.su forma de actuar

su forma de actuar

Atardecer en Chascomús

“Yo siempre intuí que a los cincuenta dejaría de esconderme.
Cuando era más joven, el mundo me parecía tan espantoso, tan inexplicable, o quizá era yo la que no sabía interpretarlo, que intentaba esconderme para evitar afrontarlo. Aunque cualquier expectador, al observar mi trayectoria profesional podría decir: “¡Pues no parece que te estés escondiendo de nada!”, nadie sabe en realidad lo que te pasa por la cabeza y que evitas expresar.
Una de las ventajas de hacerte mayor es que por fin te resulta más fácil ignorar la opinión de los demás. A estas alturas ya hemos pasado por diferentes experiencias como para conocer nuestros verdaderos sentimientos y estamos listos para llevar la vida que habríamos llevado de haber creído que estaba bien hacerlo.
A veces, cuando pienso en todo el sufrimiento que hay en el mundo, me quedo maravillada al descubrir que debe de haber una tremenda fuerza opuesta que impide que la humanidad se destruya a sí misma por completo.
Cada segundo está naciendo y muriendo alguien. Los ciclos de la vida continúan girando alrededor del planeta a cada instante. Y cada segundo (al menos eso espero) alguien está teniendo un orgasmo extático en alguna parte con una persona a la que ama. Creo que este círculo éxtasis es seguramente la fuerza más importante y la que está impidiendo que el mundo se volatilice.
Mi padre vivió hasta los ochenta y cinco años y toda su vida fué una persona muy estimulante. Siempre decía: “¡Hay que tener un espíritu aventurero!”. Y él lo tenía a raudales. No lo demostraba sólo con las espectaculares aventuras de sus viajes por todo el mundo, sino afrontando la vida cotidiana. En su forma de conducir su descapotable incluso cuando llovía, porque “Sólo las gallinas echan la capota cuando llueve”. En su forma de enseñar a sus hijos pequeños los ejercicios de Stanislavsky para los actores en lugar de los juegos habituales infantiles. En su forma de llevar su gorra griega de marinero, aunque viviésemos en Texas, ¡por si la Marina griega le llamaba diciéndole que le necesitaba!. Mi padre era como la versión masculina de tía Mame, la protagonista de Mi tía y yo. Se entregaba de lleno a todo cuanto hacía, con pasión y con vigor. Un hombre como mi padre no recurría a las vitaminas para tener más energía, la buscaba en la misma vida, entregándose por completo a ella.
En la iglesia ortodoxa rusa hay un concepto de ser “poseedor de pasión”. Yo creo que esto es precisamente en lo que la edad madura nos convierte, en unos apasionados de la vida, en unas personas que ya han vivido lo bastante como para haber sentido tanto la pasión del dolor como la de los éxitos de la vida. En la medida en que manifestamos la alegría de alzarnos del espacio de nuestra propia resurrección, creamos el espacio para la inspiración y la victoria en la vida de otras personas.
El papel de las mujeres mayores coincide en dirigir las celebraciones tribales. Somos las detentoras del elemento del entusiasmo. Cuando ya has vivido y llorado lo suficiente, sabes que es una bendición tener algo que te haga sonreír. Las personas apasionadas por la vida no tienen una actitud positiva porque sean ingenuas, sino porque la conocen muy bien. Saben que pueden sufrir en cualquier instante. Y que cada día que pasan sin sufrir es un gran regalo que deben agradecer…”
-Marianne Williamson

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