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Kevin A. Rausch©

 

Somos nuestros antepasados, somos nuestros hijos
No sé si recuerdas algo del tiempo que estuviste en el vientre de tu madre. Todospasamos allí unos nueve meses, lo cual es bastante tiempo.
Supongo que algunos pueden tener todavía algún recuerdo, alguna sensación.
¿Sonreímos o lloramos durante ese tiempo?
Creo que todos tuvimos la oportunidad de sonreír durante esa estancia de nueve meses.
Cuando somos felices, tenemos una tendencia natural a sonreír.
He visto a niños sonreír mientras duermen.
Debe de haber algo maravilloso en ellos para que sonrían de ese modo.
Creo que la mayoría seguimos recordando el tiempo que pasamos en el vientre materno. Tal vez tengamos solo la impresión de que estábamos en un paraíso completamente seguro y protegido donde no teníamos que preocuparnos de nada en absoluto.
Ahora hemos perdido el paraíso que había en las entrañas de nuestra madre.
En vietnamita, al útero se le llama tu cung, «el palacio del niño».
En ese palacio, nuestra madre comía por nosotros, bebía por nosotros y respiraba por nosotros.
¿Crees que en el vientre de tu madre soñabas de vez en cuando?
Todavía no habíamos visto el cielo ni los ríos del exterior. Pero en nuestros sueños podría haber algo.
Tal vez mientras nuestra madre soñaba, nosotros veíamos lo mismo que ella.
Si nuestra madre soñaba con algo que no era muy agradable y gritaba, puede ser que nosotros también gritáramos.
Si nuestra madre sonreía, tal vez también nosotros sonreíamos.
Nosotros y nuestra madre éramos algo así como una sola persona, no dos.
Entre nosotros y nuestra madre había un vínculo físico que era el cordón umbilical.
A través de él, nuestra madre canalizaba la comida, la bebida, el oxígeno, todo, incluido el amor.
Eso no significa que nuestro padre no nos canalizara nada durante ese tiempo.
Algunos tuvimos un padre que sabía que nosotros estábamos allí y sabía cuidar muy bien de nuestra madre para que ella pudiera a su vez cuidar de nosotros.
Algunos tuvimos un padre que hablaba a nuestra madre con voz amorosa o nos hablaba dulcemente a nosotros, que estábamos en el vientre de nuestra madre, sabiendo que podíamos oírle.
Algunos tuvimos una madre que nos hablaba también cuando estábamos en sus entrañas. Tal vez la oímos y le respondimos.Probablemente, de vez en cuando, nuestra madre olvidaba que estábamos allí.
Por eso le dábamos una patada para recordárselo.
Nuestra patada era un toque de atención, y cuando nuestra madre la sentía, podía responder algo así: «Cariño, sé que estás ahí y me siento muy feliz».
Cuando nacimos, alguien cortó el cordón umbilical.
Lloramos fuerte por primera vez.Teníamos que respirar por nosotros mismos.
Había mucha luz a nuestro alrededor.Nuestra madre seguía sosteniéndonos. Ahora estábamos fuera de ella, pero de algún modo todavía seguíamos dentro. Nuestra madre nos abrazaba con amor y nosotros la abrazábamos a ella.
Aunque el cordón ya no estuviera allí, estábamos unidos a nuestra madre de una manera muy concreta e íntima.
«Interser»
Con la práctica de la meditación podemos seguir viendo el cordón que nos conecta a nuestra madre.
Podemos ver que nuestra madre no está solo fuera de nosotros, sino también dentro. El cordón umbilical todavía sigue ahí.
Cuando observamos en profundidad, vemos que existen cordones umbilicales que nos conectan con otras cosas, con otras personas. Imagina un cordón umbilical que te une al sol.
El sol sale todas las mañanas, y gracias a él tenemos luz, tenemos calor.
Sin el sol, sin el calor, no podemos sobrevivir.
Dependemos del sol de la misma manera que un bebé depende de su madre.
Así que existe un cordón umbilical que nos conecta con él.
Otro cordón umbilical nos une con las nubes del cielo, porque si no estuvieran allí, no habría lluvia, ni agua para beber, ni leche, ni té, ni café, ni helados, nada. Hay otro cordón que nos conecta con el río, otro que nos vincula con el bosque.
Si continuamos, veremos que estamos conectados con todo y con todos en el cosmos.
Dependemos de otros seres para existir.
Necesitamos a los seres vivos y a los seres inanimados como las plantas, los minerales, el aire y el agua.
Al crecer, podrías creer que tú y tu madre sois dos personas diferentes, pero no es realmente así.
Somos extensiones de nuestra madre, pero creemos equivocadamente que somos una persona diferente.
Somos una prolongación de nuestra madre y de nuestro padre, así como de nuestros antepasados.
Imagina que plantamos un grano de maíz en la tierra.
Siete días después germina y empieza a adoptar la forma de un tallo de maíz.
Cuando el tallo ha crecido alto, ya no vemos el grano.
Pero el grano no ha muerto.
Está todavía ahí. Si observamos en profundidad, seguiremos viendo el grano en el tallo.
El grano y el tallo no son dos entidades diferentes; uno es la prolongación del otro.
El tallo es la prolongación del grano si se avanza hacia el futuro, y el grano es la prolongación del tallo si se retrocede al pasado.
No son la misma cosa, ni tampoco dos cosas diferentes.
Tú y tu madre no sois exactamente la misma persona, pero tampoco sois exactamente dos personas diferentes.
Esta es una enseñanza muy importante.
Nadie puede ser solo por sí mismo. Tenemos que «interser», conectados con todos y con todo.
Si examinamos una célula de nuestro cuerpo o una célula de nuestra conciencia, reconocemos la presencia de todas las generaciones de antepasados en nosotros.
Nuestros antepasados no son solo seres humanos.
Antes de que apareciera el ser humano, éramos otras especies. Hemos sido árboles, plantas, hierbas, minerales, una ardilla, un ciervo, un mono y un animal unicelular. Todas estas generaciones de antepasados están presentes en cada célula de nuestro cuerpo y nuestra mente. Somos la prolongación de esa corriente de vida.
Imagina que sostengo una hoja con la mano.
¿Qué ves?
Una hoja es una hoja; no es una flor.
Pero, en realidad, al examinar profundamente la hoja, podemos ver muchas cosas. Podemos ver la planta, podemos ver la luz del sol, podemos ver las nubes, podemos ver la tierra.
Al pronunciar la palabra hoja, tenemos que ser conscientes de que una hoja está formada por elementos «no hoja». Si eliminamos los elementos no hoja, como la luz del sol, las nubes y la tierra, no quedará nada de la hoja. Lo mismo sucede con nuestros cuerpos y con nosotros mismos.
No somos idénticos a otros seres vivos y no vivos, pero tampoco estamos desligados de ellos.Estamos relacionados con todo, y todo está vivo.

-Thich Nhat Hanh

 

6 Replies to “.todos interconectados”

    1. Como le decia a Oscar, cuando nos abrimos, nos conectamos de una manera exquisita con los otros, y se arma un entramado tan fuerte y lindo!
      Me he sentido tan sostenida estas ultimas semanas por el amor de mis seres queridos… senti su luz y energia amorosa.!!!
      Somos UNO
      Te quiero amiga!

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