Vuelo Nocturno by MikkoLagerstedt-II-
Vuelo Nocturno by MikkoLagerstedt-II- (1)
«De esta manera los tres aviones postales de Patagonia, de Chile y de Paraguay regresaban del Sur, del Oeste y del Norte hacia Buenos Aires.
Allí se esperaba su cargamento, para dar salida, hacia medianoche, al avión de Europa.
Tres pilotos, cada uno tras su capota, pesada como una chalana, perdidos en la noche, meditaban su vuelo, y, de un cielo tormentoso o pacífico,
bajarían lentamente hacia la ciudad inmensa, cual extraños campesinos que descienden de sus montañas.
Rivière, responsable de toda la red, paseaba a lo largo de la pista de aterrizaje de Buenos Aires.
Permanecía silencioso, pues, hasta que hubiesen llegado los tres aviones, este día sería temible.
Minuto tras minuto, a medida que le llegaban los telegramas, Rivière sabía que arrancaba algo al sino, que
reducía la porción de lo ignoto, que sacaba a sus dotaciones fuera de la noche, hasta la orilla.
Un obrero le abordó para comunicarle un mensaje de la estación de Radio:
—El correo de Chile anuncia que divisa las luces de Buenos Aires.
—Bien.
Muy pronto Rivière oirá ese avión: la noche entregará a uno de los tres, cual el mar, con su flujo, su reflujo y sus misterios que deposita en la playa
el tesoro que por tanto tiempo ha zarandeado.
Más tarde, se recibirán de ella los otros dos.
Entonces, este día habrá terminado.
Entonces, las tripulaciones fatigadas, remplazadas por otras de refresco, se irán a dormir.
Pero Rivière no tendrá reposo: el correo de Europa, a su vez, le cargará de inquietud.
Siempre será así.
Siempre.
Por primera vez, ese viejo luchador se asombraba de sentirse cansado.
La llegada de los aviones no será nunca esa victoria que concluye una guerra, e inicia una era de paz venturosa.
Jamás habrá, para él, otra cosa que un paso hecho, precediendo a mil otros pasos semejantes.
Le parece a Rivière que, desde largo tiempo, levantaba un peso muy grande, con los brazos tendidos: un esfuerzo sin descanso y sin esperanza. «Envejezco…»
Envejecía, si en la sola acción no hallaba ya su sustento.
Se asombró de reflexionar sobre problemas que jamás se había planteado.
Y, no obstante, volvía hacia él, con melancólico murmullo, la suma de deleites que siempre había eludido: un océano perdido.
«¿Tan cerca está, pues, todo eso…?»
Se dio cuenta de que, poco a poco, había aplazado para la vejez, para «cuando tuviera tiempo», lo que hace agradable la vida de los hombres.
Como si realmente un día se pudiese tener tiempo, como si se ganase, al fin de la vida, esta paz venturosa que todo el mundo se imagina.
Pero la paz no existe.
Tal vez no existe siquiera la victoria.
No existe la llegada definitiva de todos los correos.
Rivière se detuvo ante Leroux, el viejo contramaestre.
También Leroux trabajaba desde hacía cuarenta años.
Y el trabajo consumía todas sus fuerzas.
Cuando Leroux entraba en su casa, hacia las diez o las doce de la noche, no era un mundo diferente el que se le ofrecía, no era una evasión.
Rivière sonrió a ese hombre que, levantando su tosca faz, señalaba un eje pavonado: «Aguantaba muy fuerte, pero lo he vencido.»
Rivière se inclinó sobre el eje; el oficio le ocupaba de nuevo. «Será preciso advertir a los talleres que ajusten estas piezas con más huelgo.»
Pasó un dedo sobre las huellas de las herramientas; luego, consideró de nuevo a Leroux.
Una pica pregunta le subía a los labios, ante aquellas arrugas severas. Sonrióse:
—¿Se ha ocupado usted mucho del amor en su vida, Leroux?
— ¡Oh!, el amor, sabe usted, señor director…
—Sí, a usted le ha pasado lo que a mí; nunca ha tenido tiempo.
—Muy poco, ciertamente…
Rivière escuchaba el sonido de esa voz, para saber si la respuesta era amarga; pero no lo era.
Este hombre experimentaba, vuelto hacia su vida pasada, el tranquilo contento del carpintero que acaba de cepillar una hermosa tabla: «Hela aquí. Ya está hecha.»
«Hela aquí —pensaba Rivière—, mi vida está hecha.»
Rechazó los pensamientos tristes que en él despertaba la fatiga, y se dirigió hacia el cobertizo, pues el avión de Chile zumbaba ya en el aire.
..»
-Antoine de Saint-Exupéry

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: