Mariposadel67

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“Noche de amor. Bajo la sombra cómplice:
La ingenua tentación.En la arboleda
El motivo de vida va pecando
Como un ensueño de precoz histeria,
Hay quemantes sudores en las pieles:
Sorda germinación en las arterias;
Protestas en las curvas no labradas
Y en tu pupila audaz, francas ofertas.
La idealidad se tiñe de rubores
Como un pálido lirio, de vergüenzas:
En los lechos abiertos y manchados
Se tiende la pasión. La noche arquea
Su gran complicidad sobre la falta;
El lirio de tu sexo se doblega,
Y señala tu carne temblorosa
El índice fatal de mis torpezas.
¡Oh la sed de mis labios, cuyos besos
Recargan la intención que nos rodea!
¡Oh el carmín de tus labios, cuyo orgullo
Palidece al fulgor de tus caderas!
Dame tu cuerpo. Mi perdón de macho
Velará la extinción de tu pureza,
Como un fauno potente y pensativo
Sobre el derrumbe de una estatua griega.”
-Horacio Quiroga

 

Horacio Quiroga pisó la selva misionera por primera vez en 1903 vestido de blanco y exasperó a los lugareños con sus conductas citadinas. El escritor uruguayo no tardó en reconocer las virtudes del paisaje y, en 1906, se asentó definitivamente en medio de la espesura, donde trabajaría la tierra y se haría un hogar. En sus 185 hectáreas sobre el río Paraná, pasó los días fabricando carbón, destilando vino de naranjas o cultivando yerba. En ese entorno, Quiroga aprendería a cultivar tanto la tierra como la palabra.

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