.cartas a la Dulce Inglaterra-2-Oscar Wilde

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Oscar Wilde by Napoleon Sarony,


Oscar Wilde nació en Irlanda en 1854, sólo veintiocho años antes que Virginia Woolf, y podían haberse conocido perfectamente, pues éste murió cuando la escritora tenía dieciocho años.

Pero esa escasa distancia en el tiempo separa dos mundos.
Wilde nació y vivió en la época victoriana, y destacó muy pronto por su exquisito gusto: adoraba los buenos tapices, las flores, los sombreros, los vinos… y cierta extravagancia en el vestir, como atestigua la foto que muestra a un hombre encantador de gruesos labios, ojos claros, cabello largo, la barbilla apoyada en una mano y un abrigo espectacular con los puños y el cuello que parecen verdaderos osos de las montañas.

Wilde estudió lenguas clásicas en el Trinity College de Dublín y en el Magdalen College de Oxford, era partidario del «arte por el arte», un esteta que viajó en E.E.U.U. en 1882 y quedó encantado con Walt Whitman.

Escribió ensayos, poemas, cuentos infantiles, una novela, El Retrato de Dorian Gray, y varias obras de teatro: Salomé, en francés y prohibida en Inglaterra, El abanico de Lady Windermere, Una mujer sin importancia y La importancia de llamarse Ernesto.

El 27 de mayo fué condenado a dos años de trabajos forzados.

Perdió a su mujer, a sus hijos y a sus amigos, y fué declarado en bancarrota.

Le enviaron a la prisión de Wandesworth, donde estuvo seis meses, y luego a Reading Gaol, don de acabó su condena.


«Para cuando acabo de decirte hay, lo sé, una sola respuesta.
Y es que me amabas, que de veras me amaste en los dos años y medio durante los cuales los hados bordaron un tejido escarlata con los hilos de nuestras vidas separadas. Si, de veras me amaste. (…) El amor puede leer lo que está escrito en la estrella más remota, pero el odio te cegaba hasta tal punto que no podías ver más allá del estrecho y amurallado jardín de tus deseos…»

Wilde se lamenta de la pérdida de su biblioteca, que una vez declarado en quiebra fué subastada sin que Alfred Douglas se dignara comprar ni uno sólo de los libros para restituírselo más tarde.

Más adelante habla de su estancia en la cárcel:

«El dolor es un instante inmenso. No podemos dividirlo en estaciones. Sólo podemos registrar sus caprichos y hacer la crónica de su retorno.
(…) Para nosotros sólo hay una estación: la estación del dolor. Se diría que nos han arrebatado hasta la Luna y el Sol. Afuera el día puede ser de oro y azul, pero es gris y miserable la claridad que se filtra a través del vidrio empañado y opaco de la ventana bajo cuyas rejas nos sentamos. En nuestra celda y en nuestro corazón siempre es la hora del crepúsculo. Y nada se mueve en la esfera del tiempo ni en la esfera del pensamiento».

«(…) He pasado en la cárcel cerca de dos años.
De lo más hondo de mí mismo ha brotado una desesperación feroz;
un abandono a la pesadumbre que es lastimoso contemplar;
una rabia impotente y terrible;
amargura y desprecio;
una angustia que llora en voz alta;
un sufrimiento que no encuentra voz;
una pena sorda.
He recorrido todas las posibilidades del sufrimiento.
Mejor que él mismo sé lo que Wordswordt quiso comunicarnos cuando dijo: «Es permanente y lóbrego el sufrir y su naturaleza es infinita».
(…) Ni por un instante lamento haber vivido para el placer. Me entregué a él con la plenitud con que uno sabe darse a todas las cosas. No hubo placer que no experimentara. Arrojé la perla de mi alma en una copa de vino. Bajé por el sendero de las prímulas atraído por la música de las flautas. Viví como en un panal. Pero continuar esta vida hubiese significado una limitación. Tenía que seguir adelante. La otra mitad del jardín también reservaba secretos para mí…»

«Estoy muy lejos aún del temple verdadero del alma -como te lo demuestra claramente esta carta con sus ánimos cambiantes e inciertos, sus sarcasmos y su amargura, sus propósitos y la incapacidad de cumplir estos propósitos. Pero no olvides en qué terrible escuela hago mi aprendizaje. E incompleto e imperfecto como soy, de mí todavía tienes mucho que ganar. Viniste a mí para aprender los placeres de la vida y los placeres del arte. Es posible que se me haya escogido para enseñarte algo mucho más maravilloso, el significado del dolor -y su belleza…»

-Oscar Wilde (Selección de Teodoro Gómez Cordero, Transcripción de Gabi)

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