.vuelo Nocturno II

Vuelo Nocturno by MikkoLagerstedt-II-
Vuelo Nocturno by MikkoLagerstedt-II- (1)
“De esta manera los tres aviones postales de Patagonia, de Chile y de Paraguay regresaban del Sur, del Oeste y del Norte hacia Buenos Aires.
Allí se esperaba su cargamento, para dar salida, hacia medianoche, al avión de Europa.
Tres pilotos, cada uno tras su capota, pesada como una chalana, perdidos en la noche, meditaban su vuelo, y, de un cielo tormentoso o pacífico,
bajarían lentamente hacia la ciudad inmensa, cual extraños campesinos que descienden de sus montañas.
Rivière, responsable de toda la red, paseaba a lo largo de la pista de aterrizaje de Buenos Aires.
Permanecía silencioso, pues, hasta que hubiesen llegado los tres aviones, este día sería temible.
Minuto tras minuto, a medida que le llegaban los telegramas, Rivière sabía que arrancaba algo al sino, que
reducía la porción de lo ignoto, que sacaba a sus dotaciones fuera de la noche, hasta la orilla.
Un obrero le abordó para comunicarle un mensaje de la estación de Radio:
—El correo de Chile anuncia que divisa las luces de Buenos Aires.
—Bien.
Muy pronto Rivière oirá ese avión: la noche entregará a uno de los tres, cual el mar, con su flujo, su reflujo y sus misterios que deposita en la playa
el tesoro que por tanto tiempo ha zarandeado.
Más tarde, se recibirán de ella los otros dos.
Entonces, este día habrá terminado.
Entonces, las tripulaciones fatigadas, remplazadas por otras de refresco, se irán a dormir.
Pero Rivière no tendrá reposo: el correo de Europa, a su vez, le cargará de inquietud.
Siempre será así.
Siempre.
Por primera vez, ese viejo luchador se asombraba de sentirse cansado.
La llegada de los aviones no será nunca esa victoria que concluye una guerra, e inicia una era de paz venturosa.
Jamás habrá, para él, otra cosa que un paso hecho, precediendo a mil otros pasos semejantes.
Le parece a Rivière que, desde largo tiempo, levantaba un peso muy grande, con los brazos tendidos: un esfuerzo sin descanso y sin esperanza. «Envejezco…»
Envejecía, si en la sola acción no hallaba ya su sustento.
Se asombró de reflexionar sobre problemas que jamás se había planteado.
Y, no obstante, volvía hacia él, con melancólico murmullo, la suma de deleites que siempre había eludido: un océano perdido.
«¿Tan cerca está, pues, todo eso…?»
Se dio cuenta de que, poco a poco, había aplazado para la vejez, para «cuando tuviera tiempo», lo que hace agradable la vida de los hombres.
Como si realmente un día se pudiese tener tiempo, como si se ganase, al fin de la vida, esta paz venturosa que todo el mundo se imagina.
Pero la paz no existe.
Tal vez no existe siquiera la victoria.
No existe la llegada definitiva de todos los correos.
Rivière se detuvo ante Leroux, el viejo contramaestre.
También Leroux trabajaba desde hacía cuarenta años.
Y el trabajo consumía todas sus fuerzas.
Cuando Leroux entraba en su casa, hacia las diez o las doce de la noche, no era un mundo diferente el que se le ofrecía, no era una evasión.
Rivière sonrió a ese hombre que, levantando su tosca faz, señalaba un eje pavonado: «Aguantaba muy fuerte, pero lo he vencido.»
Rivière se inclinó sobre el eje; el oficio le ocupaba de nuevo. «Será preciso advertir a los talleres que ajusten estas piezas con más huelgo.»
Pasó un dedo sobre las huellas de las herramientas; luego, consideró de nuevo a Leroux.
Una pica pregunta le subía a los labios, ante aquellas arrugas severas. Sonrióse:
—¿Se ha ocupado usted mucho del amor en su vida, Leroux?
— ¡Oh!, el amor, sabe usted, señor director…
—Sí, a usted le ha pasado lo que a mí; nunca ha tenido tiempo.
—Muy poco, ciertamente…
Rivière escuchaba el sonido de esa voz, para saber si la respuesta era amarga; pero no lo era.
Este hombre experimentaba, vuelto hacia su vida pasada, el tranquilo contento del carpintero que acaba de cepillar una hermosa tabla: «Hela aquí. Ya está hecha.»
«Hela aquí —pensaba Rivière—, mi vida está hecha.»
Rechazó los pensamientos tristes que en él despertaba la fatiga, y se dirigió hacia el cobertizo, pues el avión de Chile zumbaba ya en el aire.
..”
-Antoine de Saint-Exupéry

#31. Control

31. Control

“Las personas controladas siempre están nerviosas, porque en lo profundo está oculto un torbellino.
Si no estás controlado, si fluyes, si estás vivo, entonces no te sientes nervioso.
No tiene sentido estar nervioso: lo que tiene que suceder sucede. No tienes expectativas con respecto al futuro, no estás fingiendo.
Así que, ¿por qué tendrías que estar nervioso?
Para controlar esta mente, uno tiene que permanecer tan frío y congelado, que la energía vital penetra en el cuerpo.
Si se permite a la energía moverse, todas estas represiones saldrá a la superficie.
Por eso, la gente ha aprendido a ser fría, a tocar a otros sin tocarlos, a ver a otros sin verlos.
La gente vive con clichés: “hola, ¿cómo estás?”.
A nadie realmente le importa.
Esto solamente se hace para evitar el encuentro real entre dos personas.
La gente no se mira a los ojos, no se coge de las manos, no intenta sentir la energía del otro, no se permiten fluir el uno con el otro.
Tienen miedo; simplemente aguantan.
Fríos y muertos, están metidos en una camisa de fuerza.”

-Osho Dang Dang Doko Dang Chapter 5

Hay un momento y un lugar para el control, pero si dejamos que lleve las riendas de nuestras vidas, terminaremos completamente rígidos.
La figura está encajonada dentro de los ángulos de las formas piramidales que la rodean.
La luz produce destellos y reflejos en la superficie brillante, pero no penetra.
Es como si se hubiese quedado casi momificada, dentro de esta estructura que ha construido alrededor de sí.
Sus puños están apretados y su mirar es vacío: casi ciega.
La parte inferior de su cuerpo, debajo de la mesa, tiene punta de cuchillo; es una esquina cortante que divide y separa.
Su mundo es ordenado y perfecto, pero no está vivo; no puede permitir ninguna vulnerabilidad o espontaneidad dentro de sí.
La imagen del Rey de las Nubes nos recuerda inspirar profundamente, aflojar nuestro cuello y tomarlo con calma.
Si se cometen errores, está bien.
Si las cosas se salen un poco de tus manos, posiblemente es lo que el doctor ha prescrito.
La vida te ofrece mucho, mucho más que el hecho de llevar “las riendas de las cosas”.

.maggie and milly and molly and may

 maggie and milly and molly and may

 

 

 10
“maggie and milly and molly and may
went down to the beach(to play one day)
and maggie discovered a shell that sang
so sweetly she couldn’t remember her troubles,and
milly befriended a stranded star
whose rays five languid fingers were;
and molly was chased by a horrible thing
which raced sideways while blowing bubbles:and
may came home with a smooth round stone
as small as a world and as large as alone.
For whatever we lose(like a you or a me)
it’s always ourselves we find in the sea…”
-E. E. Cummings, 1894 – 1962
Edward Estlin Cummings is known for his radical experimentation with form, punctuation, spelling, and syntax; he abandoned traditional techniques and structures to create a new, highly idiosyncratic means of poetic expression.

Vuelo Nocturno I

Vuelo Nocturno by MikkoLagerstedt-I-

MikkoLagerstedt

“Las colinas, bajo el avión, cavaban ya su surco de sombra en el oro del atardecer.
Las llanuras tornábanse luminosas, pero de una luz inagotable: en este país no cesaban de exhalar su oro, como, terminado el invierno, no cesaban de entregar su nieve.
Y el piloto Fabien que, del extremo Sur, conducía a Buenos Aires el correo de Patagonia, conocía la proximidad de la noche por las mismas señales que las aguas de un puerto: por ese sosiego, por esas ligeras arrugas que dibujaban apenas los tranquilos celajes.
Penetraba en una rada, inmensa y feliz.
También hubiera podido creer que, en aquella quietud, se paseaba lentamente casi cual un pastor.
Los pastores de Patagonia andan, sin apresurarse, de uno a otro rebaño; él andaba de una a otra ciudad, era el pastor de los villorrios.
Cada dos horas, encontraba algunos de ellos que se acercaban a beber en el ribazo de un río o que pacían en la llanura.
A veces, después de cien kilómetros de estepas más deshabitadas que el mar, cruzaba por encima de una granja perdida, que parecía arrastrar, hacia
atrás, en una marejada de praderas, su cargamento de vidas humanas: con las alas, saludaba entonces aquel navio.
«San Julián a la vista: aterrizaremos dentro de diez minutos.»
El «radio» comunicaba la noticia a todas las estaciones de la línea.
Semejantes escalas se sucedían, cual eslabones de una cadena, a lo largo de dos mil quinientos kilómetros, desde el estrecho de Magallanes hasta Buenos Aires; pero la de ahora se abría sobre las fronteras de la noche como, en África, la última aldea sometida se abre sobre el misterio.
El «radio» pasó un papel al piloto: «Hay tantas tormentas que las descargas colman mis auriculares.
¿Haréis noche en San Julián?»
Fabien sonrió: el cielo estaba terso cual un acuario, y todas las escalas, ante ellos, les anunciaban: «Cielo puro, viento nulo.»
Respondió: «Continuaremos.»
Pero el «radio» pensaba que las tormentas se habían aposentado en algún lugar, como los gusanos se instalan en un fruto: y así, la noche sería
hermosa, pero, no obstante, estaría estropeada.
Le repugnaba entrar en aquella oscuridad próxima a pudrirse.
Al descender sobre San Julián, con el motor en retardo, Fabien se sintió cansado.
Todo lo que alegra la vida de los hombres corría, agrandándose,hacia él: las casas, los cafetuchos, los árboles de la avenida.
Él parecía un conquistador que, en el crepúsculo de sus empresas, se inclina sobre las tierras del imperio y descubre la humilde felicidad de los hombres.
Fabien experimentaba la necesidad de deponer las armas, de sentir la torpeza y el cansancio que le embargaban —y también se es rico de las propias
miserias— y de vivir aquí cual hombre simple, que contempla a través de la ventana una visión ya inmutable.
Hubiera aceptado esa aldea minúscula: después de escoger, se conforma uno con el azar de la propia existencia e incluso puede amarla.
Os limita como el amor.
Fabien hubiera deseado vivir aquí largo tiempo, recoger aquí su porción de eternidad, pues las pequeñas ciudades, donde vivía una hora, y los jardines rodeados de viejos muros, sobre los cuales volaba, le parecían, fuera de él, eternos en duración.
La aldea subía hacia la tripulación, abriéndose.
Y Fabien pensaba en las amistades, en las jovencitas, en la intimidad de los blancos manteles, en todo lo que, lentamente, se familiariza con la eternidad.
La aldea se deslizaba ya rozando las alas, desplegando el misterio de sus jardines cercados, a los que sus muros ya no protegían.
Pero Fabien, después de aterrizar, supo que sólo había visto el lento movimiento de algunos hombres entre las piedras.
Aquella aldea, con su sola inmovilidad, guardaba el secreto de sus pasiones; aquella aldea, denegaba su suavidad: para conquistarla hubiera sido preciso renunciar a la acción.
Transcurridos los diez minutos de escala, Fabien reemprendió el vuelo.
Volvióse hacia San Julián, que ya no era más que un puñado de luces, y luego de estrellas.
Más tarde se disipó la polvareda que, por última vez, le tentó.
«Ya no veo los cuadrantes; voy a encender la luz.»
Tocó los contactos, pero las lámparas rojas de la carlinga derramaron sobre las agujas una luz tan diluida aún en aquella azulada claridad diurna,
que no llegó a colorearlas.
Pasó la mano por delante de una bombilla y apenas si se tiñeron sus dedos.
«Demasiado pronto.»
No obstante, la noche ascendía, cual humo oscuro, colmando los valles.
Éstos no se distinguían ya de las llanuras.
Y se iluminaban los pueblos y las constelaciones de sus luces se contestaban unas a otras.
Él también, haciendo parpadear con el dedo sus luces de posición, respondía a los pueblos.
La tierra estaba llena de llamadas luminosas; cada casa encendía su estrella, frente a la inmensa noche, del mismo modo que se vuelve un faro hacia el mar.
Todo lo que cubría una vida humana, centelleaba.
Fabien se admiraba de que la entrada de la noche fuese, esta vez, como una entrada en una rada, lenta y bella.
Sumergió su cabeza en la carlinga.
El radio de las agujas empezaba a brillar.
Una después de otra, el piloto comprobó las cifras, y quedó satisfecho.
Se descubría sólidamente sentado en el cielo.
Rozó con el dedo un larguero de acero, y percibió el metal chorreando vida: el metal no vibraba, pero vivía.
Los quinientos caballos del motor engendraban en la materia un fluido muy suave, que cambiaba su hielo en carne aterciopelada.
Una vez más, el piloto no experimentaba, en el vuelo, ni vértigo, ni embriaguez, sino el trabajo misterioso de un cuerpo vivo.
Ahora, se había recompuesto un mundo, donde, a codazos, trataba de lograr un lugar cómodo.
Golpeteó el cuadro de distribución eléctrica, tocó uno a uno los contactos, removióse un poco, se recostó mejor, y buscó la posición más cómoda para
sentir el balanceo de las cinco toneladas de metal, que una noche viviente llevaba sobre sus espaldas.
Luego, tanteó, colocó en su sitio la lámpara de socorro, la dejó, la tocó de nuevo para asegurarse de que no se deslizaba, la dejó después para golpetear cada clavija, y encontrarlas sin equivocarse, educando así a sus dedos en un mundo ciego.
Luego, cuando estuvieron adiestrados, se permitió encender una lámpara, adornar su carlinga con instrumentos de precisión, vigilando, sólo en los cuadrantes, su entrada en la noche, como en un declive.
Luego, como nada vacilaba, ni vibraba, ni temblaba, y permanecían fijos el giróscopo, el altímetro y el régimen del motor, desperezóse un poco, apoyó su nuca en el cuero del respaldo, e inició esta profunda meditación del vuelo, en la que se saborea una esperanza inexplicable.
Ahora, como un velador en el corazón de la noche, descubre que la oscuridad muestra al hombre; esas llamadas, esas luces, esa inquietud.
Esa simple estrella en la oscuridad; el aislamiento de una casa.
Hay una que se apaga: es una mansión que se cierra sobre su amor.
O sobre su tedio.
Es una casa que cesa de hacer su ademán al resto del mundo.
No saben lo que esperan, ante su lámpara, esos campesinos, acodados sobre la mesa; ignoran que su deseo, en la enorme noche que los rodea, vaya tan lejos.
Pero Fabien lo descubre cuando, tras haber recorrido mil kilómetros, percibe cómo unas olas de fondo, profundas, elevan y hacen descender el avión, que respira, cuando ha atravesado diez tormentas, cual países en guerra, y, entre ellas, algunos claros de luna; cuando alcanza esas luces, una después de otra, con la sensación de vencer.
Aquellos hombres creen que la lámpara brilla para su humilde mesa, pero alguien, a ochenta kilómetros, percibe el brillo de esa luz, como si, desesperados, la balanceasen; ante el mar, desde una isla desierta…”
-Antoine de Saint-Exupéry

.sólo Dios lo sabe

solo Dios lo sabe

 

“En un momento u otro de la vida a casi todos nos han acosado los fantasmas de aquello que lamentamos.
Hay algunas cosas que desearíamos no haber hecho y otras que desearíamos haber hecho.
Desde los miembros de la familia a los que no prestamos la debida atención hasta los amigos que abandonamos, desde las formas irresponsables de actuar hasta las oportunidades desaprovechadas, ahora nos parece entender con una pristina claridad las situaciones que no entendíamos mientras las vivíamos.
Y durante los años que descartamos despreocupadamente aquello que más tarde veríamos como las cosas más importantes de la vida, no dejamos de quejarnos tristemente de que no entendíamos nada.
Todo ese tiempo en que ansiábamos darle un sentido a lo que estábamos viviendo no lo que encontrábamos ¡simplemente porque no supimos interpretar la situación que teníamos frente a nosotros!
La situación no es la que nos da el significado, somos nosotros los que se lo damos.
Pero en aquella época ¡quién iba a saberlo!
Es horrible reconocer que no siempre trataste la vida con el merecido respeto.
Y para los que pertenecemos a la generación de la década de 1960 que ahora nos encontramos en la edad madura, es un descubrimiento muy habitual.
Al quebrantar algunas de las obsoletas reglas morales, quebrantamos también algunas eternas.
No significa que esté en contra de la actitud rompedora de rebeldía de aquella época, ya que en muchos sentidos fué una explosión creativa en nosotros y en el mundo. Pero había una sombra, como la hay en todo. Y en un determinado momento afrontar tus propias sombras es el único modo de hacerlas desaparecer.
Aquella noche oscura del alma -en la que afrontamos arrepentidos los errores cometidos en el pasado- es como conseguir una entrada para acceder a una edad madura revitalizada.
A veces hay que perdonar décadas de experiencias vividas antes de sentirnos libres para seguir avanzando.
Muchas personas hemos enviado o recibido cartas o hecho llamadas telefónicas diciendo cosas como: “Siento mucho haberte daño, en 1985 era un idiota”. Al margen de lo mal que lo hayamos pasado hasta llegar a este punto, es muy gratificante sentir que nos hemos desprendido de ciertas cosas del pasado para que pueda crecer algo nuevo.
Algunas personas se preguntan por qué la energía de su vida parece estar estancada, cuando en el fondo lo único que les impide avanzar es que no están dispuestas a enfrentarse a lo que aún deben afrontar: las sombras que no reconocen tener y las correcciones que necesitan hacer para liberar su energía y volver a poner sus motores en marcha. Mientras sigamos estancados internamente, nuestra vida lo estará externamente. La única forma de ampliar nuestro conocimiento de la vida es estar dispuesto a profundizar en ella. Da lo mismo si el problema ocurrió hace décadas, el reto consiste en afrontarlo y resolverlo ahora, para que en las décadas que te quedan por delante te hayas liberado de la trampa kármica de volver siempre a repetir los mismos desastres del pasado.
Aquello que parece ser una reducción en la velocidad de nuestros motores suele ser todo lo contrario.
El trabajo interior resulta a veces más fácil cuando estamos sentidos reflexionando que cuando vamos a toda prisa de un sitio para otro. Una agenda muy llena nos impide mirar con más profundidad en nuestro interior, pero en la edad madura esta frenética actividad ya no puede funcionarnos ni nos funciona. Llevar un estilo de vida más pausado, encender velas y poner música suave en casa, hacer yoga, meditar y hacer otras cosas parecidas son signos de un reverdecer interior. Significa que nos estamos concentrando en cambios que nos ayudan a conocernos más a fondo.
Conozco a una mujer que empezó una terapia a los ochenta. Intentar entender su propia vida, aunque fuera a una edad tan avanzada, no sólo le fué bien a ella sino que también mejoraron las conversaciones que mantenía con sus hijos, las cuales afectaban a su relación con ellos, y el hecho de conocerse más a sí misma desencadenó una interminable serie de milagros.
Al llegar a la edad madura la mayoría acarreamos un montón de sufrimiento emocional procedente de las situaciones que nos han impactado. Este dolor puede envenenar nuestro organismo o abandonarlo. Son las dos únicas opciones que tenemos.
A veces una depresión es para el alma lo que la fiebre es para el cuerpo: un medio de quemar lo que es necesario quemar para recuperar la salud. Algunas noches oscuras del alma duran meses o años, en cambio otras sólo una o dos noches. De cualquier manera, forman parte de una desintoxicación mística del miedo y la desesperanza acumulados. Cualquier pensamiento que no hayamos reconciliado con la verdad permanece en nuestra “bandeja de entrada” psíquica, o en la papelera, sin desaparecer por completo del ordenador. Cualquier energía que no saquemos a la luz, aceptemos y transformemos sigue sepultada en la oscuridad, con lo que es una fuerza insidiosa que está atacando constantemente nuestro cuerpo y nuestra alma.
Aunque hayas llevado una vida excelente, a no ser que hayas vivido en un pueblo rural aislado donde todas las personas que te rodeaban eran buenas contigo todo el tiempo, seguramente acarreas algún tipo de sufrimiento. A los treinta y cuarenta estabas tan ocupado que podías olvidarte de él con las distracciones de tu vida, pero a los cincuenta y más ese sufrimiento te obliga que lo oigas.
Y lo oirás.
Y es mucho, muchísimo mejor oírlo en tu cabeza y en tu alma que de boca del médico cuando te comunique que por desgracia los resultados de la prueba médica que te has hecho no son buenos.
En la edad madura una de las trampas más perniciosas del ego es el miedo que sentimos de “estar quedándonos sin tiempo”. Sin embargo, cuando nuestra conciencia se expande, el tiempo también se expande.
En realidad, nuestro enemigo no es el tiempo, sino la falsa idea que tenemos de él.
La Biblia afirma: “No habrá más tiempo”, pero esta frase, en lugar de anunciar el fin del mundo, quizá nos indica que dejaremos de experimentar el tiempo tal como lo hemos hecho hasta ahora.
Los años siguientes a los cincuenta, si los vivimos bien, son más largos que los que van de los veinte a los cincuenta. En realidad, en esta etapa tenemos más tiempo del que creíamos tener. La clave para expandirlo es profundizar más en el presente. Al hacerlo descubriremos en él algo maravilloso: unas opciones que ignorábamos tener en la época en la que vivíamos a un ritmo demasiado acelerado como para verlas.
En un determinado momento de la vida, la mayoría hemos experimentado lo suficiente el mundo como para no ser ya más unos ingenuos. Sabemos lo que nos da y lo que nos quita. Tenemos recuerdos felices y recuerdos dolorosos. En ambos casos, nuestro reto consiste en no apegarnos a ellos.
Mientras sigamos con vida, hay una posibilidad de amar. Y donde hay amor, siempre hay esperanzas. Sea lo que sea lo que el espejo te muestre, lo que tu médico te diga o lo que el sistema afirme, siempre hay esperanza. A veces es tentador creer que lo echaste todo a perder en el pasado y que ahora no puedes hacer hacer nada para remediarlo. O que la crueldad del mundo te ha vencido y que ya no puedes levantarte. Pero el milagro de la edad madura consiste en que nada de lo que te ha sucedido hasta este momento tiene nada que ver con lo que puedes alcanzar a partir de ahora, salvo que lo que aprendiste en todo ese tiempo puede ser el combustible para un magnífico futuro.
Los milagros ocurren en cualquier instante cuando das lo mejor de tí. No es la cantidad de años que tenemos lo que determina la vida que llevamos, sino la cantidad de amor que albergamos. Nuestro futuro no está determinado por nada de lo que nos haya ocurrido hace veinte, treinta años o incluso diez minutos antes, sino por quién somos y qué pensamos en este preciso instante. Casi cada hora de cada día estamos en una situación que puede ser muy distinta de las anteriores, porque ahora sabemos algo que antes ignorábamos. Y de este nuevo ser brotan unas nuevas oportunidades que no podíamos siquiera imaginar.
Dios es especialista en el comenzar de nuevo.
En una ocasión tuve una experiencia que me deprimió muchísimo. Me sentía herida por algo que me había ocurrido en el pasado y apenas tenía esperanzas en el futuro. En aquella época me mudé a una casa junto al mar, desde la que veía cada día los amaneceres más hermosos de toda mi vida. Cada mañana el cielo parecía un grabado japonés que hubiera cobrado vida, con las oscuras ramas de los árboles tornándose de un verde intenso, mientras por encima de ellas el cielo de color ébano adquiría un ardiente tono rosado y por debajo de ellas era de un bello y brillante azul turquesa. Nunca antes había experimentado la naturaleza con una espiritualidad tan profunda. Aquella experiencia fué extraordinaria. Estaba convencida de que me habían llevado hasta aquella casa y la maravillosa vista que se veía desde el dormitorio para que pudiera curarme.
Cada día mis ojos se abrían automáticamente cuando el sol salía. Me quedaba en la cama y no sólo contemplaba el amanecer sino que además dejaba que entrara en mí. La imagen de la salida del sol -de un nuevo día saliendo a la oscuridad de la noche- se grabó en mis células. Y una mañana, mientras contemplaba el amanecer, fué como si oyera la voz de Dios diciéndome: “Ésta es la labor que haré dentro de tí”. Yo también iba a experimentar un amanecer después de la oscura noche de mi alma.
Dios me ofrecía un nuevo comienzo. Estaba seguro de ello. Y mientras cerraba los ojos y volvía a dormirme, le dí las gracias de todo corazón.
Y mi corazón se curó…”

-Marianne Williamson

#30. Entendimiento

30. Entendimiento

“Estás fuera de la prisión, fuera de la jaula.
Puedes abrir tus alas y todo el cielo es tuyo.
Todas las estrellas y la luna y el sol te pertenecen.
Puedes desaparecer en el azul del más allá…
Simplemente deja de aferrarte a esta jaula, sal de la jaula y todo el firmamento es tuyo.
Abre tus alas y vuela por el firmamento como un águila.
En el firmamento interior, en el mundo interior, la libertad es el valor más elevado.
Todo lo demás es secundario, incluso la bendición, el éxtasis.
Hay miles de flores, son incontables, pero todas ellas se hacen posibles en un clima de libertad.”

-Osho Christianity, the Deadliest Poison and Zen… Chapter 6

El pájaro que se dibuja en esta carta mira hacia afuera desde lo que parece ser una jaula.
No hay puerta y, en realidad, los barrotes están desapareciendo.
Los barrotes eran una ilusión, y este pequeño pájaro se siente atraído por la gracia, libertad y coraje de los otros.
Empieza a extender sus alas, listo para volar por primera vez.
El amanecer de una nueva comprensión -la jaula siempre ha estado abierta y el firmamento siempre ha estado para que lo exploremos- puede hacernos sentir un poco temblorosos, al comienzo.
Está bien y es natural sentirse tembloroso, pero no dejes que eso te ensombrezca la oportunidad de experimentar la ligereza y la aventura que se te ofrece, junto con el temblor.
Muévete con la dulzura y gentileza de este momento.
Siente el batir de alas.
Extiende tus alas y sé libre.

 

.el perdón

el perdón

“El perdón implica tener fé en un amor que es mayor que el odio y estar dispuestos a ver la luz del alma de alguien cuando esa persona está llena de oscuridad.
El perdón no significa que alguien no haya actuado de manera horrible, simplemente decidimos no fijarnos en sus fallos, ya que de lo contrario los hacemos reales y entonces cobran vida para nosotros.
La única forma de impedir que la conducta de los demás nos afecte es identificarnos con aquella parte suya que trasciende el cuerpo. Ir más allá de su conducta para percibir la inocencia de su alma.
De ese modo no sólo liberamos a aquella persona del peso de nuestra condena, sino que también nos liberamos a nosotros mismos.
Éste es el milagro del perdón.
El perdón no consiste sólo en ser bueno, sino en ser también espiritualmente inteligente. Podemos tener un motivo de queja o hacer un milagro, pero no podemos tener ambas cosas a la vez.
Podemos hacer una montaña del agravio de alguien o decidir ser felices.
Cualquier justificación que se nos ocurra para atacar a otra persona no es más que una estratagema del ego para hacernos sufrir.
Algunas personas le guardan rencor a alguien durante veinte años.
Sin embargo, en un determinado momento ya no es fácil echar la culpa de todos tus problemas a algo que alguien te hizo hace un montón de años.
Sea lo que sea que te hayan hecho, el verdadero culpable es el que ha dejado que pasaran veinte años sin superar el agravio.
Quizá te hayan ocurrido unas cosas horribles en el pasado, pero sigues siendo responsable de cómo eliges interpretarlas.
Y cómo interpretas el pasado determina si te elevarás o hundirá emocionalmente.
Si, quizá haya personas que te hicieron mucho daño adrede. Puedo entenderlo. Pero te será útil ver de qué forma les facilitaste que te lo hicieran.
Si, quizá haya aspectos de tu vida que sean vacíos, tristes, caóticos y decepcionantes.
Pero tú eres el responsable de cada rincón oscuro que hay en ella y el que debe transformarlos.
No estoy diciendo que perdonar a los demás sea fácil, pero es algo imprescindible.
Piensa en todo aquello por lo que has pasado e intenta volver a interpretarlo con dulzura.
Todo el amor que has dado a los demás ha sido real. Al igual que el que has recibido.
Y todo lo demás no ha sido más que una ilusión, por más amarga o cruel que haya sido tu experiencia.
Mi amiga Naomí es una mujer de ochenta y seis años que sobrevivió al Holocausto. Cuando cumplió diecinueve años, estalló la Segunda Guerra Mundial, mientras las tropas alemanas cruzaban la frontera de Polonia el 1° de septiembre de 1939. En aquella época, al vivir en Varsovia, pasó de llevar la agradable vida de una joven que se estaba preparando para ir a estudiar a una universidad de Inglaterra a esconderse de los nazis con su madre, su marido, su hermano y su cuñada. Su padre ya había sido arrestado por los rusos y enviado a Siberia. En 1943, tras haber sobrevivido al bombardeo de Varsovia, Noemí y los otros miembros de su familia fueron obligados a hacer un horrible viaje hacinados en un vagón para ganado, al que muchos de los que iban en él no sobrevivieron, para llevarlos al campo de concentración en Auschwitz.
Naomí estuvo en Auschwitz de los veintidós a los veinticuatro años. Cuando a aquella edad mis problemas eran las relaciones románticas, los estudios universitarios y otras cosas parecidas, los suyos eran Adolf Hitler.
El marido de Naomí, su madre y su cuñada murieron en Auschwitz. Su madre murió en un crematorio y su cuñada, después de decirle una mañana que aquél día no iba a ir a trabajar (“No puedo soportarlo -le dijo-, no puedo vivir así”), desapareció y nunca volvieron a saber de ella. Mi amiga y millones de otras personas vivieron en campos de concentración nazis en las condiciones más horrendas que unos seres humanos han impuesto jamás a otros.
Naomí logró sobrevivir a la guerra. Después de emigrar a Estados Unidos en 1946, se casó y enviudó por segunda vez, pero en esta ocasión tenía tres hijos pequeños por criar. Naomí era una mujer que tenía todas las razones del mundo para rendirse. Pero, como luchadora nata que es, no lo hizo ni lo ha hecho nunca. Su carácter era más fuerte que las circunstancias. Crió a sus hijos maravillosamente, montó una compañía de importación y exportación que acabó teniendo gran éxito (a propósito, en aquella época había muy pocas mujeres empresarias) y ha sido a lo largo de los años una inspiración para las innumerables personas que la han conocido, incluyéndome a mí.
En 2002 volvió a Alemania con su hijo. Mientras el avión se acercaba a Berlín y ella contemplaba el paisaje por la ventanilla, su hijo le preguntó qué sentía. Incluso ella se asombró de su propia respuesta: “Es muy extraño, pero me siento bien, porque ahora estoy aquí por mi propia voluntad. Nadie me obliga a hacerlo. Lo hago porque quiero.”
Al visitar Wannsee -donde en 1942 Hitler y los más altos cargos militares se reunieron para planificar la “solución final”, o la exterminación de los judíos-, Naomí se derrumbó. Sin embargo, siguió intentando reconciliarse con su pasado. En 2003 hizo un emotivo viaje a Auschwitz. Después de haber estado llorando durante todo el viaje, en cuanto llegó al lugar tuvo una extraña experiencia. Al cruzar la entrada en la que figuraba el famoso lema: “Arbeit macht frei” (“El trabajo os hará libres”), sintió que se volvía fuerte, muy fuerte por dentro. No sufrió como creyó que iba a sucederle. En lugar de ello, dice que sintió el espíritu de la victoria surgiendo en su interior mientras pensaba: “¡Oh, no puedo creérmelo, he vuelto a este lugar y he sobrevivido! ¡Me trajeron aquí para que muriera y no consiguieron acabar conmigo! El que quería destruirme acabó siendo destruído, y yo he sobrevivido. ¡Soy una superviviente!”.
En aquel momento supo lo que significaba ser un superviviente, no sólo física, sino también emocional y espiritualmente.
Y además era libre.
“Sentí que podía seguir adelante con mi vida aceptando lo que me había ocurrido -dijo-, pero sabía que no podía vivir en el pasado. Aunque sufrí el Holocausto, nunca me obsesioné con él.
Viví una experiencia muy terrible, pero me gusta pensar que saqué algo bueno de ella. Ahora tengo mucha más empatía. Me gusta creer que soy una mejor persona por ello.
Siempre tenemos esperanzas. Aunque vivamos en un mundo inhóspito, hay algo que nos impulsa a pensar que las cosas mejorarán un día. Sabía que tenía que mirar al futuro. Que debía preguntarme siempre qué podía hacer en ese preciso momento para ser más productiva. Quería vivir para el futuro, por mí y por mis hijos. Y lo logré.”
Siempre que siento lástima por mí misma, recuerdo a Naomí. Recuerdo a los que sobrevivieron el Holocausto. Recuerdo a aquellas personas que incluso en la actualidad – en Somalía, Darfur y en otras partes del mundo- están sufriendo atrocidades como las que Naomí soportó. Y entonces me siento agradecida porque, en comparación, mi vida es mucho más fácil que la suya, y entro en un elevado estado en el que comprendo que mi vida – aunque no sea un camino de rosas- es lo bastante dichosa como para agradecerle a Dios cada minuto de cada día vivido. Y así lo hago.
Si mi amiga Naomí fué capaz de rehacer su vida después de aquella terrible experiencia, ¿quién de nosotros no tiene la fuerza interior necesaria para rehacer la suya?.
Tenemos la responsabilidad moral, no sólo hacia nosotros mismos sino hacia una creciente oleada  de esperanza colectiva, de hacer todo cuanto esté en nuestras manos para alzarnos de cualquier clase de ceniza que pueda cubrir nuestro pasado. Ayer fué ayer, pero ya ha pasado. Hoy es hoy y mañana nos espera.
Lo que te ocurrió ayer quizá no fué maravilloso o quizá no pudiste controlarlo, pero la persona en la que te conviertas a causa de ello, a pesar de ello, depende totalmente de ti. Yo he conocido a gente que tras un trauma de características mucho menos graves que el vivido por Naomí se ha aferrado a su sufrimiento y a su papel de vícitma durante décadas. Lo que la historia de Naomí demuestra, como muchas otras, es que no somos nuestro pasado. Lo que la vida nos presenta no determina cómo será nuestra vida ahora, sino lo que cuenta es hasta qué punto estamos decididos a vivirla con alegría.
Si mi amiga Naomí pudo rehacer su vida después de su terrible experiencia de Auschwitz, ¿quién de entre nosotros, sea por la razón que sea, pueda afirmar ser incapaz de rehacer la suya?…”

“Querido Dios,
te ruego que me liberes
del sufrimiento de mi pasado.
Arráncame las flechas
que me han partido el corazón
y cura mis heridas abiertas.
Amén.”

-Marianne Williamson

#29. Confianza

29. Confianza

“No pierdas tu vida por aquello que se te va a quitar.
Confía en la vida; si confías, sólo entonces podrás abandonar tu conocimiento, sólo entonces puedes poner tu mente a un lado.
Con la confianza, se abre algo inmenso.
Entonces la vida no es una vida ordinaria; se vuelve llena de Dios, desbordante.
Cuando el corazón es inocente y los muros han desaparecido, quedas unido al infinito.
Y no te sientes engañado:
No hay nada que se te pueda quitar,
¿porqué tendría uno que tener miedo de que se lo quiten?
No se te puede quitar, no hay posibilidad, no puedes perder tu verdadero tesoro.”

-Osho The Sun Rises in the Evening Chapter 9

¡Ahora es el momento de convertirte en un “saltador al vacío”!
Y es esta cualidad de confianza absoluta, sin reservas o redes de seguridad ocultas, lo que el Caballero del Agua nos pide.
Surge un tremendo sentido de excitación si podemos dar el salto y desplazarnos hacia lo desconocido, aunque la idea nos aterre absolutamente.
Y cuando confiamos al nivel de un salto cuántico, no hacemos ningún plan elaborado o preparativos. No decimos: “De acuerdo, confía en que sé que hacer ahora, así que dejaré mis cosas en orden, prepararé mi maleta y me la llevaré conmigo.”
No, damos el salto sin pensar siquiera en lo que va a pasar el momento siguiente.
El salto es el punto, junto con la emoción que produce a medida que
caemos en el espacio vacío.
La carta aquí nos da un índice, sin embargo, de lo que nos espera en el otro extremo: unos pétalos suaves, rosados, acogedores, algo sabroso… ¡vamos!

 

 

.su forma de actuar

su forma de actuar

Atardecer en Chascomús

“Yo siempre intuí que a los cincuenta dejaría de esconderme.
Cuando era más joven, el mundo me parecía tan espantoso, tan inexplicable, o quizá era yo la que no sabía interpretarlo, que intentaba esconderme para evitar afrontarlo. Aunque cualquier expectador, al observar mi trayectoria profesional podría decir: “¡Pues no parece que te estés escondiendo de nada!”, nadie sabe en realidad lo que te pasa por la cabeza y que evitas expresar.
Una de las ventajas de hacerte mayor es que por fin te resulta más fácil ignorar la opinión de los demás. A estas alturas ya hemos pasado por diferentes experiencias como para conocer nuestros verdaderos sentimientos y estamos listos para llevar la vida que habríamos llevado de haber creído que estaba bien hacerlo.
A veces, cuando pienso en todo el sufrimiento que hay en el mundo, me quedo maravillada al descubrir que debe de haber una tremenda fuerza opuesta que impide que la humanidad se destruya a sí misma por completo.
Cada segundo está naciendo y muriendo alguien. Los ciclos de la vida continúan girando alrededor del planeta a cada instante. Y cada segundo (al menos eso espero) alguien está teniendo un orgasmo extático en alguna parte con una persona a la que ama. Creo que este círculo éxtasis es seguramente la fuerza más importante y la que está impidiendo que el mundo se volatilice.
Mi padre vivió hasta los ochenta y cinco años y toda su vida fué una persona muy estimulante. Siempre decía: “¡Hay que tener un espíritu aventurero!”. Y él lo tenía a raudales. No lo demostraba sólo con las espectaculares aventuras de sus viajes por todo el mundo, sino afrontando la vida cotidiana. En su forma de conducir su descapotable incluso cuando llovía, porque “Sólo las gallinas echan la capota cuando llueve”. En su forma de enseñar a sus hijos pequeños los ejercicios de Stanislavsky para los actores en lugar de los juegos habituales infantiles. En su forma de llevar su gorra griega de marinero, aunque viviésemos en Texas, ¡por si la Marina griega le llamaba diciéndole que le necesitaba!. Mi padre era como la versión masculina de tía Mame, la protagonista de Mi tía y yo. Se entregaba de lleno a todo cuanto hacía, con pasión y con vigor. Un hombre como mi padre no recurría a las vitaminas para tener más energía, la buscaba en la misma vida, entregándose por completo a ella.
En la iglesia ortodoxa rusa hay un concepto de ser “poseedor de pasión”. Yo creo que esto es precisamente en lo que la edad madura nos convierte, en unos apasionados de la vida, en unas personas que ya han vivido lo bastante como para haber sentido tanto la pasión del dolor como la de los éxitos de la vida. En la medida en que manifestamos la alegría de alzarnos del espacio de nuestra propia resurrección, creamos el espacio para la inspiración y la victoria en la vida de otras personas.
El papel de las mujeres mayores coincide en dirigir las celebraciones tribales. Somos las detentoras del elemento del entusiasmo. Cuando ya has vivido y llorado lo suficiente, sabes que es una bendición tener algo que te haga sonreír. Las personas apasionadas por la vida no tienen una actitud positiva porque sean ingenuas, sino porque la conocen muy bien. Saben que pueden sufrir en cualquier instante. Y que cada día que pasan sin sufrir es un gran regalo que deben agradecer…”
-Marianne Williamson

#28. Receptividad

28. Receptividad

“Escuchar es uno de los secretos básicos para entrar en el templo de Dios.
Escuchar significa pasividad.
Escuchar significa olvidarte de ti completamente.
Sólo entonces puedes escuchar.
Cuando escuchas atentamente a alguien, te olvidas de ti mismo.
Si no te puedes olvidar de ti mismo, nunca escucharás.
Si eres demasiado auto consciente de ti mismo, simplemente aparentas que estás escuchando, pero no escuchas.
Puedes asentir con la cabeza; puedes algunas veces decir sí o no, pero no estás escuchando.
Cuando escuchas, tu te conviertes simplemente en un canal, en una pasividad, en una receptividad, en una matriz: te vuelves femenino.
Y para “llegar”, uno tiene que volverse femenino.
Tu no puedes llegar a Dios como invasor agresivo, como conquistador.
Solamente puedes llegar a Dios… o es mejor decir: Dios puede llegar a ti solamente cuando eres receptivo.
Cuando te conviertes en Yin, en una receptividad, la puerta se abre.
Y tú esperas.
Escuchar es el arte de volverse pasivo.”

-Osho A Sudden Clash of Thunder Chapter 5

La receptividad representa lo femenino; es la cualidad receptiva del agua y de las emociones.
Sus brazos se extienden hacia arriba para recibir y ella está totalmente sumergida en el agua.
No tiene cabeza, no tiene una mente ocupada y agresiva que oculte su receptividad pura y, a medida que se llena, está vaciándose continuamente, desbordándose y recibiendo más.
El modelo o matriz de loto que emerge de ella, representa la armonía perfecta del universo, que se vuelve evidente cuando sintonizamos al unísono con ella.
La Reina del Agua trae un tiempo de desapego y gratitud por lo que la vida nos trae, sin expectativas o demandas.
No importa ni el deber ni un pensamiento de mérito o recompensa.
La sensibilidad, la intuición y la compasión son las cualidades que brillan ahora, disolviendo todos los obstáculos que nos mantienen separados a unos de otros y del todo.

 

.for Now I Am Winter

winter

“Speak slowly, tongue of winter
Leak only strokes of bright moonlight.
These streets I’ve weaved with hunger
Repeatedly with white sheet eyes.
Quiver through the nights

Beneath a lonesome moon, I hear,
This city croons to me, no other.
With dark descending phantoms
Haunts hoary heads the longest wail

Their hollow beat of footsteps
Will follow me midst snowy trail

Beneath a lonesome moon, I hear,
this city croons to me, no other.
Releasing all too soon, I’m near;
To her my chest gives in, no other
(The grieving streetlights monitored me well, since all was but frost)…”

.el que esté más cerca

 el que esté más cerca

“Detrás de cada ser humano que pide ayuda,
puede que haya un millón o más en las mismas condiciones.
¿Cómo determinar cuál del millón de sonidos que te rodean
merece más atención que los otros?
No te demores con estas especulaciones.
Nunca lo sabrás, nunca necesitarás saberlo.
Estira tu brazo,
y toma a aquel que esté más cerca.”

-Norman Cousins

.mi sinfonía

 mi sinfonía

 

“Vivir contento con poca cosa;
buscar elegancia en vez de lujo;
refinamiento en lugar de moda;
ser meritorio, no prestigioso;
ser rico, no acaudalado;
estudiar mucho, pensar en silencio,
hablar con dulzura, actuar con franqueza;
enfrentarlo todo con una sonrisa,
hacer las cosas con coraje,
esperar la ocasión, no apurarme nunca;
en pocas palabras, permitir que lo espiritual, lo inconsciente y lo espontáneo
se haga lugar a través de lo ordinario.
Ésta será mi sinfonía.”

William Ellery Channing

#27. Sanación

27. Sanación

“Tú cargas tu herida.
Con el ego todo tu ser es una herida.
Y tú la llevas contigo.
Nadie tiene interés en hacerte daño.
Nadie está interesado en herirte intencionalmente; todo el mundo está ocupado en salvaguardar sus propias heridas.
¿Quién tiene pues la energía para hacerlo?
Pero aún así sucede, porque estás tan dispuesto a que se te hieran, tan dispuesto, solamente esperando, deseoso que suceda, cualquier cosa.
Tu no puedes tocar a un hombre del Tao.
¿Por qué?
Porque no hay nadie a quien tocar, no hay herida.
Él está sano, curado, es uno.
Esta palabra total es hermosa.
La palabra curar viene de total y la palabra sagrado también viene de total (del inglés heal y whole). Él es total, está curado, es sagrado.
Permanece atento a tu herida.
No le ayudes a crecer, deja que se cure; y será curada únicamente cuando vayas a las raíces.
Cuanto menos estés en la cabeza, más se curará la herida.
Sin cabeza no hay herida.
Vive una vida sin cabeza.
Desplázate como un ser total y acepta las cosas.
Sólo por veinticuatro horas inténtalo: aceptación total, suceda lo que suceda.
Alguno te insulta; acéptalo, no reacciones y observa lo que sucede.
De repente sentirás una energía fluyendo en ti que no has sentido antes.”

-Osho The Empty Boat Chapter 10

Es una época en la cual las heridas profundamente enterradas del pasado salen a la superficie, listas y dispuestas a ser curadas.
La figura en esta carta está desnuda, vulnerable, abierta al toque amoroso de la existencia.
El aura alrededor de su cuerpo está llena de luz y, la cualidad de relajación, de cuidado y amor que le rodea, disuelve su lucha y sufrimiento.
Lotos de luz aparecen en su cuerpo físico y alrededor de los cuerpos sutiles de energía que dicen los curadores que nos rodean.
En cada uno de estos niveles sutiles aparece un cristal curativo o un patrón.
Cuando estamos bajo la influencia curativa del Rey del Agua, ya no nos ocultamos más de nosotros mismos o de otros.
En esta actitud de apertura y aceptación podemos ser curados y ayudar a otros a estar sanos y totales.

 

.la próxima vez

La próxima vez
“La próxima vez lo que haría es
mirar la tierra antes de decir algo.
Detenerme justo
antes de entrar en una casa,
y ser emperador por un minuto
y escuchar el viento
o el aire inmóvil.Cuando alguien me hablase,
para culparme o alabarme
o sólo para pasar el rato,
le miraría la cara,
cómo la boca debe trabajar,
y vería cada tensión,
cada signo de lo que alzó la voz.Y sobre todo, conocería más
la tierra apoyándose en sí misma y levantándose,
el aire encontrando cada hoja
y cada pluma sobre el bosque y el agua,
y en cada persona el cuerpo resplandeciendo dentro de la ropa
como una luz.”
-Mary Oliver

.justo a tiempo

 justo a tiempo

“Llegas a la edad madura habiendo reunido algunas importantes pistas sobre tí. Tu misión ahora consiste en descubrir lo que significan.
Muchos de nuestros problemas personales, por no decir todos, vienen de la infancia, para ser más concretos, de nuestra familia de origen. En el inicio de la adultez es cuando a menudo realizamos la gran huída, ya que intentamos escapar de nuestros problemas evadiéndonos de nuestra familia. Pero al final acabamos comprendiendo que sólo haciendo frente a esos problemas a esos problemas podemos evitar sus consecuencias a lo largo de nuestra vida.
Nuestra familia es a menudo un microcosmos del mundo que encontraremos, tanto si viajamos a un lejano país como si apenas nos alejamos de casa. Las lecciones que debemos aprender aprender en la vida tienen que ver con la fragilidad del corazón y la nobleza del espíritu humano; con el sufrimiento de la existencia humana y las luchas para sobrevivir a esa experiencia; con las risas y la alegría que sentimos cuando nuestros hijos están bien, y con las lágrimas y la tristeza que experimentamos cuando el amor y la vida de alguien se termina. No necesitaba irme de casa para aprender todo esto. Pero si me lo hubieran dicho hace treinta años, no me lo hubiera creído.
Tanto si tu infancia fue buena como si no lo fué, la llevas en tus células. Te ha dejado unos hábitos mentales y con ellos unas formas de actuar que han regido tu vida durante décadas. Si te apreciaron en la infancia, habrás atraído a personas que te aprecian. Inconscientemente te has sentido atraído por personas por personas y situaciones que reflejan perfectamente el drama de tu infancia.
Parafraseando al novelista William Faulkner: “El pasado no está muerto. En realidad ni siquiera forma parte del pasado”. Hasta que no afrontemos el drama más profundo de nuestro pasado, no podremos evitar volver a representarlo. Cuanto más ignoramos las heridas de nuestra infancia, más se ulceran y agrandan. Hasta que no curemos al niño o a la niña que éramos, no podremos convertimos en el adulto que deseamos ser.
Hasta que no perteneces a la generación que será la siguiente en abandonar este mundo no sientes que tienes todo el peso y el poder para ser la estrella en tu propia vida. Y también es al sentir la tristeza que nos produce ver envejecer a nuestros padres y el dolor de su desaparición cuando sabemos -como mi padre solía decirme- que la muerte forma parte de un mayor misterio. Ahora cuando pienso en él sonrío el ver que no es un anciano.
Despues de morir mi padre sentí su presencia a mi alrededor. Juraría que me dijo en voz baja: “¡Oh, asi que ésta es la persona que eres!”.
Era evidente que cuando estaba en este mundo no me había percibido plenamente.
Pero en cuanto se fué de él, sentí que lo hacía.
Y ahora puedo sentir que lo sigue haciendo.
Por excelente que fuera para mí como padre, siempre había unos límites en aquello que hacía porque también los había en aquello que podía ver.
Pero aunque se muriera, nuestra relación no se terminó, simplemente pasó a la siguiente etapa. Y lo que ahora él me da es la pureza del espíritu, compensa con creces lo que no me reveló cuando vivía en la Tierra. Mi padre simplemente no envejeció ni murió. Al final, después de su muerte, incluso se ha convertido más aún en quien él es.
Y yo también.
En la edad madura, el nombre del juego es “cambia”: podemos despedirnos con elegancia de quien hemos sido hasta ahora, volviéndonos incluso más trascendentes aún, o podemos optar por hacer lo mismo pero con ira, con lo que nuestra vida se volverá más amarga y caótica todavía.
Cada momento es una oportunidad para exhalar viejas energías e inhalar una nueva vida ; para exhalar el miedo el inhalar el amor; para exhalar las pequeñeces e inhalar lo que es importante; para exhalar la fatuidad e inhalar la grandeza. El renacimiento es el proceso gradual de aceptar y dar la bienvenida a la persona que deseas ser.
Creo que la mayoría de las personas tenemos un sueño, una aspiración secreta que nunca reconocemos ante los demás por miedo a que se rían de nosotros. Sin embargo, conservamos este sueño como una imagen que nunca llega a desaparecer.
En la edad madura empiezas a preguntarte por qué no te has olvidado aún de esta imagen. Se te ocurre pensar que quizá sea tu destino, sembrado en tu cerebro como una pequeña aunque poderosa semilla. Empiezas a preguntarte si el sueño aún sigue ahí porque se supone que debes vivirlo. Quizá tu subconciente te está intentando enviar un mensaje sobre algo muy importante.
Una vez que hemos llegado a cierta edad, tendemos a calibrar de nuevo nuestras expectativas. La parte de tu vida que ya has dejado atrás, con todas las alegrías y penas que la han acompañado, ha sido un campamento de estrenamiento espiritual. Un período de gestación para la vida que te queda. El sueño secreto que has estado cobijando todo el tiempo, aunque incluso negaras su realidad, se ha negado a desaparecer y está listo al fin para cobrar vida.
En algunas ocasiones he oído una voz en mi cabeza con tanta claridad como si alguien me estuviera hablando al lado. Una vez, durante una temporada tan oscura que creí no poder superarla, oí estas palabras: “Esto no es el final. Es el principio”. Y así fue.
Una nueva vida no surge de las estrategias, sino del carácter. Antes de verlo, quizá creas que hacer planes y proyectos para el futuro, o cualquier otra cosa parecida, son las claves para el camino que tienes por delante. Pero las verdaderas claves para la victoria se encuentran en tu interior. Tu modo de actuar tiene que estar en armonía con tu forma de ser, de lo contrario esta incongruencia saboteará tus planes más brillantes.
Si fracasas en el arte de ser humano y de seguir comportándote como tal, están tentando a la suerte para que te ocurra un desastre. Sin embargo, ¿cómo podemos transformarnos a nivel personal?
En la edad madura decidimos, a sabiendas o sin saberlo, si tomamos el camino de víctima o el del ave fénix que renace de las cenizas.
Crecer interiormente puede ser duro y desarrollar un nuevo yo es difícil. Hacernos mayores es algo que ocurre de manera natural, en cambio volvernos sabios es otra cosa muy distinta. Y en un momento u otro de la vida a la mayoría nos han herido interiormente. Nos hemos sentido decepcionados. Nuestros sueños han muerto y nos ha costado mucho perdonarnos a nosotros mismos o a los demás. El reto de la etapa de la edad madura no consiste en saltarnos las decepciones de la vida, sino en trascenderlas. Las trascendemos al aprender las lecciones que nos han enseñado, por dolorosas que hayan sido, para salir al otro lado preparados para crear, con la ayuda de Dios, una nueva vida.
Aunque nada de esto es fácil.
El ego no tiene la menor intención de dejar que crezcamos más radiantes y animosos con el paso de los años. Ni tampoco quiere dejarnos ser unos seres espirituales más ricos y dichosos; hará lo que sea para impedírnoslo. Su plan es destruír este sueño, no sólo destrozándonos el cuerpo, sino también el corazón.
Ninguno de nosotros puede evitar la noche, por más que intentemos prolongar el día. Y la noche tiene sus propias lecciones que ofrecernos. En un determinado momento de la vida, nuestro destino es simplemente enfrentarnos a nosotros mismos: nos vemos obligados a sacar a la luz todas nuestras heridas y a transformarlas o a empezarlas o a empezar a morir a causa de ellas.
Si crees, al contemplar tu vida, que has forcejeado con tus instintos básicos y que no siempre has vencido, no te preocupes, porque a casi todos nos ocurre lo mismo. Son muy pocos los que llegan a la edad madura sin sufrir. Y tanto si reconoces tus lágrimas como si no -tanto si les das o no la oportunidad de rodar por tus mejillas-, sin duda están ahí.
Nuestra generación, arrogante en su modernidad, creyó que éramos invulnerables a los antiguos mitos y arquetipos. Creíamos poder evitar el descenso al mundo psíquico de las profundidades hasta que comprendimos que nadie puede hacerlo y que nadie lo hace. Y hay una razón para ello. El mundo de las profundidades del dolor y la crisis personal, aunque sea difícil, es la tierra necesaria para cultivar las virtudes y el talento que estamos destinados a encarnar.
Cuando aprendemos a afrontar cómo hemos creado nuestros problemas, éstos se transforman en medicina.
Un día comprenderás que la medicina espiritual -que suele ser tan amarga de tomar- te salvó la vida.
Tanto si se trata de un divorcio, una enfermedad, la ruina económica o cualquier otra clase de pérdida, al final verás que la crisis por la que pasaste era en realidad el inicio de la plenitud de tu yo.
Después de haber experimentado el fuego de la iniciación y sobrevivido a sus ardientes llamas, puedes ahora ayudar a los demás de una forma totalmente distinta. Al ser un testimonio viviente de una vida transformada, llevas en las células un conocimiento sagrado y en la mente y el corazón un fuego sagrado. No es el fuego de la juventud, sino el de Prometeo, que emergió con la luz que iluminaría el mundo. Es una luz que sólo puedes haber conseguido al enfrentarte a alguna versión de tu infierno personal y ahora eres inmune a las hogueras que arden a tu alrededor. A veces sólo un fuego puede apagar otro fuego y ahora es esta clase de fuego el que arde en tí. No se trata del fuego de tu destrucción, sino del fuego de tu victoria.
Es el fuego de la edad madura…”

-Marianne Williamson

#26. Juego

26. Juego

“En el momento que empiezas a ver la vida como algo que no es serio, como un juego, todas las cargas sobre tu corazón desaparecen.
Todo el miedo a la muerte, a la vida, al amor: todo desaparece.
Uno empieza a vivir con un peso muy ligero o casi sin peso.
Tan ligero se vuelve uno que puede volar al cielo abierto.
La contribución más grande del Zen consiste en dar una alternativa al hombre serio.
El hombre serio ha hecho el mundo, el hombre serio ha creado todas las religiones.
Ha creado todas las filosofías, todas las culturas, todas las moralidades.
Todo lo que existe alrededor tuyo es una creación del hombre serio.
El Zen ha abandonado el mundo serio.
Ha creado un mundo propio que es muy divertido, lleno de risa, en donde incluso los grandes maestros se comportan como niños.”

-Osho Nansen: The Point of Departure Chapter 8

Muy rara vez la vida es tan seria como creemos que es y, cuando reconocemos este hecho, nos responde dándonos más y más oportunidades para jugar.
La mujer en esta carta celebra el gozo de estar viva, como una mariposa que ha emergido de su crisálida hacia la promesa de la luz.
Ella nos recuerda la época en que éramos niños descubriendo conchas en la playa, o construyendo castillos en la arena sin ninguna preocupación por las olas que pudiesen venir y llevárselos al siguiente momento.
Ella sabe que la vida es un juego y ahora mismo juega el rol de un payaso, sin ningún sentido de vergüenza y sin pretensiones.
Cuando el Paje del fuego entra en tu vida, es señal de que estás preparado para lo fresco y lo nuevo. Algo maravilloso está justamente en el horizonte y tienes precisamente la cualidad apropiada de inocencia juguetona y claridad para darle la bienvenida con los brazos abiertos.

#25. Intensidad

25. Intensidad

“El Zen dice:
piensa en todas las grandes palabras y en las grandes enseñanzas como en tus enemigos mortales. Evítalas, porque tienes que encontrar tu propia fuente.
No tienes que ser un seguidor, un imitador.
Tienes que ser un individuo original; tienes que encontrar tu esencia más profunda por ti mismo, sin guía, sin escrituras que te guíen.
Es una noche oscura, pero con el fuego interno de la investigación estás destinado a llegar al amanecer.
Todos los que se han encendido con la investigación intensa han encontrado el amanecer.
Otros solamente creen.
Aquellos que creen no son religiosos.
Al creer están evitando simplemente la gran aventura de la religión.”

-Osho Zen: Turning In Chapter 10

La figura de esta carta ha tomado la forma de una flecha, moviéndose con el enfoque preciso de uno que sabe exactamente hacia dónde se dirige.
Se desplaza con tal rapidez que se ha vuelto casi energía pura.
Pero su intensidad no debería de confundirse con la energía maniática que mueve a la gente a conducir sus coches a toda velocidad para llegar del punto A al punto B.
Este tipo de intensidad pertenece al mundo horizontal del tiempo y espacio.
La intensidad que se representa en el Caballero del Fuego pertenece al mundo vertical del momento presente; es un reconocimiento de que el ahora es el único momento que hay, y que aquí es el único espacio.
Cuando actúas con la intensidad del Caballero del Fuego, es como si crearas ondas de agua alrededor tuyo.
Algunos sentirán refrescados y más ligeros en tu presencia y otros pueden sentirse amenazados o preocupados.
Pero la opinión de otros importa poco; nada puede contenerte en este momento.

.belleza

Belleza

 

“Rosas lavanda.
Encarnan la fragancia.
Matiz sacerdotal del amanecer,
Se despliega el espíritu.

Incluso en el camino al infierno, las flores pueden hacerte sonreír. Son frágiles, efímeras, fieles a sí mismas. Nadie puede alterar su naturaleza. Cierto, puedes destruirlas fácilmente, pero no ganarás nada a cambio; no puedes forzarlas a someterse a tu voluntad.

Las flores despiertan en nosotros el instinto de protegerlas, de apreciarlas, de resguardarlas. Este mundo es demasiado feo, demasiado violento. Debe haber algo delicado que cuidar. El hacerlo es elevarse sobre lo bestial y avanzar hacia lo refinado. Cuando ofrecemos flores en nuestro altar, estamos ofreciendo un regalo elevado. El dinero es demasiado vulgar, el alimento demasiado prosaico. Sólo las flores son inmaculadas. Al ofrecerlas, ofrecemos pureza.

La ternura de las flores despierta piedad, compasión y comprensión. Si esa belleza es delicada, tanto mejor. La vida misma es efímera. Deberíamos darnos el tiempo para apreciar la belleza en medio de la temporalidad.”

Maestro Deng Ming-Dao
Traducción de Karin Usach

 

 

#24. Compartiendo

24. Compartiendo

“A medida que te mueves hacia arriba, hacia el cuarto centro que es el del corazón, toda tu vida se convierte en un compartir amor.
El tercer centro ha creado la abundancia de amor.
Al llegar al tercer centro en la meditación, tienes tanta sobreabundancia de amor, de compasión, que quieres compartir.
Esto sucede en el cuarto centro, en el corazón.
Es por esto que, incluso en el mundo ordinario, la gente piensa que el amor viene del corazón.
Para ellos es simplemente algo que han escuchado; no lo conocen porque nunca ha llegado a su propio corazón.
Sin embargo, el meditador llega finalmente al corazón.
Cuando ha alcanzado el centro de su ser, el tercer centro, de repente una explosión de amor y comprensión, compasión y gozo y dicha y bendición surge en él con una fuerza tal que golpea el corazón y lo abre.
El corazón está simplemente en medio de tus siete centros: tres centros por debajo, tres centros por arriba; has llegado exactamente a la mitad.”

-Osho The Search: Talks on the Ten Bulls of Zen Chapter2

La Reina del Fuego es tan rica, tan reina, que puede permitirse el dar.
Ni siquiera se le ocurre hacer inventarios o guardar algo para más tarde.
Ella dispensa sus tesoros sin limitaciones, aceptando y dando la bienvenida a lo más diverso para que participe en la abundancia, en la fertilidad y la luz que le rodea.
Al sacar esta carta se te sugiere que tú también estás en una situación en la que tienes la oportunidad de compartir tu amor, tu alegría y tu risa, y al compartir encuentras que te sientes incluso más lleno.
No hay necesidad de ir a ninguna parte o de hacer un esfuerzo en especial.
Te das cuenta de que puedes disfrutar de la sensualidad sin posesividad o ataduras, que puedes dar a luz a un niño o a un nuevo proyecto con un igual sentido de plenitud en la creatividad.
Todo lo que hay alrededor tuyo parece como si se estuviera unificando ahora. Disfrútalo.
Enraízate en ello y deja que la abundancia en ti y alrededor tuyo se derrame.

 

.crees en la magia?

crees en la magia

“No debemos dejar de explorar,
y al final de nuestra exploración
llegaremos al punto de partida
y conoceremos el lugar por primera vez”
-T.S.Elliot
“En un determinado punto de tu vida eres más aquél en que te has convertido y menos aquél en que te estabas convirtiendo.
Lo que solías considerar como el futuro se ha convertido en el presente  y no puedes evitar preguntarte si tu vida no habría sido mejor si la hubieras vivido más plenamente.
Pero, ¿cómo podrías haberlo hecho?. ¡Estabas demasiado ocupado en el futuro!
En cuanto has pasado una cierta edad, apenas puedes creer que hayas desperdiciado un minuto de tu juventud sin disfrutar de él. Y lo último que quieres es perderte un instante más de tu vida al no ser consciente de lo que está ocurriendo en ella. Por fin has comprendido -no sólo teórica sino también visceralmente- que el momento presente es todo cuanto tienes.
Ya no cierras más los ojos y te preguntas quién serás al cabo de veinte años; si eres listo, estudias el video de tu existencia actual para observar qué es de tu vida ahora. Ves el presente como un acto de creación. Observas con más atención tus pensamientos, tu conducta y tus relaciones con los demás. Comprendes que, si afrontas la vida con miedo y separación, no puedes esperar sentir más que miedo y separación.
Intentas aumentar tus virtudes y reducir tus defectos.
Contemplas tus heridas y le pides a Dios que te las cure. Le pides que te perdone por las cosas de las que te averguenzas haber hecho. Ya no intentas encontrar la satisfacción en nada fuera de ti, ni necesitas fuera de ti, ni necesitas a otras personas para sentirte completo, ni buscas la paz interior en el pasado o en el futuro. Tu eres la persona que eres y no eres la que un día puedes llegar a ser. Lo curioso del caso es que, al concentrarte en lo que eres y en tu vida actual, descubres para tu sorpresa que la diversión del viaje que realizas se encuentra en el viaje en sí.
Querido Dios,
te ruego que ensanches mi estrecha mente.
Abre mis enturbiados ojos para que vea con claridad.
No dejes que me  pierda lo mejor de mí.
Ayúdame a no desperdiciar mi vida.
Prepara mi corazón para una vida mejor.
Amén.
Un día al mirarme al espejo sentí lástima por mí misma.
“¡Oh!, recuerdo cuando era joven -pensé- . Tenía la piel más tersa, los pechos más altos, el trasero más firme, todo mi cuerpo era voluptuoso. Tenía mucha más energía y prácticamente brillaba con luz propia. ¡Ojalá me hubiera dado cuenta entonces…! Y ahora ya nunca volveré a ser joven…”
Pero entonces una voz en mi cabeza intervino diciendo:
“¡Oh!, Marianne… ¡Callate! Déjate que te recuerde cómo te sentías cuando eras más joven -me dijo-. Estabas desquiciada, tenías el corazón agitado, la mente desordenada, unos apetitos adictivos, unas trágicas aventuras sentimentales y un talento malgastado. Además habías desperdiciado un montón de oportunidades y tu mente nunca se sentía en paz.
“Lo que hiciste entonces es exactamente lo que estás haciendo ahora. Sigues pensando que si tu vida fuera distinta, serías feliz. En aquella época querías un hombre, un trabajo o unos cursos para sentirte segura, y ahora quieres seguir siendo joven.
Acepta la realidad: en aquella época lo tenías todo, pero no lo valorabas. Tenías el mundo a tus pies y lo ignorabas.
“¿Sabes cómo te sentías entonces? ¡Exactamente como te sientes ahora!”
Así fué como empecé a recuperarme de mi “juventitis”. De vez en cuando vuelvo a caer en lo mismo, pero a medida que pasa el tiempo he aprendido a salir de ese estado cada vez más rápidamente. He compendido que no es más que el hábito mental de idealizar otra época, otro estado, otra realidad, como una forma de evitar la realidad de mi vida actual.
Y al evitar la realidad de las circunstancias presentes, nos perdemos los milagros que nos ofrecen. Todos lo hacemos, porque el Ego funciona de este modo. Pero todos podemos observar este engañoso hábito y cultivar la perspectiva más real de ver que, dondequiera que estemos, es el lugar perfecto; sea cual sea el momento, es el momento perfecto. Pero esto no significa que no podamos o no debamos mejorar las cosas, sobre todo a nosotros mismos, sino que al pensar: “Si fuera más joven, las cosas me irían mejor”, lo más seguro es que envejezcamos sufriendo.
El yo físico envejece, como es natural, pero el yo espiritual no lo hace.  A medida que nos identificamos más con la dimensión espiritual de nuestra vida, nuestra experiencia empieza a cambiar de lo mutable a lo inmutable, de lo limitable a lo ilimitado, del miedo al amor. A medida que nuestro viaje por el tiempo lineal se acorta, nuestra conciencia puede ensancharse. Y, al hacerlo, el tiempo cambia. Cuanto más profundizamos en el amor y en la esencia de las cosas, más actualizamos nuestro potencial en la tierra. Comprender lo inmutable es la clave de nuestro poder en un mundo mutable. Al alinearnos con el yo eterno, no envejecemos en una linea recta que nos lleva de una exuberante juventud a una decrépita vejez, sino que es como una flor de loto abriéndose cada vez más a la luz del sol. Y envejecer se convierte entonces en un milagro.
Físicamente, nos facemos mayores y, después, morimos. Sin embargo, espiritualmente, avanzar o retroceder no es una cuestión del cuerpo, sino de la conciencia. Cuando vemos el envejecer de distinta forma, nuestra experiencia de la vejez cambia. Podemos ser físicamente mayores, pero emocional y psiciológicamente más jóvenes. Algunas personas estábamos en un estado de decadencia a los veinte y ahora estamos en un estado de renacimiento a los sesenta o a los setenta. El rey Salomón, que se supone era el más sabio entre los hombres, describió su juventud como el invierno y su avanzada edad como el verano. Podemos tener más años que antes y sin embargo sentirnos mucho más jóvenes de lo que somos.
En la edad madura ves de pronto el final donde antes veías una vida ilimitada. Ahora sabes visceralmente que tu existencia no durará siempre. Que ya no te queda más tiempo para dar unos rodeos de cinco años. Ni para captar mal las cosas. Ni para mantener  relaciones inútiles o permanecer en situaciones que no te parecen auténticas. Ya no te queda tiempo para pequeños devaneos, para sentir un falso orgullo o para cualquier obstáculo que emerja de las oscuras aguas de tu psique que te impide sentir la alegría a la que tienes derecho. Ahora deseas convertirte en un instrumento de precisión, concentrándote exactamente en lo que deseas hacer y siendo exactamente lo que necesitas ser.
Según la antigua filosofía asiática, la vida no es un círculo sino una espiral. Cada lección que la vida te ofrece (todo aquello por lo que has pasado) te volverá otra vez bajo una forma u otra hasta que te la aprendas. Y cada vez será más importante lo que esté en juego. Sea lo que sea que aprendas, te dará un mayor fruto. Y sea lo que sea lo que no hayas sabido aprender, te generará unas consecuencias más duras.
Aquello que no te ha funcionado en la vida hasta ahora reflejaba que aún no habías integrado tus distintas partes. Aquello que todavía no aceptabas de tí, lo atraías como una falta de aceptación por parte de los demás. Cuando no has afrontado aún tus sombras, creas situaciones llenas de sombras. Tus partes rotas se encontraban en las partes rotas de los demás. ¡Ahora ya lo sabes! Pero esto te ocurrió en el pasado, ahora es distinto.
La edad madura es nuestra segunda oportunidad.
Si deseas pasar los días que te quedan recreando los dramas del pasado, tú mismo. Revivirás el mismo guión una y otra vez. Siempre ocurre. Pero si lo deseas puedes volver a escribirlo de una forma sorprendente, superar con creces el anterior y triunfar por todo lo alto.
Querido Dios,
deseo cambiar mi vida,
por eso te ruego, Dios mio,
que me cambies.
Saca de mi mente los prejuicios
y de mi corazón cualquier miedo.
Quítame las cadenas que me atan
y libérame para manifestar mi verdadero yo.
Amén.
El mundo no es mejor por el hecho de haber perdido su ternura. La crueldad y el cinismo de nuestra época, el sarcasmo reflexivo que se hace pasar por reflexiones inteligentes, la desconfianza y los juicios sobre todo el mundo y sobre todo, éstas son las consecuencias tóxicas de una visión desencantada del mundo.
Muchas personas queremos bajarnos de esta rueda del sufrimiento.
No queremos aceptar que una situación deba ser como es.
Queremos atravesar el velo ilusorio que nos separa de un mundo de infinitas posibilidades.
Deseamos otra clase de vida -para nosotros y para el mundo- y nuestro profundo deseo de alcanzarla aumenta a medida que nos hacemos mayores.
En la edad madura nos encontramos ante una encrucijada: o bien aceptamos la visión moderna y materialista del mundo, en cuyo caso seguimos cobijándola hasta el fin de nuestros días, o bien consideramos que nuestra visita a un mundo desencantado fué simplemente un error – el exilio arquetípico del Jardín del Edén- y que ahora al menos podemos volver al jardín elegido que más se parezca al Paraíso. Quizá la visión encantada de nuestra niñez no era una fantasía, sino una realidad que aún podemos reclamar. Quizás hay una puerta que da a los reinos milagrosos y que está esperando a que la abramos.
Podemos considerar que tal vez hay otro camino: nuestra dulzura interior, el único lugar donde nos sentiremos realmente seguros. El conocimiento místico es un rayo de luz, el beso de Dios que nos transformade nuevo en lo que realmente somos. Al recibirlo nos desprendemos de la carga de nuestro yo falso y dejamos que nuestro verdadero yo se manifieste.
En nuestra calidad de personas maduras poseemos un elixir espiritual único en su género.
Tras haber visto nuestra propia oscuridad y la de los demás, nos hemos vuelto más humildes ante la luz.
Al haber dejado atrás la oscuridad, hemos desarrollado una devoción hacia Dios que nos ha liberado de ella.
Después de haber cometido tantos errores, sabemos lo que significa ser perdonado por ellos.
Después de haber sufrido, somos más compasivos con el sufrimiento humano.
Todas estas cosas ya no son unos simples conceptos abstractos para nosotros, sino unos principios que llevamos en el cuerpo.
Y en algunos aspectos, ahora somos mucho más fuertes de lo que podíamos haber sido en el pasado. Y el mundo necesita esta fuerza.
Estamos entrando en una época en la que nuestras virtudes internas, más que las externas, serán los recursos más importantes para la renovación y la recuperación de la humanidad.
Sean cuales sean los poderes que hayamos perdidos con la edad, no son nada comparados con los poderes que podemos ganar con ella.
Desprenderse de algo que no tiene sentido es sumamente agradable por la simple razón de que hemos acumulado demasiado cosas y ahora estamos preparados para seguir avanzando más ligeros.
La edad madura consiste en desprendernos de aquello que ya no necesitamos, no porque nuestra vida vaya a partirde ahora cuesta abajo, sino cuesta arriba. Y al viajar cuesta arriba simplemente nos deshacemos de parte del equipaje.
Quizá haya una sabiduría más natural de lo que creemos en lo que ahora nos ocurre. La única forma de envejecer en paz es afrontando con respeto lo que la experiencia nos exige. Cada vez que debemos desprendemos de algo, hay un tesoro escondido en la experiencia. No puede surgir nada nuevo sin que desaparezca algo antiguo.
Por fin entraste en todas las habitaciones, encendistes todas las luces y te instalaste en la morada de tu ser.
Qué interesante es ver que el espíritu comienza a abrirse cuando el cuerpo comienza a decaer.
Ver envejecer nuestro cuerpo es toda una lección de humildad.
El arco de la historia humana está codificado en nuestras células: los huesos, los músculos, los órganos y el sistema reproductor, todo ello funciona a otro ritmo en la edad madura, en un inconfundible viaje hacia esperemos que una lejana aunque inevitable mierte. Y sin embargo podemos hacer muchas cosas para revitalizar el cuerpo, como por ejemplo revitalizar la mente. Podemos de muchas formas transformar las fuerzas de la muerte en una vida renovada y santificada.
Podemos tratar el cuerpo no como algo que empieza poco a poco a fallarnos, sino como a nuestro compañero en el renacer. Si nos identificamos sólo con el mundo material, la vejez se deslizará silenciosamente en nuestra vida como un huésped no deseado. Pero si nos identificamos también con nuestra existencia espiritual, nuestra actitud hacia el cuerpo será entonces la de sentir un profundo aprecio y gratitud hacia él. Después de todo, es la morada en la que vive nuestro espíritu. Cuando caminamos, vamos en bicicleta, hacemos yoga, levantamos pesas, ingerimos una comida sana, tomamos infusiones y vitaminas o hacemos cualquier cosa para cuidar el cuerpo, no sólo estamos evitando la muerte sino afirmando la vida. Con cada estiramiento del cuerpo, ayudamos a estirar la mente. Con cada estiramiento de la mente, ayudamos a estirar el cuerpo. Al estirar uno, renovamos los dos.
Según la literatura espiritual, el cuerpo seguirá con nosotros mientras le sirva al alma para la función que ha venido a hacer en este mundo…”
 
-Marianne Williamson

 

.el largo y sinuoso camino

el largo y sinuoso camino

“Los años pueden golpearte como si te hubiera arrollado un camión, robándote la juventud.
Durante años vives simplemente simplemente intentando reaccionar a ello, sintiéndote más identificado  con lo que has dejado de ser que con lo que ahora eres.
Sin embargo, poco a poco pero con constancia, va entrando en la siguiente etapa de tu vida, que es distinta, pero no necesariamente menos rica que la otra.
De ti depende que sea más o menos satisfactoria.
Recuerdo haber comprado hace varios años un cd de Joni Mitchell.
En la carátula aparecía un autorretrato suyo sosteniendo una copa de vino tinto: me senté y contemplé la imagen durante varios minutos antes de poner la música.
Y cuando lo hice, me quedé horrorizada. Parecía otra cantante, no sonaba como la Joni que yo conocía. “¡Oh, Dios mío, ha perdido la voz!”, pensé.
Aquella cualidad dulce y aguda de su voz había desaparecido.
Yo, que había estado escuchando a Joni Mitchell durante Mitchell durante décadas, ahora no la reconocía.
Durante cinco minutos estuve dándole vueltas a cómo Joni Mitchell ya no podía cantar como antes.
Pero entonces me puse a escucharla con detenimiento y descubrí que la voz que antes tenía no podía competir con magnificencia con la que ahora había adquirido.
Su voz revelaba una nueva profundidad, un anhelo que cuando era joven no tenía.
En alguna parte entre su alma y su garganta, su pasado y su presente, sus buenas canciones pop se habían alquimizado en un arte sublime.
Las melodías alegres e ingeniosas se habían convertido en un grito profundo, descarnado y enternecedor que provenía del centro de todo.
Joni había ido a un lugar lleno de poder que era cualquier cosa, salvo “inferior que” otra experiencia anterior.
Alguien que ya era una mujer increíble se había convertido en una diosa.
Querido Dios.
bendice cada etapa
de mi vida.
que mis temerosos pensamientos
no bloqueen tus milagros.
Que al envejecer, el amor que siento por ti aumente.
Querido Dios, que ni
en este sentido ni en cualquier otro
el mundo me impida
verte.
Amén.”
-Marianne Williamson

#23. El Creador

23. El Creador

“Hay dos tipos de creadores en el mundo.
Un tipo de creador trabaja con objetos – un poeta, un pintor, ellos trabajan con objetos, ellos crean cosas.
El otro tipo de creador, el místico, se crea a sí mismo.
El no trabaja con objetos, él trabaja con el sujeto; trabaja en sí mismo, en su propio ser.
Y él es el verdadero creador, el verdadero poeta, porque se convierte a sí mismo en una obra maestra. Tu estás llevando una obra maestra dentro de ti, pero estás obstruyendo el camino.
Quítate a un lado, entonces la obra maestra será revelada.
Todos son obras maestras, porque Dios nunca da nacimiento a nada menor que eso.
Todos llevan esa obra maestra escondida por muchas vidas, sin saber quienes son e intentando, sólo en la superficie, ser alguien.
Suelta la idea de llegar a ser alguien, porque ya eres una obra maestra.
No puedes ser mejorado.
Sólo tienes que llegar a él, conocerlo, realizarlo.
Dios mismo te ha creado; no puedes ser mejorado.”

-Osho Ah, This! Chapter 1

El maestro Zen de este naipe ha manejado la energía del fuego y es capaz de usarlo para la creatividad en vez de la destrucción.
Él nos invita a reconocer y participar con él en la comprensión que es de aquellos que han dominado los fuegos de la pasión, sin reprimirlos ni permitiendo que se tornen destructivos y desequilibrados.
Él está tan integrado que ya no hay ninguna diferencia entre quien es él por dentro y quien es él por fuera.
Él ofrece este don de la comprensión y la integración a todos aquellos que vienen a el, entregando el don de la luz creativa que surge desde el centro de su ser.
El Rey del Fuego nos dice que cualquier cosa que emprendamos ahora, con la comprensión que viene de la madurez, enriquecerá nuestras vidas y las de los demás.
Usando todas las herramientas que tienes, todo lo que has aprendido de tu propia experiencia de vida, ya es tiempo que expreses lo tuyo.

 

.envejecer

envejecer

“Damos el paso a la tarde de la vida sin estar
en absoluto preparados para ello; peor aún,
lo damos suponiendo de manera equivocada
que nuestras verdades e ideales nos servirán como hasta ahora.
Pero no podemos vivir la tarde de la vida según el programa
de la mañana; ya que lo que nos iba bien por la mañana
apenas nos servirá por la noche y lo que era cierto
por la mañana se habrá convertido por la noche
en una mentira…”
-Carl Jung (“Las etapas de la vida”)

“Arrugas.
Olvidos.
No puedes recordar lo que hiciste ayer.
En­cuentras tus gafas en la nevera.
La piel de tus muslos ha perdido su tersura.
Tienes el trasero demasiado blando.
La gente más jo­ven te llama «señora» (o «señor»).
Solías poder compaginar mu­chas más cosas que ahora.
Ya no te reconoces al mirarte al espe­jo.
Los jóvenes te dan envidia.
No puedes creer que no valoraras la juventud cuando la tenías.
Ahora te sientes invisible.
No cono­ces los grupos musicales actuales.
Antes estabas en la onda, pero por lo visto ya no lo estás…
Si cualquiera de estas cosas te resulta familiar, bienvenido al territorio.
Quizá te iría bien utilizar unas capas frescas de clarivi­dencia para que te ayuden a navegar en arenas movedizas.
Cada experiencia nueva te obliga a elegir, y envejecer no es una excepción.
Cómo la época en la que «ya no eres joven» se des­plegará ante ti —la forma en que vivirás en el espacio de la edad madura y más allá de él— es una pregunta que sólo tú puedes responder.
Si eliges el camino de oponer la mínima resistencia —no en el sentido taoísta del no-actuar, sino motivado por la pereza—, entonces el peso de las circunstancias te acabará abru­mando.
Envejecerás con poca elegancia o alegría.
Pero si reclamas otra posibilidad para ti, abrirás la puerta a algo definitivamente nuevo.
Al considerar que es posible que haya otro camino, harás que ocurra un milagro.
Allanarás otra senda, fabricarás unas nuevas sinapsis en tu cerebro y darás la bienvenida, física y espiritualmente, a unas nuevas energías que de lo contrario no habrían encontrado en ti un hogar que las acogiera.
Millones de personas estamos entrando en un espacio que nos hubiera gustado evitar, pero que no podemos seguir evitan­do.
Sin embargo, al observarlo con más detenimiento descubri­mos que no es tan horrible como creíamos…, quizá sólo necesi­tamos volver a diseñarlo. Y entonces será en muchos sentidos un espacio nuevo.
La edad madura no es sin duda un territorio nuevo, lo que es nuevo es cómo muchas personas buscamos algo que trasciende las reglas prescritas culturalmente en torno a ella.
Podemos vivir nuestra vida motivados por las circunstancias o por una visión.
Y al llegar a la edad madura podemos forjarnos una nueva visión, una nueva forma de interpretarla, para trascender las limitadas formaciones mentales que han estado definiendo los parámetros de la edad madura durante generaciones.
Las circunstancias son las mismas, pero nuestra experiencia de ellas no.
Cada situación, la experi­mentamos en el contexto de la conversación que la rodea, tanto en nuestra cabeza como en nuestra cultura.
Y de una nueva conver­sación sobre el significado de la edad madura surgen nuevas espe­ranzas para quienes nos encontramos en ella.
Al hablar de esperanza no me estoy refiriendo necesariamente a esperar vivir más años, sino a esperar vivir con más alegría, con más sentido, con más pasión, con más lucidez.
A no sólo esperar vivir más años, sino también a vivirlos mejor.
Hace poco, en la fiesta de una boda a la que asistí, la persona que se sentaba a mi lado en la mesa, una estrella de cine ya octogenaria, me contó con varonil convicción que cuando le llegara la hora de dejar este mundo «se iría encantado para vivir la siguiente aventura». A él no le preocupaba lo que le ocurriera en el Más Allá porque lo aceptaba todo y punto. Parecía estar conectado a una corriente de la vida que era demasiado real como para detenerse alguna vez y a la que no se atrevería a cerrarse en el momento de su muerte.
Media hora más tarde lo vi bailando como Valentino con una mujer cincuenta años más joven que él. Al volver a la mesa le oí despotricar contra el gobierno como un resplandeciente titán al que le importaba un bledo que los demás estuvieran o no de acuerdo con él. A mí, más que haber llegado al final de su vida me pareció que había llegado a la cima. Y desde esa cima podía contemplar una nueva tierra extendiéndose a sus pies que no era menos real que el territorio que había dejado atrás.
¿Cómo viviríamos si no le tuviéramos miedo a la muerte?
¿Cómo viviríamos si nos sintiéramos autorizados tanto por no­sotros mismos como por los demás para darle a la vida todo cuanto tenemos?
¿Sería entonces la edad madura la época de acabar con todo o la de empezar al fin?
¿La época de rendirse o la de reclamar lo que realmente queremos?
¿La época de pasar sim­plemente el rato o la de dejar de perder el tiempo?
Si deseamos envejecer con el piloto automático puesto, como una experiencia prescrita de antemano y prefabricada, en ese caso no es difícil: el statu quo ha dejado señales por todas partes.
Pero si deseamos crear algo nuevo para nosotros y para los que nos rodean, enton­ces es importante reconocer lo limitados y limitadores que son los pensamientos sobre la edad madura que siguen impregnan­do nuestra cultura.
Y para reconocerlo tenemos que abandonarlos.
Muchos de nuestros pensamientos sobre la edad madura es­tán anticuados.
Son ideas que las generaciones anteriores nos han transmitido y que ya no encajan con quién somos o con lo que estamos haciendo en este mundo.
¡…por fin esta­mos listos para hacer algo radical! Sea cual sea la labor que haya­mos venido a hacer a este mundo, ahora estamos impacientes por llevarla a cabo.
Pero a veces no estás seguro de «saberlo».
Y aunque lo sepas, puedes temer que sea demasiado tarde.
Te debates entre la exci­tante sensación de estar listo para empezar y el horrible pensa­miento de que ya estás en decadencia.
Sin embargo, el peso de la mano de Dios supera el peso de nuestra historia personal.
Dios hace milagros en cualquier momento, en todos lados, para cual­quiera, y lo último que podría frenarlo es que ahora tú tengas más años que antes.
Sea quien sea quien estés destinado a ser, sea lo que sea lo que esté codificado en tu alma que has de alcanzar, sea cual sea la lec­ción que estés destinado a aprender, ahora es el momento de to­mártelo en serio y de seguir avanzando.
Aquello que tiene el poder de determinar tu futuro no es lo que te ocurrió en el pasado, lo que establece el curso de tu pro­bable futuro es cómo interpretas lo que te ocurrió y cómo apren­des de ello.
La vida no siempre se mueve (ni siquiera suele hacerlo) en un arco que progresa de manera lógica.
Cuando hemos llegado a los cuarenta, la mayoría hemos tropezado al menos en una o dos áreas importantes: el matrimonio o el divorcio, problemas con los hijos, con la profesión, con la situación económica, con una adicción o con cualquier otra cosa.
Pero en el viaje de la vida lo más importante no es haber caído o no, sino si hemos aprendido o no a levantarnos.
Todo el mundo se cae alguna vez, porque el mismo mundo en que vivimos surgió de una caída.
Es el que se levanta, y cómo lo hace, el que determina lo que ocurrirá a con­tinuación.
A veces en la clase de aeróbic ya no puedes levantar tanto las piernas como antes, pero puedes levantar una ceja con una ex­presión conocedora que sólo los años de experiencia pueden darte.
En cierto modo, aquel levantamiento de cejas es más im­presionante que levantar las piernas.
Esto es lo que la madurez te ofrece: una personalidad enriquecida.
Un conocimiento que sólo se puede adquirir, como mi padre decía, cuando «has pasado tanto buenos como malos momentos».
La nueva madurez es optimista, no se trata del ignorante op­timismo de la juventud, en la que todo parece posible, sino más bien de un sabio optimismo agridulce que conservamos a pesar de saber que algunas cosas ya no son posibles.
Hemos perdido al­gunas cosas que hubiéramos preferido conservar, pero hemos ganado otras que no sabíamos que existieran.
Hemos «estado y actuado» en las suficientes áreas como para sentir que tenemos una cierta experiencia, no en el sentido de ser esto o aquello, sino en el de llevar una vida más responsable.
Algo ha terminado, es cierto, pero también está empezando algo nuevo.
En realidad, no es que tu juventud se haya acabado, sino que tu «prolongada» juventud ha sido interrumpida no como un sablazo que te dan al final de una fiesta, sino como la salvación de un gran sinsentido, como tu última oportunidad para enderezar tu vida.
La edad madura más que un viaje al fin de nuestra vida parece un viaje al sentido de nuestra vida.
Hemos añadido quince años a nuestra vida…, pero en el medio y no al final.
Debemos llamar esta etapa una nueva edad madu­ra y reclamarla como tal, ya que realmente lo es.
Podemos bendecir y transformar la experiencia de la edad madura.
No te preocupes si sientes que ahora estás en la pendiente vital, porque el paisaje es distinto.
La colina ya no te bloquea la visión.
Podemos soltar la carga de sufrimiento sin procesar y adoptar la liviandad de un corazón más sabio y humilde.
Podemos ver la edad madura no como el fin, sino como el comienzo.
La nueva edad madura es una llamada del alma.
Al recordar mi juventud lo que más lamento es hasta qué punto la he desaprovechado.
Ahora al observar mi vida actual me doy cuenta de que no quiero caer en el mismo error.
No quie­ro perdérmela.
Tal como Bonnie Raitt cantaba como si nos lo es­ tuviera diciendo a todos nosotros:
«La vida se vuelve sumamen­te valiosa cuando ya nos queda menos tiempo para perder»
Mi juventud estuvo tan llena de milagros que simplemente en aquella época no pude verlos.
Pero siempre que siento la tentación de obsesionarme por las formas en que no supe apreciar mi juventud, recuerdo que el Autor que me las ofreció no ha dejado de hacer milagros en mi vida.
Envejecer, si tenemos la suerte de poder experimentarlo,
es inevitable,
y depende de nosotros mismo cómo lo hacemos: hacerlo de frente, llenar de amor algunas de sus consecuencias más temidas y experimentar los milagros que ello supone…”

-Marianne Williamson (“La Edad de los Milagros”)

#22. El Maestro

22. El Maestro

“Aquí quisiera decir algo, lo cual he mantenido secreto toda mi vida.
Yo siempre he querido no ser un Maestro para nadie…
Ser un maestro es un trabajo muy extraño.
Debes convencer a gente del corazón por medio de argumentos y la razón, por medio de la racionalidad y de la filosofía; tienes que usar la mente como un sirviente del corazón.
El trabajo del maestro es quitarte la mente, para que toda tu energía se mueva hacia tu corazón. ¿Entiendes el sentido?
La palabra “maestro” crea la idea de un discípulo, de un seguidor.
¿Cómo puede haber un maestro sin un discípulo, sin un seguidor?
Pero en el sentido espiritual la palabra “maestro” significa maestría de uno mismo.
No tiene relación con seguidores; no depende de la multitud.
Un maestro puede estar sencillamente solo.
El hombre nuevo del cual he estado hablando, será maestro de sí mismo. “

-Osho

El maestro, en el Zen, no es un maestro de otros, sino un maestro de sí mismo.
Cada uno de sus gestos y cada una de sus palabras reflejan su estado de iluminación.
No tiene metas privadas ni deseo de que las cosas tengan que ser diferentes de lo que son.
Sus discípulos se reúnen a su alrededor, no para seguirle, sino para absorber su presencia y sentirse inspirados con su ejemplo.
Ante sus ojos encuentran su propia verdad reflejada y ante su silencio pueden entrar más fácilmente en el silencio de sus propios seres.
El Maestro da la bienvenida a los discípulos, no porque quiera dirigirlos, sino porque tiene mucho que compartir.
Juntos crean un campo de energía que apoya a cada único individuo, en la búsqueda de su propia luz.
Si puedes encontrar un maestro así, eres bienaventurado.
Si no puedes, continúa buscando.
Aprende de los profesores y de los llamados maestros muévete.
“Charaiveti, charaiveti”, dice Gautama el Buda: continúa moviéndote.