
En algunas personas existe una fuerza peculiar que les lleva -o bien desde siempre, o bien promediando la mitad de la vida-, a tomar el riesgo de ser diferentes, aunque esto signifique quedar expuestos a la crítica.
Hablo aquí de quienes han decidido convertir su propia vida en un peregrinaje.
Sí: los antiguos llamaban “Camino” al proceso de consolidar la propia identidad desde lo más esencial de sí (o sea, más allá de los condicionamientos del entorno).
Y el problema es que si alguien se vuelve un verdadero individuo, será, por definición, diferente, porque en la periferia todos estamos formateados por el sistema imperante, pero en lo más profundo NO: allí cada uno de nosotros es esencialmente único (una modesta nota peculiar en la Gran Partitura de la Creación).
Hay quienes al ver al que elige un camino interno se sienten propulsados a caminar también.
Pero hay quienes apedrearán al “raro”, también instintivamente, como si tuviera una peste que pudiera “contagiar a la manada”.
De modo que es bueno saberlo: cualquiera que haya decidido apostar sus días a Caminar, necesita estar preparado para las críticas.
Algunas le servirán de espejo: es inteligente escucharlas.
Otras serán una buena prueba para medir cuán comprometido se está con el Camino como para no dejarse desviar por ellas.
«Cuando el loco estudia el Camino se ríe de él. Sin embargo, si el loco no se riera no sería el Camino», dijo hace ya tantos siglos Lao Tsé.
Que se rían de ti.
Y cuando te digan «Eres raro», sólo di dos palabras, sonriendo: «MUCHAS GRACIAS».
-Virginia Gawel
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