.carta de Jerusha Abbott al señor “Papaíto-Piernas-Largas Smith”, 26

daddy_long_legs_by_muttiy-d49krrx

“9 de enero
¿Quiere hacer algo bueno, Papaíto, algo que le asegure la salvación eterna? Hay aquí una familia

que está en situación muy crítica, diría desesperada. Un padre y una madre con cuatro hijos visibles (los dos mayores se han ido por el mundo a hacer fortuna y no han mandado nada de esa fortuna a sus padres).
El padre trabajaba en una fábrica de vidrio y se enfermó de tuberculosis (ya sabe que se trata de un trabajo muy malsano), y ahora está internado en un hospital. La enfermedad terminó con todos sus ahorros y el mantenimiento de la familia ha caído sobre los hombros de la hija mayor, que no tiene más que veinticuatro años. Trabaja de modista a un dólar con cincuenta por día.,, cuando consigue trabajo. La madre es débil y extremadamente inútil aunque muy piadosa, eso sí, de modo que se sienta en brazos cruzados como la viva imagen de la resignación y la paciencia mientras la hija se mata de trabajo, responsabilidad y preocupaciones, ya que la pobre no ve cómo han de pasar el próximo invierno. Y yo tampoco lo veo… Cien dólares les proporcionarían carbón para el invierno y zapatos para los chicos, dándoles un pequeño margen como para que la muchacha no se muera de angustia al ver que pasan los días sin que le sea posible
conseguir trabajo.
Usted es el hombre más rico que conozco. ¿Le parece que podría disponer de esos cien dólares?
Esa muchacha los necesita y merece una ayuda… mucho más que lo que yo necesité nunca. Le aseguro que no se lo pediría si no fuera por ella. No me importa mucho lo que pueda pasarle a la madre, que es tan poca cosa. Me pone fuera de mí el modo como cierta gente se la pasa levantando los ojos al cielo y diciendo: “Quizá sea todo para bien”, cuando tienen la certeza de que no lo es. Creo que la humildad y la resignación no son más que inercia impotente. Por mi parte, estoy a favor de una religión más militante.
En filosofía nos dan lecciones terribles. Para mañana tenemos que estudiar todo Schopenhauer. El profesor parece no darse cuenta de que tenemos otras materias que estudiar. Es un tipo rarísimo: anda con la cabeza en las nubes y cuando toca tierra pestañea como azorado. El pobre trata de aligerar sus clases con algunos chistecitos. Hacemos lo posible por sonreír, pero le aseguro, Papaíto, que sus chistes no son
asunto de risa. Todo el tiempo que le queda entre una clase y otra lo pasa tratando de entender si la materia existe o si sólo cree él que existe. Estoy segura de que a mi pequeña costurerita no le cabe la menor duda de que sí existe…
¿Dónde cree usted que está mi nueva novela? En el canasto de los papeles. Yo misma me doy cuenta de que no sirve para nada, y cuando un autor amante se da cuenta de eso, ¡no quiero ni pensar lo que sería el juicio de un público severo y crítico!”

“Más tarde

Le escribo, Papaíto, desde mi lecho de dolor. Estoy con amigdalitis desde hace dos días y no puedo tragar otra cosa que leche caliente, “¿En qué estaban pensando sus padres que no le hicieron sacar esas amígdalas cuando era chiquita?”, preguntó el médico. En realidad, no tengo la más mínima idea de lo que estaban pensando, pero con seguridad que no pensaban en mí.
Suya,
J.A.”
“A la mañana siguiente
Acabo de releer esta carta antes de despacharla. No sé por qué profundizo tanto sobre la vida. Le aseguro, Papaíto, que soy joven y estoy llena de ánimo y felicidad. Espero que usted se sienta igual. La juventud no tiene nada que ver con los años cumplidos; de modo, Papaíto, que aunque peine usted canas, si su espíritu está vivo, puede todavía ser un muchacho.
Afectuosamente,
Judy”
“12 de enero
Querido señor filántropo:
Ayer llegó su cheque para mi familia de protegidos necesitados. ¡Un millón de gracias! Resolví faltar al gimnasio y llevárselo en seguida después de almorzar… ¡Había que ver la cara de la chica!
De la sorpresa y alegría, casi parecía joven… ¡Y no tiene más que veinticuatro años! ¿No le parece lastimoso?
La pobre se siente ahora como si todas las cosas buenas hubieran ocurrido a la vez: tiene trabajo seguro para dos meses (alguien se casa y hay un ajuar de novia que hacer). —¡Gracias sean dadas al Señor!—exclamó la madre cuando por fin entendió que aquel papelito equivalía a la suma de cien dólares.
—No fue el Señor, sino Papaíto-Piernas-Largas (el señor Smith fue el nombre con que lo llamé).
—Pero fue el Señor el que le dio la idea —me respondió.
—No, la idea se la di yo—le repliqué.
Sea como fuere, Papaíto, espero que el Señor le recompense adecuadamente. Merece usted diez mil años de exención del purgatorio.
Suya, muy agradecida,
Judy Abbott”
“Con el favor de Su más Graciosa Majestad:

Esta mañana desayuné con pavo frío y un pastel de ganso y me mandé servir una taza de té (bebida de la China) que nunca había probado hasta ahora.

No se ponga nervioso, Papaíto, no es que haya perdido la razón. Sólo estoy citando a Samuel Pepys, cuyo Diario leemos como ilustración a la clase de historia de Inglaterra y en nuestro estudio de las fuentes originales. Sallie, Julia y yo hablamos ahora en la lengua de 1660. Escuche esto, por favor: “Me llegué hasta Charing Cross para ver ejecutar al mayor Harrison y luego presenciar cómo era descuartizado. El pobre estuvo tan alegre como se puede esperar en semejante circunstancia.”
Y esto otro: “Cené anoche con mi señora X…, que vestía elegante traje de luto por su hermano que murió anteayer de escarlatina.”
Parece un poco prematuro para empezar a recibir, ¿no es cierto? A un amigo de Pepys se le ocurrió un método muy ingenioso para que el rey pudiera pagar sus deudas: vender a los pobres, a bajo precio, provisiones en mal estado de conservación. ¿Qué opina usted de esto, señor Reformador? No creo que seamos en la actualidad tan malos como nos pintan los periódicos.
En cuanto a la ropa, Pepys se enloquecía por ella tanto como cualquier chica de quince años.
Gastaba en su indumentaria cinco veces más que su mujer.,. Aquélla parece haber sido la Edad de Oro de los maridos. Vea usted este otro asiento de su Diario (no se puede negar que, por lo menos, decía la verdad desnuda y completa):
“Hoy me enviaron a casa mi nuevo gabán con botones dorados, que salió carísimo. ¡Ruego a Dios que me dé los me dios para pagarlo!”
¿No le parece conmovedor?
Perdóneme por estar tan obsesionada con Pepys, pero es que estoy preparando un trabajo sobre él.
Hablando de otra cosa, la Asociación de Autogobierno del colegio ha abolido la reglamentación que obligaba a apagar todas las luces a las diez de la noche. Podemos tener luz encendida toda la noche, si queremos, con la única condición de no molestar a los demás ni de invitar a demasiadas amigas al cuarto.
El resultado que se observa constituye un muy elocuente comentario sobre la condición humana: ahora que podemos quedarnos levantadas todo lo que deseemos, ya no lo deseamos, A las nueve empezamos a cabecear y a las nueve y media se nos cae la pluma de las manos. Ahora son las nueve y media.., ¡Buenas noches, Papaíto!”
“Domingo
Acabo de volver de la iglesia. El predicador procedía hoy de Georgia. Nos dijo que debemos desarrollar nuestro intelecto a expensas de nuestras emociones. “Me pareció un sermón árido y estúpido” (y cito de nuevo a Pepys). Lo cierto es que siempre nos dan el mismo sermón, de cualquier parte de los Estados Unidos o del Canadá que venga el predicador y cualquiera sea la secta a que pertenezca.
Hace un día precioso y, no bien terminemos de almorzar, Sallie, Martha Pratt y Leonor Keane (amigas mías que usted no conoce) y yo iremos caminando hasta la granja Manantial de cristal, donde nos haremos preparar una riquísima comida de pollo frito y barquillos con miel. Después, el señor Manantial de Cristal nos traerá de regreso al colegio en el sulky. Los reglamentos dicen que debemos estar dentro de la universidad a las siete, pero, como excepción, estiraremos la hora un chiquitito… hasta las ocho -Adiós,
bondadoso señor.
Tengo el honor de ser de usted su servidora más leal, respetuosa, fiel y obediente.
J. Abbott”
“Queridísimo señor Síndico:
Mañana es el primer miércoles del mes, día aciago para los miembros del asilo John Grier. ¡Qué alivio van a sentir cuando lleguen las cinco, les acaricien ustedes la cabeza y se manden a mudar a sus casas! Acláreme, por favor, una cosa que me preocupa: ¿me acarició usted alguna vez en la cabeza, Papaíto? Creo que no, porque mi recuerdo se refiere exclusivamente a síndicos gordos, pero igual quisiera estar segura. Déle usted de mi parte muchos cariños al asilo… Así como suena: ¡cariños! Eso es lo que siento ahora a través de la bruma de los años: ¡verdadero amor! Cuando vine a la universidad, estaba muy resentida por haber sido estafada de la niñez normal que habían tenido todas las demás chicas. Pero ahora, a cuatro años de distancia, no pienso más así sino que tengo un verdadero sentimiento de ternura. Además, considero todo aquello como una aventura excepcional, que me da una especie de posición ventajosa desde la cual puedo mantenerme apartada para mirar la vida. Al aparecer en el mundo ya crecida, obtengo
una perspectiva que les es imposible lograr a los demás, criados en ese mundo, al que pertenecen como partes integrantes.
Conozco a muchas chicas (Julia, por ejemplo) que no saben que son felices. Están tan
acostumbradas a no carecer de nada, que se les embota la sensibilidad y no saben valorar semejante privilegio. ¡Yo, en cambio! Cada minuto de mi vida soy perfectamente consciente de ser feliz. Y seguiré siéndolo, sean cuantas fueren las cosas desagradables que puedan acontecerme. Yo las voy a considerar como experiencias interesantes. Hasta los dolores de muelas. Y me alegraré de haber probado cómo eran.
Sin embargo, Papaíto, no vaya a tomar demasiado al pie de la letra este cariño nuevo que siento por el A. J. G.
Si llego a tener cinco hijos, como Rousseau, le aseguro que no los voy a dejar en ningún umbral de asilo para que los críen con sencillez.
Déle usted mis recuerdos amables (eso me parece lo justo, ya que “cariños” sería demasiado) a la señora Lippett y no se olvide de explicarle que se ha ido desarrollando en mí un hermoso carácter.
Afectuosamente,
Judy”
-J e a n W e b s t e r, “P a p a í t o p i e r n a s l a r g a s”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s