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Pintura: Andrew Macara

El geógrafo Uri Tzémaj fue a visitar al rabí Naím Ish que había dejado temporariamente los estudios para convertirse en guardabosques. Sobrino y tío, ya que eran parientes, se sentaron a tomar el té en una colina de pinos viejos, cerca de Jerusalén. La noche anterior había nevado pero los caminos no se vieron obstruidos por eso.
-¿No añoras el estudio?-indagó Uri Tzémaj a su tío.
-No he dejado de estudiar ni por un momento, Uri-respondió Naím Ish-. Por ejemplo, ayer he aprendido que no hay ningún silencio de la tierra comparable al que nos trae la nieve, que por eso es blanca.
-¿Y qué tiene que ver el blanco con el silencio?
-La nieve, y tú lo sabes mejor que yo-dijo el rabí guardabosques-, está formada por hermosos cristales de formas geométricas, irrepetibles hexágonos que recuerdan a la estrella de David. Entre esos cristales hay aire, y son esas zonas con aire las que propagan la luz. Tales espacios son lo suficientemente grandes como para que no se aprecie selección cromática alguna, de ahí que la luz difundida se perciba como blanca. La nieve es una tumba viva, un ayer sideral, un manto de maravillosa soledad.
Uri Tzémaj sorbió con perplejidad su té y se preguntó una vez más de dónde sacaba, su tío, esas cosas. Sabía que había estudiado astronomía y física, biología y filosofía antes de su inmersión en la tradición judía, pero lo que no sabía es de dónde sacaba su habilidad para crear metáforas.
-Sigo sin saber por qué el silencio es blanco-insistió Uri Tzémaj.
-Si miras con atención lo que la música llama silencio de blanca verás que es semejante a una cerilla al revés, cabeza abajo-dijo el rabí-, pues bien: de igual manera la nieve nos hace bajar la cabeza en su caída mientras nos sube, por el contrario, el corazón. La nieve lo cubre todo para revelar, después, el esplendor del cielo, que el corazón ha estado esperando en el alterno pulso de su canto.
-Supongo-sonrió el sobrino-, que es la proximidad de los pinos lo que te hace irte por las ramas.
-Quién sabe, tal vez algún día aprenda a volar-rió el tío. -Por lo pronto la nieve me ha recordado el silencio estelar con la variable geometría de sus cristales. Si no aprendemos a callarnos ante lo trascendente ¿cómo podemos hablar con precisión de las cosas inmanentes?
El blanco intercede por los demás colores, la blanca musical equilibra negras y corcheas.

(Mario Satz-)

 

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Pintura: Andrew Macara

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