.enigma inmortal

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Escrita en tres momentos distintos, la denominada Carta a la amada inmortal es uno de los textos más conocidos de Beethoven.

Se encontró entre sus papeles después de su muerte. Junto a ella, un retrato que aún nadie supo identificar. Ni siquiera hay certeza acerca del año en que se redactó. Como en el “caso Mozart”, también se ha invertido una fortuna en tinta y algunos kilómetros de celuloide para resolver el misterio. En una última hipótesis cinematográfica más cercana al despropósito que a cualquier verosimilitud, se ha llegado a aventurar como candidata a su cuñada Johanna Beethoven, con la que mantuvo un penoso e interminable conflicto judicial por la custodia del hijo de ésta, su sobrino Karl.

El amor, en Beethoven, se vió siempre marcado por la imposibilidad de hacerse real más allá de la pasión del idilio o de un deseo inalcanzable. Y no sólo de manera unidireccional, también tenemos dolorosos testimonios de personas que le amaron sin ser correspondidas. Muchas podrían ser las razones: un pésimo carácter acentuado por la sordera, su entrega incondicional al arte, aspecto físico, clase social, destino… Pero resulta siempre demasiado fácil hablar sobre la soledad ajena. Dejemos que sean las propias cartas quienes nos muestren la otra cara de este aparente misántropo: un hombre solitario que, como tal, amó. Que fué y deseó ser amado. Entre sus amores también se encontraba la naturaleza y la humanidad entera. Y una incógnita.
6 de julio, por la mañana.
“Mi ángel, mi todo, mi yo:
Hoy sólo unas palabras escritas a lápiz (el tuyo). Lo de mi alojamiento no estará confirmado definitivamente hasta mañana, ¡qué manera más miserable de perder el tiempo! Pero, ¿por qué disgustarme si no hay remedio? ¿Es que nuestro amor sólo puede existir con sacrificio, con la imposibilidad de tenerlo todo, sin poder ser yo sólo tuyo y tú sólo mía? Contempla la belleza de la naturaleza y tranquiliza tu alma aceptando lo inevitable. El amor lo exige todo, y está en su derecho. Como yo lo exijo de tí !y tú de mi! Pero olvidas que yo tengo que vivir por mí y por tí; si estuviésemos juntos, ninguno de los dos padeceríamos este dolor.
¡El viaje ha sido terrible! No he llegado hasta las cuatro de la mañana. Como no había caballos, la posta ha seguido un camino distinto, un camino espantoso, por cierto. En la última parada me aconsejaron que no viajase de noche y, para asustarme, me estuvieron hablando sobre la travesía de un bosque, lo cual acució mi curiosidad. Fué un error, ya que el coche estuvo a punto de destrozarse en aquel camino terrible, un puro sendero repleto de hoyos. (…)
Tengo el corazón demasiado lleno para continuar. Hay momentos en que las palabras resultan vanas; anímate, continúa siendo mi confidente, mi único tesoro, mi todo, como yo lo soy para ti. El resto lo decidirán los dioses, lo que debe ser y lo que será de nosotros…”
-Tu Fiel Ludwig
6 de julio, por la tarde.
“Sufres, mi ser más querido. Me acabo de dar cuenta de que las cartas deben enviarse los lunes y jueves por la mañana temprano, que es cuando sale el correo para K. Sufres. Donde yo esté, tú estarás conmigo, y haré lo posible para que vivamos juntos. ¡Qué vida! ¡Vivir así! Sin ti, perseguido continuamente por la bondad de los hombres, la cual ambiciono tan poco como, por otra parte, creo merecer. La humildad del hombre ante el hombre me angustia cuando me considero en relación con el universo, viendo lo que soy ante el que llamamos el Más Grande , que, además, es el elemento divino del ser divino. Me dan ganas de llorar cuando pienso que, seguramente, no recibirás mis primeras noticias hasta el sábado. Por grande que sea tu amor hacia mí, yo te amo aún más. No te escondas nunca de mí. Buenas noches. Como buen paciente de balneario, tengo que irme a dormir. ¡Oh Dios! ¡Tan cerca y tan lejos! Hemos construido nuestro amor en el aire, pero es tan sólido como la bóveda celestial.
Buenos días, el 7 de julio
“Ya desde la cama se dirigen mis pensamientos hacia ti, mi amada inmortal. Unas veces alegres, otras tristes, esperando que el destino nos sea favorable. Prefiero no vivir si no es junto a tí, y estoy dispuesto a vagar sin rumbo hasta el día en que pueda volar hacia tus brazos, mi verdadera patria. Porque junto a tí podré hundir mi alma en el reino de los espíritus, en tu abrazo. Así tiene que ser. Te consolará la certeza de mi fidelidad. Nadie podrá ocupar jamás mi corazón. Nunca. ¿Por qué hay que alejarse de alguien a quien se ama así? Por eso mi vida en Viena es tan miserable. Tu amor me ha hecho el más felíz y el más desgraciado de los hombres. Nuestra relación me impide disfrutar de esa vida serena, de ese sosiego tan importante a mi edad. Ángel mío, al fin me he enterado de que el correo sale a diario y tengo que acabar para que recibas esta carta lo antes posible. Serénate, solamente con una profunda reflexión sobre nuestra existencia alcanzaremos nuestro propósito: compartir nuestras vidas. Tranquilízate-ámame-hoy-ayer-¡Qué doloroso anhelo! Por tí-tú-tú-mi vida- mi todo-adiós.
Ámame siempre. No olvides jamás el fiel corazón,
-De tu amado L.
Siempre tuyo
Siempre mía
Siempre nuestros…”
Ciertas biografías o ediciones de cartas zanjan la cuestión dando por sentada sin explicación alguna la identidad de la amada, lo cual no hace más que acrecentar la confusión. sobre todo porque no coinciden. La mayoría, sin embargo, se limita a apuntar diversas posibilidades respetando el halo de misterio que la envuelve. Éste es también nuestro criterio al mencionarlas:
Giulietta Giuccardi (1784-1856): Alumna de Beethoven hacia 1801. Beethoven hacia 1801. Beethoven también guardó su retrato hasta el fin de sus días. Le fué dedicada la famosa Sonata op. 27 núm. 2, “Claro de Luna”.
Amalie Sebald (1787-1846): Cantante berlinesa. Tuvo un idilio con Beethoven en el balneario de Tepliz entre 1811 y 1812.
Therese Malfatti (1792-1851): Hija de Giovanni Malfatti, médico y amigo del compositor. Poseyó la partitura autógrafa de la popular obra para piano titulada Para Elisa.
Bettina Brentano (1785-1859): Cuñada de Bettina. Vivió en Viena entre 1809 y 1812. Siguiendo con las relaciones de parentesco, ambas son tías del filósofo Franz Brentano (1838-1817), pionero de la psicología descriptiva.
Therese Brunswick (1775-1861): Fué alumna de Beethoven alrededor de 1880. Éste le dedicó la sonta op. 78. llama “A Teresa”. Su rostro es el que guarda más similitus con el del retrato que se hallaba junto a la carta.
La famosa entrevista entre los dos genios se produjo en el balneario de Tepliz en 1812 y terminó de un modo algo menos dulce que las celebradas con Amalie: al cruzarse con la familia imperial austríaca, mientras Goethe se hundía en una abismal reverencia, Beethoven se alejaba echando pestes. A pesar de ello, siempre manifestó su admiración literaria por el poeta, el cual fué más reticente en aceptar su música.
Josephine Brunswick (1779-1821): Hermana de la anterior. Mantuvo una íntima amistad con Beethoven entre los años 1804 y 1807.
De saberse con certeza la fecha, muchas dudas quedarían disipadas. Las hipótesis se polarizan en torno a 1801 y 1812. Según Barry Cooper, podría 1812 y Antonia Brentano la persona con más probabilidades. Pero elucubrar sobre la identidad de la amada inmortal, ejercicio de historia muy lícito, parece tener el mismo aroma de lo imposible que la anhelada unión expresada en la carta.
(Cartas escogidas de los grandes compositores)
-Compilado por Rafael Esteve Alemany, transcripto por Gabi

8 pensamientos en “.enigma inmortal

  1. “Mi Ángel, mi todo, mi yo”…
    Tan doliente como apasionado, tan sublime como trágico.
    Hay algo en Beethoven que me conmueve espiritualmente desde siempre,
    desde que con doce años comencé a escuchar sus sinfonías y sonatas.
    Supongo Mariposa, que una parte de mí se identificaba con él…

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