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“No debéis perder la fe en la humanidad.
La humanidad es un océano;
no se ensucia porque algunas de sus gotas estén sucias.”
Mahatma Gandhi

“Los automóviles parecen ser el vehículo que elige el universo para colocar a una persona en una situación vulnerable y en un rescate que se acaba convirtiendo en una experiencia espiritual.
Una avería o un accidente de coche no es una crisis del séptimo chakra a menos que la persona lo perciba como una experiencia profundamente espiritual.
Mi padre, un veterano de la Segunda Guerra Mundial y marine de los Estado Unidos, nos enseñó a mí y a mis hermanos el viejo dicho:
«En las trincheras no hay ateos.»
Mi traducción: si Dios nos asusta lo suficiente, todos empezamos a rezar.
Los accidentes de tráfico también parecen ser un marco ideal para que el universo haga coincidir a personas que necesitaban encontrarse, aunque sólo sea durante unos minutos.
Pero en esos pocos minutos, sus vidas cambian por completo.

La historia de Carrie es una de la serie de historias sobre accidentes en las que aparecieron ayudantes invisibles que desaparecieron después de hacer su trabajo. Quizá sólo un ángel pudo haber llegado a tiempo.
Carrie M. escribe: «Tuve un grave accidente de tráfico y quedé herida y atrapada en mi coche. Una mujer se paró y se acercó hasta el vehículo, que se había salido de la carretera. A través de una ventanilla que se había roto llegó hasta mí y me cubrió con una sábana. Se quedó a mi lado, tranquilizándome, hasta que llegó la patrulla de rescate. Cuando ésta llegó, ella desapareció, dejándome la sábana. Nunca supe quién era, pero pienso a menudo en ella y siempre quise decirle lo mucho que su acto de servicio significó para mí y lo mucho que sigue significando hoy en día.»

Nicole R. escribe: «Un día me quedé sin gasolina en una autovía. Viajaba con mis dos hijos y tuve la suerte de poder acercar el coche hasta el arcén. Estaba a cierta distancia de una salida que llevaba a una gasolinera, aunque podía llegar a pie perfectamente. Estaba de pie fuera del coche preguntándome qué hacer, cuando se paró un coche del que salió una mujer de unos cincuenta años largos. Me fijé en que llevaba a un niño pequeño de unos doce meses en el coche. Me preguntó si podía ayudarme y yo le expliqué la situación. De algún modo, iniciamos una conversión y ella me contó que estaba cuidando de su nieto y le gustaba enseñarle cosas sobre Dios. Yo soy espiritual, pero no religiosa; no obstante, pude sentir la cálida energía que emanaba de aquella mujer. Me dio cinco dólares y, cuando le pedí su dirección para devolverle el dinero, me dijo “No se preocupe por eso. Yo he estado en su situación”, y luego se subió al coche y se fue. Sólo eran cinco dólares, pero para mí eran una fortuna, puesto que me permitirían comprar gasolina y llegar a casa. No le había dicho que estaba sin blanca, pero ella lo sabía. Nunca lo olvidaré y siempre me fijo en situaciones similares para poder hacer lo mismo por otras personas.»

Noelle S. escribe: «El coche en el que viajábamos mi marido y yo se averió a las afueras de un pueblecito de Carolina del Sur. Al cabo de cinco minutos, paró un motorista para ayudar y después vino la patrulla de vigilancia de la autopista, que nos remolcó hasta un taller local, donde el mecánico se pasó todo el día trabajando en nuestro coche. Pidió ayuda a otro mecánico, que tuvo que visitar dos cementerios de coches para encontrar las piezas que necesitábamos. Trabajaron cinco horas en nuestro coche para que pudiéramos partir hacia nuestro destino, que estaba a tres horas de camino. Los mecánicos y los dueños de los desguaces sólo nos cobraron una de las dos piezas que nos cambiaron y las horas de trabajo invertidas en la colocación de esa pieza. La otra pieza y las demás horas de trabajo fueron gratis. Mi marido y yo, que necesitábamos desesperadamente aquellas minivacaciones, nos dimos cuenta de que teníamos un talante completamente diferente después de aquel incidente. No nos importó que la avería hubiera supuesto perder un día entero de nuestras breves vacaciones porque sentimos que aquel día habíamos tenido unas vacaciones de verdadera humanidad.»

Tengo veinticuatro ejemplos más de historias de «ángeles y automóviles».
Dios emplea todo tipo de dificultades —accidentes, discusiones, averías— para atraer nuestra atención y mostrarnos el potencial para que la gracia se manifieste en nuestras vidas.
Nosotros nunca sabemos por qué las cosas ocurren como ocurren o por qué acabamos sumidos en el desastre, pero hay algo enormemente reconfortante y muy convincente desde el punto de vista espiritual en la idea de que, estemos donde estemos, puede ser un escenario para que algo profundamente místico ocurra en nuestras vidas.

-Caroline Myss (“El poder invisible en acción”)

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