.pasión súbita en el cielo porteño-1

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«El inquietante olor de la pólvora recorría toda la Avenida de Mayo.
Columnas de humo se entrelazaban en el cielo. Todo era un caos de estruendos, gritos, corridas y muerte en el mediodía del sangriento sábado 6 de septiembre de 1930.
José Félix Uriburu dirigía sin vacilación su tropa hacia la Casa Rosada para despojar de autoridad a Hipólito Yrigoyen.
La fragilidad institucional no permitía una reacción contundente. Apenas un puñado de fieles ofrecía resistencia disparando desde los edificios.
En la Avenida de Mayo, y a escasos metros de dos cuerpos inertes, una pareja despareja cruza la calle agazapada.
Van tomados de la mano. Ella, pequeña y asustada, se deja arrastrar por su corpulento compañero, quien se muestra sereno.
Allí van, entre silbidos y balas, Antoine de Saint Exúpery junto a su prometida, Consuelo Suncín, a quien conoció esa semana.
La historia de cómo estas dos almas se encontraron en una Buenos Aires que hervía, parece tomada de un guión de cine.
Antoine Jean Baptiste Marie Roger de Saint Exupéry, aviador y escritor francés, autor del célebre «El Principito», nació en 1900.
María Consuelo Suncín Sandoval, en 1901, escritora y artista, en El Salvador.
Él descendía de vizcondes.
Ella pertenecía a la oligarquía de plantadores de café de la localidad de Armenia, en el país centroamericano.
Ambos tuvieron intensa relación con sus madres, Ercilia Sandoval de Suncín y Marie Anne Boyer de Fonscolombe de Saint Exupéry, damas de mucha distinción.
En su infancia, Consuelo -a quien en su casa llamaban «la Pulga», por ser menuda e inquieta- se imaginaba reina de un país lejano.
En cambio, Antoine soñaba con volar: le puso alas a su bicicleta y jugaba a ser piloto de la aeronave.
A la vez, una misma pasión iría atrapando a estos dos completos desconocidos. El aviador y la reina se sentían atraídos por el mundo de las letras.
En el caso de Antoine, quien había perdido a su padre a los cuatro años, la escritura no podía ser más que una distracción. Con 18 años necesitaba construirse un futuro y partió de Lyon a París para estudiar arquitectura.
También Consuelo abandonó su ciudad natal. Como padecía de asma, su padre Félix resolvió enviarla a San Francisco (EE.UU.) donde, además de disfrutar de un buen clima, aprendería inglés y estudiaría escultura y pintura en la Escuela Superior de Bellas Artes. En la ciudad de Armenia quedaba su familia y Lisandro Villalobos, el novio que aguardaría su regreso. Sin embargo, Consuelo encontró en San Francisco un sustituto de Villalobos. Nos referimos a Ricardo Cárdenas, empleado de una pinturería. Temeroso de ser despechado por su oficio, se presentó ante la señorita como un militar del ejército mexicano en misión de los Estados Unidos. Consuelo lo describió como un hombre fuertemente seductor, con charme y muy celoso…

 

-Daniel Balmaceda (Extraído de «Romances turbulentos de la historia argentina»)

 

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