.,¸¸,.·´¯`·.^^´¯`·.,¸¸,

 

 

 

 

 

 

 

 

(lo siento, hoy no puedo escribir, sólo recordar con amor)

 

Patti, escribe por mi.

 

.los rubíes de la India

Siempre tuve una especie de mochila, poco más que un pedazo de tela o cuero cerrado con un nudo.
Cuando se abre, mi bolsa, valiosa compañera, presenta un mundo definido por lo que contiene: un reguero único, muy querido.
Este fardo poco corriente siempre fué mi consuelo, mi alegre carga.
sin embargo descubrí que es poco prudente encariñarme con los recuerdos que hay en su interior.
Porque basta que me fije en un objeto determinado para que lo pierda o simplemente desaparezca.
Tenía un rubí.
Imperfecto, hermoso como sangre facetada.
Era de la India, donde son arrojados a la playa.
Los hay a mares: las cuentas de la tristeza.
Pequeñas gotas que de algún modo se convirtieron en gemas recogidas por mendigos que las cambian por arroz.
Cada vez que clavaba la mirada en sus profundidades me sentía abrumada, porque atrapados en mi pequeño rubí había más sufrimiento y esperanza de los que uno podía comprender.
Atemorizaba e inspiraba, y yo lo guardaba en mi mochila, un paquete de papel amarillo encerado del tamaño y de la forma de una cuchilla de afeitar.
Me paraba y lo sacaba para mirarlo.
Lo hacía tan a menudo que ya no necesitaba ver lo que estaba mirando.
Por eso no sabría decir con seguridad cuándo desapareció.
Pero todavía puedo verlo.
Lo veo en la frente de las mujeres.
En las honduras del poeta.
Lo veo en el cuello de una diva y en la palma de la mano de un desertor.
Encajado en una alambrada.
Una gota de sangre en un vestido de percal.
Abro mi fardo y lo vacío en los surcos de la tierra.
Nada: una vieja cuchara, una brújula, los restos de un walkie-talkie.
Mientras extiendo la tela para tirarme a descansar tomo bocanadas de aire tan largas como los surcos.
Como para apaciguar a los espíritus; impedir que se agiten y hagan ruido.
En el anillo de la noche imposible.
Todo es elástico. El cielo está de un rosa inquietante.
Puedo sentir el polvo de Calcuta, los ojos perdidos de Bhopal.
Puedo ver las banderas de rezo flameando como medias viejas en el cálido viento irónico:
Te ofrezco esta campana
el mercader de susurros
Es sumamente valiosa
una pieza de museo, no tiene precio
No, gracias, respondo
No deseo poseer nada
Pero es una campana maravillosa
una pieza ceremonial
una campana admirable
Mi cabeza es una campana
murmuro
entre
dedos vendados
ya dormida
-Patti Smith (de “Tejiendo Sueños”)

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s