.y será llamada Mujer

Fuente: Web

 

 

 “Y será llamada Mujer”
Génesis II, 23
1
Ella ni gritó
ni se movió.
Se quedó quieta
y se apoyó
contra la gran curva
de la tierra,
y su pecho
parecía una fruta
reventada por su propia dulzura.
No se movió
ni gritó –
sólo miró abajo
hacia la mano
sobre su pecho.
Miró abajo
la mano desnuda
y lloró.
No podía aún soportar
que este delicado salvaje
estuviera encima suyo.
No podía aún soportar
que latiera así la sangre.
No podía aguantar
el primer dolor
de la plenitud.
Se quedó quieta
y miró abajo
a la mano
donde la sangre corría encerrada
y deseó soltar la sangre
y dejarla fluir
sobre su pecho
como lluvia.
2
No sobre la tierra
pero seguro en algún sitio
entre los elementos
del aire y el mar
se recostó esa noche,
ningún saliente de hueso que marcara
dónde el cuerpo se agarraba al cuerpo
ni ninguna parte de la carne,
extrañamente impenetrable –
Oh, sin duda ella apareció
en algún sitio
de ese claro espacio
donde el cielo y el agua se tocan
y se vuelven transparentes,
conociendo las olas.
3
Soportó la herida del deseo
que no se cerraba
a pesar de que intentara
quemar su mano
y convertir un dolor
en un dolor más simple –
pero no se cerraba.
No sabía
cuán fuerte
es la voluntad del cuerpo,
cuán intrincadas
los comienzos de su flexibilidad
que ahora quedaban
sin tocar,
como un arco –
se vio a sí misma
perturbada en el centro
y rota.
Y se fue al mar
porque le dolía el corazón
y no había cura.
4
No en la negación, su paz.
Porque en el mar, allá
donde deseó
dejar su cuerpo
como una pequeña prenda,
ahora veía
que no por separarse de eso
la finitud terminaría
ni el átomo moriría
porque lo puramente abstracto
no existe solo.
De esos vastos lugares
ella debe volver
hacia sus partículas.
Debe ponerse de nuevo
la pequeña prenda
del hambre.
No en la negación
su apaciguamiento,
no todavía.
5
Por mucho tiempo
fue de dolor
y debilidad,
y aquella que adoraba
todas las cosas derechas
y los pechos angostos
se recostaba relajada,
como un animal dormido,
sin fuerza.
Por mucho tiempo
la poseyó un estado de conciencia
que aparecía en cada dolor
como si fuera una herida
dentro de ella –
un ratón con su chillido mínimo
que la dejaba
seca y gastada.
El cuerpo irrefutable
parecía
atrapado en una simpatía de hielo
por todo lo vivo –
que ya se había
iniciado.
6
Y luego un día
todos las sensaciones
se deslizaron fuera de su piel
hasta que no quedó conciencia ni de los dedos,
ningún dolor –
y toda ella volvió
a la tierra
como una gravedad abstracta.
No sabía
cómo había podido
cerrar sus párpados separados
ni dónde había aprendido
el gesto de estar dormida,
sin embargo algo en ella dormía
muy profundamente
y algo en ella
descansaba como una piedra
debajo de un vestido doblado –
que no podía saber cuán largo era.
7
Su cuerpo era una ciudad
donde el alma
había estado durmiendo,
y ahora despertaba.
Era conciente
hasta el extremo
de cómo ella misma estaba cargada,
como una fibra eléctrica,
una mano debajo de su pecho
podía escuchar el dínamo.
Una mano sobre su cintura
podía sentir los latidos.
Ella podía sentir los átomos girar,
la miríada expandiéndose
y girando.
Miró su mano –
la red
con su multitud de líneas,
los exquisitos pelitos,
las venas
encontrando su rumbo
hasta las uñas,
las mismas uñas
firmemente agarradas
con media lunas
en su base,
el hueso bien ubicado,
los nudillos y tendones,
y examinó
la misteriosa leyenda
en su palma –
ésta era su mano,
un regalo que alguien le había dado.
Y miró sus senos,
que eran firmes y rellenos,
bien parados
en medio de su pecho,
cada uno una ciudad que era
misteriosamente parte
de otras ciudades.
La tierra misma
dejó de ser intrincada
y más hermosa
que estos dos pechos
sostenidos por sus manos,
pesados en sus manos.
Nada fue nunca
tan maravilloso como esto.
8
Dejó que sus manos
bajaran con suavidad por su piel,
por la curva de sus costillas,
la panza suave
y los muslos delgados.
Dejó que sus manos
se deslizaran hacia abajo
como si sostuvieran un vestido
y ella se lo estuviera probando
por primera vez,
una fina prenda con brillos
que no querría perder:
Así se vistió.
9
Nunca más estaría desnuda
otra vez –
no conocería
esa desnudez
que se estira hasta los bordes
y no encuentra refugio
en la pura y terrorífica
luz del espacio.
El ser finito
que se juntó
y nació
de lo infinito,
era suyo
enteramente.
Por primera vez
supo lo que significaba
estar hecha así,
moldeada bajo esta forma
de pera,
este peso de fruta curva.
10
Había semillas
dentro suyo
que se reventaban a intervalos,
y por un tiempo
volvía
a la pesadez,
y entonces antes del creciente milagro
de la sangre,
el relax,
identificarse otra vez consigo misma,
cada vez más cerca
del corazón de la vida.
“Soy el comienzo,
lo que no termina,
el árbol perfecto”.
Y se recostaría
otra vez como una vez lo hizo
en la gran curva de la tierra,
siendo parte de su giro,
una parte tan diferenciada
del universo como una estrella –
igual de susceptible
y completamente rítmica.”

-May Sarton

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