E.E. Cummings by Edward Weston

“No ser nadie más que tú mismo, en un mundo que hace todo lo posible, día y noche, para convertirte en todos los demás, significa librar la batalla más dura que cualquier ser humano puede librar”.

“Nadie puede construirte el puente sobre el que tú, y solo tú, debes cruzar el río de la vida”, escribió Nietzsche, de treinta años. “El camino verdadero y duradero hacia y a través de la experiencia”, aconsejó a los jóvenes el poeta ganador del Nobel Seamus Heaney más de un siglo después en su magnífico discurso de graduación, “implica ser sincero … con su propia soledad, fiel a su propio conocimiento secreto”.

Cada generación cree que debe luchar contra presiones de conformidad sin precedentes; que debe luchar más duro que cualquier generación anterior para proteger ese conocimiento secreto del que brota nuestra integridad del yo.

Parte de esta creencia proviene de la presunción habitual de una cultura cegada por su propio sesgo de presentismo, ignorante de los análogos contextuales del pasado. Pero gran parte de ella en el siglo y medio desde Nietzsche, y especialmente en los años desde Heaney, es un reflejo exacto de las condiciones que hemos creado y reforzado continuamente en nuestro ecosistema informativo actual: un sistema pavloviano de retroalimentación constante, en el que el Las opiniones más fáciles y comunes son recompensadas más fácilmente, y las voces disidentes son castigadas más fácilmente por la turba irreflexiva.

(…)

Un poeta es alguien que siente y que expresa sus sentimientos a través de las palabras. Esto puede parecer sencillo. No lo es. Mucha gente piensa, cree o sabe que siente, pero eso es pensar, creer o saber; sin sentimientos. Y la poesía es sentir, no saber, creer o pensar. Casi todo el mundo puede aprender a pensar, creer o saber, pero ni un solo ser humano puede aprender a sentir. ¿Por qué? Porque siempre que piensas o crees o sabes, eres muchas otras personas: pero en el momento en que sientes, no eres nadie más que tú mismo. Ser nadie más que tú mismo, en un mundo que está haciendo todo lo posible, día y noche, para convertirte en todos los demás, significa librar la batalla más dura que cualquier ser humano puede librar; y nunca dejes de luchar

Cummings debería saberlo, solo cuatro años antes, él mismo había librado la batalla más dura: cuando se le otorgó la prestigiosa beca anual de la Academia de Poetas Americanos, el MacArthur de poesía, Cummings tuvo que resistir duras críticas de los tradicionalistas que lo asediaban con odio por el la valentía de romper con la tradición y ser nadie más que él mismo en su arte. Con la mirada puesta en esa integridad creativa inexpugnable impulsada por una ética de trabajo implacable, agrega:

En cuanto a expresar a nadie más que a ti mismo en palabras, eso significa trabajar un poco más duro de lo que cualquiera que no sea un poeta pueda imaginar. ¿Por qué? Porque nada es tan fácil como usar palabras como otra persona. Todos hacemos exactamente esto casi todo el tiempo, y siempre que lo hacemos, no somos poetas. Si, al final de sus primeros diez o quince años de lucha, trabajo y sentimiento, descubre que ha escrito una línea de un poema, tendrá mucha suerte. Por eso, mi consejo para todos los jóvenes que deseen convertirse en poetas es: hagan algo fácil, como aprender a volar el mundo, a menos que no solo estén dispuestos, sino que estén contentos de sentir, trabajar y luchar hasta morir. ¿Suena triste? No lo es. Es la vida más maravillosa del mundo. O eso es lo que siento.

-Maria Popova (Via https://www.brainpickings.org/)

Y por último un precioso poema de E.E. Cummings (1894-1962) titulado «Nadie, ni siquiera la lluvia» («Nobody, Not Even the Rain»), editado también bajo el título: «Algún lugar al que nunca he viajado» («Somewhere I Have Never Travelled»), que fue publicado en la antología de 1931: ViVa.

Hay muchos que consideran que este poema es uno de los mejores poemas de amor del siglo XX, pues no presta su atención en cuestiones banales o frívolas, sino en el tremendo poder que esta misteriosa mujer ejerce sobre el poeta, transformándolo para siempre.

«Nadie, ni siquiera la lluvia».

En algún lugar al que nunca he viajado,
felizmente más allá de toda experiencia,
tus ojos tienen su silencio:
En tu gesto más frágil hay cosas que me encierran
o que no puedo tocar porque están demasiado cerca.

Con una ligera mirada me liberas.
Aunque me haya cerrado como un puño,
siempre abres, pétalo a pétalo, mi ser,
como la primavera abre con misteriosa destreza su primera rosa.

O si deseas cerrarme, yo y
mi vida nos cerraremos muy hermosa y súbitamente,
como cuando el corazón de esta flor imagina
la nieve cayendo cuidadosamente por doquier.

Nada que hayamos de percibir en este mundo iguala
la fuerza de tu intensa fragilidad, cuya textura
me somete con el color de sus campos,
retornando a la muerte y la eternidad con cada respiro.

(Ignoro tu destreza para cerrar y abrir,
solo algo en mí entiende
que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas)
Nadie, ni siquiera la lluvia tiene manos tan pequeñas.

«Nobody, Not Even the Rain».

Somewhere i have never travelled, gladly beyond
any experience,your eyes have their silence:
in your most frail gesture are things which enclose me,
or which i cannot touch because they are too near

your slightest look easily will unclose me
though i have closed myself as fingers,
you open always petal by petal myself as Spring opens
(touching skilfully, mysteriously) her first rose

or if your wish be to close me, I and
my life will shut very beautifully, suddenly,
as when the heart of this flower imagines
the snow carefully everywhere descending;

nothing which we are to perceive in this world equals
the power of your intense fragility: whose texture
compels me with the colour of its countries,
rendering death and forever with each breathing

(i do not know what it is about you that closes
and opens;only something in me understands
the voice of your eyes is deeper than all roses)
nobody, not even the rain, has such small hands.

4 Replies to “.el coraje de ser uno mismo”

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