. De ahí que la llama del amor arda con fuerza en la edad madura, porque en esta época ya no albergamos la falsa idea de que los flechazos ocurren cada día.
Un amigo mío me dijo en una ocasión:
“Antes me daba miedo comprometerme con una mujer para el resto de mi vida, pero ahora ‘el resto de mi vida’ ¡ya no me parece tan largo!”.
Muchas personas tenemos heridas que nos impide amar sin miedo. Y el miedo, aunque pocas veces esté justificado, es a menudo comprensible. El reto de librarte del miedo que has acumulado durante años para experimentar el amor que tienes frente a tí constituye la llamada romántica de la edad madura.
“Querido Dios,
te ruego que fundas
los muros que rodean mi corazón.
Libérame del miedo
para que pueda ser felíz
y amar de nuevo.
Amén.”
Uno de nuestros mayores temores es obviamente el miedo a que nos abandonen. Sin duda alguna, cuando alguien, cuyo amor ha significado mucho para nosotros, deja de querernos, nos abre una herida primigenia.
Metafísicamente, lo que ocurre cuando nos separamos de nuestra pareja es que volvemos a experimentar nuestra separación original de Dios o por lo menos la ilusión de poder separarnos de Él. En realidad, esta separación sería tan demoledora para todo el universo que si fuera cierta éste no podría seguir existiendo. Pero la verdad es que nuestra unidad con Dios, y con todos los otros seres, es un aspecto fundamental e inalterable de la realidad.
Al no advertir de manera consciente todo esto, reemplazamos nuestro anhelo de estar en contacto con Dios intentando encontrar una pareja. El vínculo con un amante es embriagador, ya que nos recuerda la unión con Dios, y la separación es muy demoledora porque nos recuerda cómo es estar separados de Él. Y entonces se crea un círculo vicioso: al sentirnos separados de Dios, deseamos más aún a nuestra pareja. Pero al estar separados de Él nos sentimos incompletos. Lo cual nos hace sentir fragmentados y este estado a menudo provoca que nuestra relación de pareja se estropee.
Por eso el amor puede ser un infierno. Y también el cielo en la Tierra.
Vale la pena imvestigar ambos estados.
A veces la persona que nos libera de nuestro dolor es la que más tarde nos crea más dolor aún.
“Siempre que conozcas a alguien, recuerda que está librando una gran batalla en su interior”.
-Emerson

Cuando eres joven, te aferras al amor creyendo que te va a durar siempre. Pero cuando eres mayor, sabes que no necesitas aferrarte a él porque no dura eternamente. Tus parejas llegan y se van de tu vida. Pero el amor permanece si decides conservarlo en tu corazon.
La bendición que recibes es simplemente ver que has tenido una bonita experiencia y que las experiencias no pueden poseerse. En un momento de tu vida llegan y en otro se van. Al final comprendes que todo te pertenece y al mismo tiempo nada te pertenece… Tal como Helena dice sobre su querido Demetrio en su Sueño de una noche de verano de Shakespeare:
“…y Demetrio es como joya que he encontrado: es mio y no lo es…”
La gente suele decir: “Me han hecho mucho daño.¿Cómo puedo volver a confiar en alguien otra vez?”. Pero tener fé en otra persona, sino en nuestra capacidad de amar intensamente sabiendo que aquella persona o aquello que amamos hoy puede desaparecer mañana.
El verdadero amor siempre corre este riesgo. Pero el universo no pretende darnos sólo lo que deseamos, también quiere enseñarnos a amar. Y si bendecimos a nuestra pareja cuando está con nosotros y la odiamos cuando nos deja, en ese caso no recibiremos esta bendición ni nos convertiremos en ella. Una bendición que no es constante no es una bendición.
Es en la voluntad de Dios en lo que debemos tener fé. Él nos lleva a la vida de otras personas para que realicemos una lavor divina, su espíritu actúa en nuestro subconsciente para que nos atraigan aquellos seres con los que nuestra alma  tiene más posibilidades de crecer. Pero no significa que las lecciones que aprendamos siempre vayan a ser fáciles. En realidad, es posible que Dios nos haya enviado a alguien a nuestra vida para que aprendamos a discernir, en otras palabras, para enseñarnos aquello de lo que debemos alejarnos.
Algunas veces es la experiencia de lo que no quieres la que te enseña lo que quieres. Otras, la persona que te rompe el corazón es la que te libera para que te encuentre la media naranja. Y, otras, la experiencia amorosa no es lo que tú esperabas, pero quizá de eso se trataba, porque la relación te libera de tus propias limitaciones, llevándote a un camino más elevado. El verdadero amor no llegará a tu vida hasta que tú te conozcas, y tú no te conocerás hasta haber dado salida a ciertos deseos que había en tí.
Quizá deseabas mantener una relación sin compromisos porque no estabas preparado para compremeterte. Pero ahora, después de haber estado huyendo de ellos, estás listo para dejar de huir. Ahora, al haberte herido alguien, estás preparado para dejar de herir a los demás. Y ahora un verdadero amor -alguien que no hiere, ni huye, ni se siente atraído por el sufrimiento- está a punto de llegar a tu vida. Parafraseando a Rumi, el poeta Persa:
“De un corazón roto brota un manantial de una ardiente pasión sagrada que nunca se agota”.
“Querido Dios,
te entrego mis
relaciones sentimentales pasadas.
Enseñame a perdonar,
Señor,
para que me desprenda de esta carga.
Dejo de aferrarme a las parejas que me hirieron
para que puedan ser felices en la vida.
Que me perdonen
por las heridas que les he infligido.
Que todos encontremos la verdadera paz.
Amén…”
-Marianne Williamson

2 Replies to “.sobreviviré”

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