.las cartas más apasionadas del mundo-Desesperanzadas III

 .las cartas más apasionadas del mundo-Desesperanzadas III

Sublime obsesión…
¿Melancolía? ¿Leve desesperanza? Lo que es seguro es que Renata extrañaba a Boris Pasternak y que sentía que el invierno se cernía sobre ella… Y, también, el silencio de él:

Renata a Boris Pasternak
Berlín, domingo, 19 de abril de 1959
“Hoy tengo que escribirte. Aunque no puedo abarcar y formular todo lo que ya ha ido hacia ti en conversaciones imaginarias. Era en los momentos cuando la música traía un profundo movimiento dentro de mi alma y como un sentimiento de pena. Pero la esperanza de que vas a tener en tus manos esta carta, me obliga a vencer la flaqueza. Qué diferente era todo el año pasado, hasta el otoño. Yo vivía, y tú estabas perceptible, cercano. ¿Qué significaba la distancia? Nada. ¿Y ahora? El invierno, los acontecimientos, el silencio… todo esto me ha dejado como paralizada. Ignoro si esto no será mi irupción en tu de nuevo conquistada tranquilidad, peligrosa e indeseable.
Acabo de leer tu libro ‘Acerca de uno mismo’, que me ha enviado el Doctor Fisher. Hay en él mucho sufrimiento oculto. Suficiente para una entera y larga vida. Las dos poesías de Rilke que has traducido en él, parece como si estuvieran escogidas para mí, para el momento actual. Me hace falta esta verdad, que viene como de tus manos:
Si alzo la vista del libro
y me pongo a mirar por la ventana,
qué cerca estará todo, qué al lado
posible y emparentado al corazón.
Y de Contemplación:
Qué menudas nuestras discusiones con la vida,
qué grande es aquello que está en contra nuestra…
Y el final:
Él espera que empiece lo más alto
y cada vez vencía con más frecuencia
para crecerle en respuesta.
Parece a veces imposible en lo diario distanciar este conocimiento ya vivido.
Tu última tarjeta estaba fechada el 5 de diciembre del año pasado. Estamos en abril, que ya finaliza. Durante este tiempo me he mudado de casa. No he recuperado la alegría. Sólo cuando tengo la posibilidad de encontrarme unos pocos minutos sola y sin estorbos, encuentro la compensación al dirigir la mirada sobre los árboles del parque y del pequeño Estanque que brilla al encuentro de mis ojos.
A veces, oigo incluso la llamada del cisne o el grito de los patos salvajes. Hemos tenido una magnifica y tibia primavera, con una gigantesca cantidad de flores. ¿Y la alegría? ¡Ay, Boris! Me parece que me estoy haciendo vieja.
No realizaré nada de lo que he pensado, de lo que debo y puedo hacer.
Te envío ‘mi hijo menor’, y me gustaría que te dijera algo. Sobre todo el comienzo del tercer acto (…).
Si puedes, te ruego me escribas algo sobre esto. Pero ¡por Dios! No te esfuerces por mi, no merece la pena. Salvo si te resulta agradable. Tal vez me gustaría aprovechar en los programas algo de tu opinión sobre la obra, si no tiene incoveniente. Para mí tendría un significado simbólico debutar ante el público con Elíxir bajo tu guía. ¡Ay si pudieras venir! No puedo desprenderme de mi fe en el milagro, y no me puedo quitar la idea de pasar parte de mis vacaciones de agosto en Moscú. Si existiese la posibilidad de verte, aunque fuera un segundo…
¡Cómo envidio a nuestro pequeño ‘ángel’ que entregará esto en tus manos. Si no la tuviéramos… En esto también veo la voluntad del cielo, que no desea nuestro exterminio…”

-Selección de Alicia Misrahi

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