.devoción por esa rubia debilidad

Théodore Chasseriau - Venus

Venus o Afrodita

“Desnuda y provista de un cuerpo que exhala la armonía de los seres moldeados por un orfebre minucioso, la diosa Venus Anadiomena eclipsa con su presencia la fascinación que depierta el paisaje insular que la circunda.
Esta deidad -que es también una mujer- acaba de emerger de las aguas de un azul profundo, y sus dos brazos en alto procuran escurrir una interminable y sedosa cabellera rubia cuya extensión podría ocultar esa mitológica desnudez.
El término griego “anadiomena”, significa precisamente, “emerger del mar”. Es otro de los nombres utilizados para referirse a Afrodita, diosa del amor, quién surgió del oleaje luego de que Cronos castrara a Urano y arrojara sus genitales al mar: de la espuma de ese acto brutal tomó forma Afrodita, cuyo nombre en el universo romano no es otro que Venus.
En el rostro reclinado parece latir un sentimiento de pudorosa melancolía, como si el tránsito de las profundidades a la superficie terrestre supusiera un destierro intolerable.
La pintura Venus Anadionema es de 1838 y fué creada por Théodore Chassériau, quién nació en 1819 en Santo Domingo, por entonces un territorio donde Francia contaba con intereses coloniales. Pese a la brevedad de su existencia -sólo vivió 37 años- Chassériau produjo un volumen asombroso de obras, producto de una precocidad que lo convirtió en artista plástico a los 12 años.
Su formación la desarrolló al dictado del clasicista Dominique Ingres, cuya influencia pictórica puede rastrearse en las creaciones del discípulo.
Más tarde, Chassériau se sintió deslumbrado por el estilo romántico de Eugéne Delacroix, quien como Ingres introdujo temas exóticos en sus obras a partir de un viaje a África del Norte.
Los estudiosos señalan que el color rubio de la Venus retratada estuvo de moda en la Roma imperial, y que existieron tratamientos cosméticos para obtenerlo.
Es improbable que hubiera muchas mujeres rubias en la Antigua Grecia, a pesar del influjo de inmigrantes indo-germanos y dóricos.
Sin embargo, esta pintura no es considerada un retrato griego sino romano y fué pintada en Francia del siglo XIX.
El sitio donde Venus Anadionema emerge podría ser la costa de una isla griega -Kythira, en donde supo alzarse un famoso templo en honor a Afrodita-. No obstante, los historiadores del arte creen que Chassériau recreó el ambiente del litoral de los Alpes marítimos, entre Marsella y Niza.
Desde la Edad Media, la figura de Venus estuvo asociada pictóricamente a la desnudez femenina.
Con el transcurso del tiempo, esto se convirtió en un ejercicio innecesario, ya que la representación del desnudo femenino se volvió un tema aceptado en las artes.
El pulso magistral de Chassériau la detuvo en una actitud escultórica, inabordable en su perfección: un cuerpo sobre el que se derraman no sólo aguas oceánicas sino también un magnetismo sexual que aunque se pretenda inocente, se ofrece con premeditación a la mirada de un voyeaur condenado a sucumbir al influjo de una diosa amante.

 

Fuente: Transcripción de “Las mujeres más bellas de la pintura”

 

.Théodore Chassériau (1819-1856) Inspirado en la mitología, recreó la figura de Venus, asociada a la desnudez desde la Edad Media, en un retrato sensual modelado como una estatua sobre la Riviera francesa.

 

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