estaciones

«El estanque más grande, cercano a los huertos, erizó sus aguas casi al instante en que los truenos anunciaron la tormenta.
La copa más alta de los árboles se sacudía con vientos circulares, pero los pinos y cedros sólo hacían un vaivén.
Apenas un momentos antes el estanque tenía aguas claras y límpidas, pudiendo verse su fondo burbujeante y los rizos del sol corcoveando con mil figuras geométricas.
Los perros y los gansos se habían detenido en la orilla y podían verse de cuerpo entero, estaban a gusto mirando los rizos claros del agua.
Tal vez ya reconocían los juegos de la imagen inversa o con ganas creían que eran otros perros y gansos.
Mientras el agua estuvo de esta manera ondulante las cosas tuvieron su lugar en el espejo: nubes blancas, aves de paso y otros animales.
Pero ahora, en segundos, el agua estaba erizada, removida, decantándose y subiendo a la superficie infinidad de partículas que eran azuzadas por la insistente llovizna con que se desataba el preludio de esta tormenta de verano.
Ahora estaba todo gris y ya no funcionaba el espejo.
Si se veía el estanque en su naturaleza salvaje y, en sus alrededores, las palmeras eran sacudidas hasta tocar el suelo.
Algunos animales corrían desaforadamente y otros se guarecían.
Era un momento en la corriente de las estaciones donde, luego de haber subido la temperatura y haberse condensado las nubes, explotaba el trueno muy alto, llenándose todo de relámpagos, prodigiosos vientos y lluvias torrenciales.
Nadie ya podía verse en el estanque pues su agitación lo convertía en un pequeño mar turbulento.
No es difícil asociar esto con cierta confusión en el ir y venir de las acciones y reacciones.
La apariencia indica que se ha ido la tranquila bonanza y que no es posible la serenidad o que tal vez se crea que esto impide la lucidez.
En los hechos bastará con bajar al estanque e introducirnos en esas aguas sometidas a golpes de lluvias e ir un poco más abajo.
Por gusto o necesidad podemos hacer esta zambullida y vivir un grato descubrimiento cuando, junto a los pececillos, hacemos posible este desplazamiento sintiendo la fuerza y la plenitud del mundo de más abajo…»

-Awankana

estaciones

12 Replies to “.viviendo en las estaciones”

  1. Muy bonito. La Naturaleza siempre sabia, sorprendente y en constante renovación. La Naturaleza no se deja fácilmente domesticar.¿Sabes que las tormentas actúan, a veces, en las piscinas cambiando el ph y quitándole al agua la transparencia? La verdad es que no sé muy bien por qué.
    Un abrazo

    Me gusta

    1. Vaya no sabia que una tormenta puede cambiar el ph del agua. Será un cambio en la alcalinidad?
      Yo pienso que la naturaleza es perfecta… siempre que el hombre no intervenga en su ciclo.
      Acá la tala indiscrinada produjo en algunos lugares sequia, y en otros inundaciones nunca vistas.
      En un lugar que era perfecto, plantaron pinares. Fué incorrecto, porque la especie autóctona hacia de frente de contención. El lugar se llama Yacanto y está en la provincia de Cordoba. El impacto fué tremendo ya que tuvieron un incencio voraz, de dimensiones desproporcionadas, nunca visto. Las lenguas de fuego llegaron a lugares que jamás llegaron. y todo por sacar las especies autóctonas y poner en su lugar unos bonitos pinos…
      Un abrazo

      Me gusta

      1. Tendriamos que imitar a los pueblos originarios, que veneran, respetan y ofrendan a la madre tierra.
        Por lo pronto se pueden tener pequeños gestos amorosos y ecológicos: reciclar y cuidar los recursos que no son interminables. En casa los sobres que llegan del correo, jamás se tiran: se reutilizan. Los papeles usados, los damos vuelta y los usamos para imprimir y ahorrar papel. Unos árboles menos que se salvan.
        Pequeñas cosas, que pueden hacer la diferencia!

        Me gusta

Replica a ferna89 Cancelar la respuesta