.carta de Jerusha Abbott al señor “Papaíto-Piernas-Largas Smith”, 27

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“Los Sauces, 4 de abril
Querido Papaíto:

¿Se fijó en la dirección? Es que Sallie y yo estamos embelleciendo Los Sauces con nuestra
presencia durante las vacaciones de Pascua. Resolvimos que era lo mejor que podíamos hacer en nuestros diez días: venir a descansar a este lugar tranquilo. Teníamos los nervios destrozados a tal punto, que ya no nos era posible soportar una comida más en Fergussen. Comer en un salón con cuatrocientas chicas es una prueba dura cuando uno está agotado. Es tal el ruido, que no se puede oír ni a la chica que habla enfrente de uno, a menos que ahueque las manos como un megáfono. ¡Palabra de honor, Papaíto!
Aquí en Los Sauces, Sallie y yo vagabundeamos por las colinas y nos sentamos a leer o escribir y lo pasamos muy bien mientras descansamos del bullicio. Esta mañana nos trepamos al tope de la Colina del Cielo, donde el niño Jervie y yo cocinamos una noche. ¡Parece imposible que haga de eso ya dos años!
Todavía se ve el sitio ennegrecido de la roca donde hicimos fuego… Es gracioso cómo algunos sitios quedan asociados en nuestra mente con ciertas personas y no se puede volver a visitarlos sin pensar en ellas. Durante unos dos minutos, más o menos, me sentí completamente nostálgica del niño Jervie.
¿Y cuál cree usted que es mi última actividad, Papaíto? Va a decir que soy incorregible. ¡Estoy escribiendo un libro! Lo empecé hace tres semanas y lo estoy despachando con suma velocidad, pues ya he descubierto el secreto. El niño Jervie y el editor aquel tenían razón. Convence uno mucho más cuando escribe acerca de cosas que sabe. Y esta vez estoy escribiendo de algo que por cierto conozco no sólo bien sino en forma exhaustiva: el asilo John Grier. ¡Y está saliendo bueno, Papaíto, se lo aseguro! Todo sobre las pequeñas cosas que sucedían allí a diario. Ahora me he dedicado al realismo, abandonando, por supuesto, el romanticismo. Pero se trata de un abandono temporal. Ya volveré a él cuando comience mi porvenir aventurero.
Verá que este nuevo libro se terminará y será publicado. Si uno desea algo con fervor y sigue empeñándose en lograrlo, al final lo consigue. Hace cuatro años que estoy tratando de conseguir que usted me escriba una carta y todavía no he renunciado a la esperanza.
 Adiós, Papaíto querido.
Afectuosamente,
Judy
P. D. Me olvidaba las noticias de la granja, pero son muy tristes. Saltee esta posdata si no quiere destrozar su sensibilidad.
Murió el pobre Grover. Se puso tan viejo que no podía ya ni masticar y tuvieron que pegarle un tiro. La semana pasada, una comadreja —o quizás una rata—mató a cinco pollos.
Una de las vacas está enferma y tuvimos que llamar al veterinario del pueblo, quien recetó aceite de linaza y whisky, Amasai se quedó levantado toda la noche para cuidarla y abrigamos serias sospechas de que la pobre vaca enferma no tomó nada más que aceite de linaza.
Ha desaparecido Tommy, el gato manchado, y sospechamos que cayó en una trampera.
Realmente, son muchas las aflicciones de este mundo.”
“17 de mayo
Querido Papaíto-Piernas-Largas:
Ésta será muy breve porque me duele el hombro de sólo ver una pluma. Apuntes todo el día…
Novela inmortal por la noche… Es de veras mucho escribir.
Faltan tres semanas para la fiesta de fin de año (esta vez con colación de grados). Creo que debería usted venir a conocerme en esta solemne ocasión y le aseguro que lo voy a odiar si no lo hace.
Julia invitó al niño Jervie, ya que es de su familia; Sallie invitó a su hermano Jimmie, y…
¿a quién puedo invitar yo? Sólo a usted y a la señora Lippett. Y a ella no la quiero conmigo ese día* ¡Por favor, venga usted!
Suya, con muchos cariños y sufriendo el “calambre de los escritores”,
Judy”
“Los Sauces, 19 de junio
Querido Papaíto-Piernas-Largas:
Mi educación ha terminado. Tengo el diploma en el fondo del baúl, junto con mis dos mejores trajes (que aquí no me pondré nunca). La fiesta de fin de año fue como de costumbre, sin que faltase uno que otro chaparrón en los momentos cruciales. Muchas
gracias por sus pimpollos; eran preciosos. El niño Jervie y el “niño Jimmie” también me mandaron rosas, pero las dejé en la bañera y en el desfile de mi clase llevé las que usted me envió.
Y aquí estoy, en Los Sauces por todo el verano… Tal vez para siempre, ya que la pensión es barata y los alrededores tranquilos son propicios para la vida literaria. ¿Qué más puede desear un escritor incipiente que lucha por abrirse camino? Estoy loca con mi libro. Pienso en él todo el día y luego sueño con él toda la noche. Lo único que deseo en el mundo es paz y tranquilidad para trabajar, además de tiempo, naturalmente, y de comidas bien nutritivas.
El niño Jervie vendrá a pasar una semana en agosto y Jimmie también caerá por aquí en algún momento del verano. Se ha metido en una firma de bonos comerciales y recorre el país vendiendo acciones a los bancos. Piensa combinar la Convención de los Granjeros con Los Sauces en un mismo viaje, para ganar tiempo.
 Como ve, no le faltará a Los Sauces su parte de sociabilidad. Lo natural sería esperar que viniera usted también cuando anduviera en sus correrías por el país en auto… Pero ya sé que no debo abrigar esperanzas. Ya que fue usted capaz de faltar a mi colación de grados, lo he arrancado de mi corazón y lo enterré para siempre.
Licenciada Judy Abbott”
“24 de julio
Queridísimo Papaíto-Piernas-Largas:
¿No es cierto que es muy divertido trabajar? O quizá no lo haya hecho usted nunca y no sepa. Y es más divertido aún, claro, cuando ese trabajo es precisamente aquello que usted prefiere hacer en el mundo.
Me he pasado el verano escribiendo, con toda la rapidez con que me llevaba la pluma, y lo único que tengo que reprocharle a la vida es que el día no sea bastante largo como para que me alcance para escribir todos los pensamientos bellos, valiosos y entretenidos que se me ocurren.
Ayer terminé el segundo borrador y mañana a las siete y media voy a empezar el tercero. Es el libro más precioso que haya visto. De veras, Papaíto, me es imposible pensar en otra cosa. Apenas si puedo contener mi impaciencia por las mañanas, mientras me visto y me desayuno para comenzar. Y entonces me pongo a trabajar y escribo, escribo y escribo, hasta que de pronto estoy tan cansada que me siento languidecer. Salgo entonces a corretear por el campo, acompañada de Colín (el nuevo perro ovejero) y voy
juntando nuevas ideas para el trabajo del día siguiente. Es el libro más hermoso que usted haya visto..* ¡Oh, perdón, me parece que eso ya se lo dije antes! ¿Verdad que no me cree usted vanidosa, Papaíto?
En realidad no lo soy, sólo que estoy ahora en la etapa del entusiasmo. Después tal vez me ataque el espíritu crítico y me ponga difícil y despreciativa. Aunque, en realidad, no lo creo. ¡Esta vez he escrito un libro verdadero! Espere hasta que pueda leerlo.
Por espacio de un minuto voy a tratar de hablar de otra cosa. Creo que nunca le conté que en el mes de mayo pasado se casaron Amasai y Carrie. Siguen ambos trabajando aquí y, por lo que puede verse, el matrimonio los ha echado a perder por completo. Antes
Carrie se reía cuando él ensuciaba los pisos con sus botas llenas de barro o cuando tiraba cenizas en el suelo. Pero ahora… ¡tendría que oírla protestar! Y ya no se riza más el pelo… En cuanto a Amasai, solía ser muy comedido y cortés cuando se trataba de sacudir
alfombras o de alcanzar leña. Ahora gruñe en cuanto se le sugiere algo semejante. Antes se ponía corbatas rojas o violetas; ahora todas son de color oscuro… He resuelto no casarme nunca, pues encuentro que el matrimonio es un proceso que produce gran deterioro en el ser humano.
No tengo muchas noticias de la granja. Los animales gozan todos de perfecta salud. Los cerdos están más gordos que nunca, las vacas parecen contentas y las gallinas ponen muy bien. ¿Le interesa la cría de gallinas? En ese caso, permítame recomendarle una pequeña obrita de valor incalculable: Doscientos huevos por gallina, por año. Pienso comprar una incubadora la primavera próxima y empezar a criar parrilleros. Como ve, estoy definitivamente instalada en Los Sauces. Decidí quedarme aquí hasta que
escriba ciento catorce novelas como aquel escritor francés cuyo nombre ahora no recuerdo. Sólo entonces habré terminado el trabajo de mi vida y podré jubilarme… ¡y viajar! El señor James McBride pasó con nosotros el domingo último. Comimos pollo frito y helados y ambas cosas parecieron gustarle muchísimo.
Tuve verdadero gusto en verlo y me recordó que el mundo existe fuera de Los Sauces. Al pobre Jimmie parece no irle muy bien con la venta de bonos. La Convención de Granjeros no quiso saber nada, pese a que pagan el seis por ciento de interés y en ocasiones hasta siete. Creo que acabará por regresar a Worcester y trabajar en la fábrica del padre. Es demasiado confiado, generoso y franco para llegar a ser nunca un financista de éxito. Pero ser gerente de una próspera fábrica de overoles no es ninguna posición despreciable, ¿no? Por ahora, él frunce la nariz cuando se los nombran, pero yo creo que al final tendrá que ir a parar a ellos.
Espero que valore usted debidamente el mérito que significa recibir una larga carta de una persona que sufre el típico calambre de los escritores. Pero es que lo quiero mucho, Papaíto, y soy muy feliz aquí gracias a usted; no crea que lo olvido. Rodeada de paisajes hermosos, con comida en abundancia, una comodísima cama de cuatro pilares, una resma de papel en blanco y medio litro de tinta,.. ¿qué más se puede ambicionar en el mundo?
 Suya, como siempre,
Judy”
“27 de agosto
Querido Papaíto-Piernas-Largas:
Me pregunto dónde está usted en este momento.
Nunca puedo ubicarlo en el mundo en un momento determinado, pero tengo esperanzas de que no esté en Nueva York con estos calores espantosos. Espero que se encuentre en la cima de una montaña (aunque no en Suiza sino en algún lugar más cercano), mirando la nieve y pensando en mí. Me siento muy sola, Papaíto, y necesito que alguien piense en mi humilde persona. ¡Ojalá nos conociéramos! Así, cuando uno de los dos se sintiera desdichado, el otro podría consolarlo y devolverle la alegría.
Me parece que no voy a aguantar mucho tiempo más en Los Sauces. Ya estoy pensando en mudarme. Sallie piensa hacer obra social en Boston en invierno próximo. ¿No le parece que sería fantástico que yo fuera con ella y alquiláramos juntas un departamento? Yo podría escribir mientras Sallie “socializa”, y tendríamos la noche para estar juntas. Las noches son muy largas cuando no hay nadie con quien conversar salvo la señora Semple, Carrie y Amasai. Sé de antemano que no le va a gustar nada la idea del
departamentito y, desde ya, ve o la nota que me va a enviar su secretario: “Señorita Jerusha Abbott “Muy señora mía: “El señor Smith prefiere que permanezca usted en Los Sauces. “De usted, sinceramente, Elmer H. Griggs.”
Odio a su secretario. Tengo la seguridad de que un hombre llamado Elmer H. Griggs tiene que ser horrendo.
Sinceramente, Papaíto, creo que tendré que irme a Boston. No me puedo quedar más aquí. Si no pasa algo pronto, soy capaz de arrojarme al pozo del silo de puro desesperada.
¡Y hace un calor! El pasto se ha quemado todo, los arroyos están completamente secos y los caminos son una polvareda total. Hace muchas semanas que no llueve.
Esta carta da la sensación de que yo padeciera de hidrofobia, pero no es eso lo que me pasa, sino que necesito… una familia.
Adiós, Papaíto querido. Ojalá lo conociera.
Judy”
“Los Sauces, 19 de septiembre
Querido Papaíto:
Ha pasado algo y necesito su consejo. Y necesito que ese consejo me lo dé usted y nadie más que usted.
Es mucho más fácil hablar que escribir. Además, siempre creo que su secretario lee mis cartas.
Judy

 

P. D. Soy muy desgraciada.”

“Los Sauces, 3 de octubre
Querido Papaíto-Piernas-Largas:
Esta mañana me llegó su notita, escrita por su propia mano (y una mano bastante temblorosa).
¡Cuánto siento que haya estado enfermo! De haberlo sabido, no lo habría molestado con mis asuntos privados. Sí, naturalmente que le contaré de qué se trata. Pero es un asunto complicado… y muy reservado.
Por favor, no conserve usted esta carta. ¡Quémela!
Antes de empezar, aquí va un cheque de mil dólares. Parece raro que yo le envíe dinero a usted, ¿verdad? ¿De dónde cree que he sacado esa suma? Pues he vendido mi libro, Papaíto. Lo van a publicar en una serie de siete partes y luego, en forma de libro. Usted creerá que estoy loca de alegría, pero no es así. El asunto me ha dejado completamente apática. De lo que realmente me alegro es de poder empezar a pagarle. Todavía le debo como otros dos mil… Ya llegarán, a plazos. Por favor, no se ponga pesado y no trate de rehusarlos, porque me hace muy feliz devolverle esos importes. En realidad le debo mucho más que dinero, y eso seguiré pagándoselo toda mi vida con gratitud y cariño.
Y ahora, Papaíto… al otro asunto. Por favor, déme usted el consejo que crea más eficaz, le parezca o no que me vaya a gustar.
Usted sabe muy bien que siempre tuve un sentimiento muy especial para con usted, ya que representaba para mí toda mi familia, pero… ¿verdad que no le va a importar si le digo que tengo un sentimiento mucho más especial para con otro hombre? No le dará mucho trabajo adivinar de quién se trata. Me parece que hace bastante tiempo que mis cartas están llenas del niño Jervie.
Ojalá pudiera hacerle comprender a usted cómo es, y lo buen compañero que es para mí.
Pensamos igual sobre casi todas las cosas… Aunque sospecho que yo tengo tendencia a rehacer mis ideas para que concuerden con las suyas. Pero es que siempre tiene razón en lo que piensa, y así corresponde que sea, ya que me lleva catorce años de ventaja. En ciertas cosas, sin embargo, no es más que un muchachote grande y necesita que lo cuiden. No tiene la menor precaución respecto de su salud, por ejemplo, y siempre hay que estar recomendándole que se ponga las galochas cuando llueve… En cuanto al
sentido del humor, coincidimos de un modo asombroso. Siempre nos parecen graciosas exactamente las mismas cosas. ¡Y eso tiene tanta importancia en la vida! Es horrible cuando dos personas discrepan en su sentido humorístico. No creo que sea posible salvar semejante abismo entre dos seres.
Además, es. .. Bueno, es sólo él; con eso queda todo dicho, y lo extraño como loca. Mucho más de lo que puedo expresarle. Parece como si todo el mundo estuviera vacío y doliente. Odio la luz de la luna porque él no está conmigo para que la admiremos juntos. Tal vez no necesito explicarle nada, ya que probablemente usted también ha estado enamorado alguna vez y sabrá todo lo que uno siente. Si es así, no necesito explicárselo. Si nunca estuvo enamorado, de nada vale que se lo explique.
Así son en verdad las cosas. Y sin embargo, me negué a casarme con él.
No le quise decir por qué me negaba. Sólo me quedé sentada y muda, sintiéndome muy
desdichada, y él se marchó creyendo que me quiero casar con Jimmie McBride, cosa que jamás se me ocurriría. Jimmie ni siquiera terminó de crecer… Después, el niño Jervie y yo nos hundimos en un mar de desentendidos, lastimándonos recíprocamente los sentimientos más hondos. A usted sí puedo decirle por qué lo rechacé: no por no quererlo bastante, sino por quererlo demasiado. Tuve miedo de que más adelante
fuera a lamentarlo… y eso no lo podría soportar. No me pareció bien que una persona con mi falta de antecedentes familiares se una a una familia como la suya, ¡que tiene tantos! Nunca le dije nada a él acerca del asilo de huérfanos y me pareció detestable tener que explicarle que ni siquiera sé quién soy. Mi origen puede ser espantoso, y su familia tiene mucho orgullo. Sin contar con que el mío es también muy considerable.
Otro inconveniente es que me siento en cierto modo atada a usted.
Después de haberme educado para que sea escritora, lo menos que puedo hacer es tratar de serlo; no sería justo haber aceptado la educación que usted me brindó y luego mandarme a mudar sin utilizarla. Por más que, ahora que empecé a estar en condiciones de devolverle ese dinero invertido, me siento como si ya hubiera pagado en parte esa
deuda. Además, supongo que podría continuar escribiendo si me casara… Las dos  profesiones no son forzosamente excluyentes.
Me vuelvo loca pensando en estas cosas. Es ciert o que él es socialista y tiene ideas poco
convencionales; es posible que no le importe tanto como a otros hombres casarse con un miembro del proletariado. Quizá cuando dos personas están en perfecto acuerdo, siempre felices cuando se encuentran juntos y tristes cuando se separan, no deberían dejar que nada en el mundo pudiera apartarlos. Por supuesto, eso es lo que yo quiero creer. ¿Pero es correcto este pensamiento? Todas estas ideas encontradas me están trastornando. Por eso deseo su opinión desapasionada. Es lo más probable que
usted pertenezca a una familia igual a la de él y va a saber mirar este asunto desde un punto de vista mundano y no solamente desde el ángulo humano y de la comprensión de los sentimientos ajenos. En realidad, soy muy valiente al exponerle a usted el asunto para que lo solucione, siendo que puede resolverlo en mi contra.
Supongamos que voy y le explico que la dificultad no es en modo alguno Jimmie, sino el asilo John Grier. ¿Le parece que eso estaría bien o no? Sé que se necesitaría para ello mucho coraje… Tanto, que casi preferiría seguir siendo desdichada por el resto de mi vida.
Hace ya dos meses que sucedió todo esto. Y no he vuelto a recibir una sola palabra después de que él estuvo aquí. Ya me estaba aclimatando a vivir con el corazón destrozado, cuando una carta de Julia vino a desbaratar de nuevo todo mi estoicismo. Me dice, como al pasar, que a “tío Jervis” lo sorprendió una tormenta mientras cazaba en el Canadá y que se quedó afuera toda la noche, pescándose una pulmonía que todavía lo tiene mal. ¡Y yo sin saberlo! ¡Sintiéndome resentida con él por haberse esfumado así, sin una palabra! Estoy segura de que sufre y se siente desdichado. Por mi parte, estoy segura de que yo también lo estoy.
¿Que cree usted que es lo mejor que debo y puedo hacer?
Judy”
-J e a n W e b s t e r, “P a p a í t o p i e r n a s l a r g a s”

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