.dibujo I

dibujo I

“Tenía una jaqueca terrible.
La cabeza me martilleaba tanto que sucumbí a ese estado de locura en que la guillotina parece una buena idea.
Busqué a tientas las tijeras y, sin pensarlo, me corté el pelo.
Dejando a un lado las trenzas desechadas, me arrastré hasta la pileta para refrescarme la cara y el cuello. Luego me acurruqué sobre la alfombra sintiéndome de algún modo libre y, llena de gratitud, me quedé dormida.
Me desperté en mitad de la noche.
Encima de mi cabeza, más allá del tragaluz abierto, veía la luna, de un dorado vibrante, como el escudo de un joven guerrero asustado pero resuelto.

Qué silencioso parecía todo
qué elaboradamente silencioso
y en lo único que podía pensar ahí acostada
como si saltara de colina en colina
era en la expresión
‘En el movimiento está la bendición’

Una nube tapó la luna.
Resplandor negro.
Como un recién nacido que aún no ve, busqué a tientas mi diario y me quedé ahí tirada con él en las manos, esperando que la luna apareciera de nuevo y proyectara algo de luz.

El techo era una cuadrícula, surcada
por líneas descendentes, músculo
otra lengua
pero no la del lenguaje

Cruzando un remanso poco profundo…
Al volverme vi un caballo blanco sobre un campo verde y un caballo rojo sobre un campo blanco.
Incapaz de elegir, me tiré hacia atrás y floté, como una flor en un cuenco.
Las páginas de mi diario arrojaban una sombra burlona sobre la superficie en calma.
Me levanté.
El cielo estaba de un azul brillante, ininterrumpido.
Sabía qué caballo quería.
Lo sabía como si la punta de una burda lanza me hubiera atravesado.
No era una amazona experta pero tampoco era algo nuevo para mí.
Había un pedazo de arpillera atrapado en el matorral.
Lo extendí sobre el lomo del caballo y monté.
‘En el movimiento está la bendición’
Esa expresión, como un aire musical, me daba vueltas en el oído mientras cabalgábamos.
Sentía el viento en el cuello, al descubierto por donde me había rapado el pelo.
Alrededor todo era una red, por arriba y por debajo, y nos cercaba hasta que no pudimos avanzar más. Desmonté y seguí a pie.
sin paredes, sin planos.
Sólo una sucesión de pasillos ondulantes. (…) La red cayó, cargada de peces, perlas, la hoja incinerada…
Tuve una visión fugaz de mi caballo siendo conducido a un final brusco, oficial.
Prometi rendirle homenaje en una obra: algo insignificante, eterno.
Un dibujo blanco que representaba el aire abandonaba.
Tras la partida de las aves.
La blanca angustia fotografiada por Rimbaud cuando cruzó el túnel de San Gotardo.
La gasa sobre la que lloran los muertos.
Un dibujo blanco con que adornar la pared desnuda de un puesto de avanzada o del café desierto.”

-Patti Smith (de “Tejiendo Sueños”)

 

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