
«En la bóveda de la tarde cada pájaro es un punto del recuerdo.
Asombra a veces que el fervor del tiempo vuelva, sin cuerpo vuelva, ya sin motivo vuelva;
que la belleza, tan breve en su violento amor nos guarde un eco en el descenso de la noche.
Y así, qué más que estarse con los brazos caídos, el corazón amontonado y ese sabor de polvo que fué rosa o camino-
el vuelo excede el ala,
Sin humildad, saber que esto que resta fué ganado a la sombra por obra de silencio;
que la rama en la mano, que la lágrima oscura son heredad, el hombre con su historia, la lámpara que alumbra…»
-Julio Cortázar
