.la misteriosa amante de la corte francesa

la dama en el tocador. anónimo

.la dama en el tocador. está en el Museo de Beaux-Arts de Dijon, Francia

“Mujer sentada delante de un tocador
Mitad superior de su cuerpo desnudo.
Dos pequeños y simétricos senos
acaparan la atencion del observdor
Su piel es de una blancura intensa
y las facciones de su rostro
delatan la natural displicencia
de una aristócrata.

Estatus Mundano.
Bata transparente
con cuello finamente bordado en oro.
Cabellera adornada con perlas
Su mano izquierda
acaricia el pendiente de un collar
y todo el ambiente sugiere esplendor
y riqueza.

Al fondo, sirvienta.
Buscando vestido para su ama..
que acaso se acicala para encontrarse con su amante.”

-Anónimo (S. XVI)

“Una singular ironía aviva el mito trazado en torno a la concepción del cuadro titulado Dama en el tocador. No sólo se ignora la verdadera identidad de la deliciosa mujer que sirvió de modelo, sino que también es un misterio insoluble quién fué el autor de la obra.
Los historiadores de arte no se han resignado a convivir con esta doble incertidumbre y aún hoy buscan indicios que permitan validar algunas de las hipótesis: uno de los candidatos a obtener la autoría del cuadro es el pintor de la corte Francois Bunel, quien habría retratado a Diane de Poitiers, concubina de Enrique II.
La otra sospecha recae en que el inefable pincel que inmortalizó a la dama perteneció a Franz Floris, artista a las órdenes del monarca Enrique IV, cuya concubina, Gabrielle d´ Estrées, habría desnudado generosamente su cuerpo para regocijo atemporal de los amantes del arte.
El cuadro -que es asimismo un enigma- muestra a una mujer sentada delante de su tocador; con la mitad superior de su cuerpo desnudo y la que dos pequeños y simétricos senos acaparan la atención del observador.
Su piel es de una blancura intensa y las facciones de su rostro delatan la natural displicencia de una aristócrata.
Los investigadores concuerdan en que la pintura ostenta la marca de la escuela Fontainebleau y que la obra no pudo ser pintada sino hacia fines del siglo XVI en el círculo de la corte francesa.
Existen varias versiones de este retrato, todas idénticas en composición y ejecución.
Estilísticamente, la pieza revela una clara influencia del Manierismo: los dedos de la modelo son excesivamente largos y las figurillas que sostienen el espejo son carasterísticas de la Segunda Escuela de Fontainebleau.
Los interrogantes no cesan: ¿se trata de un retrato eminentemente erótico o de una alegoría de la belleza?
Lo cierto es que el cuadro impactó en el imaginario del público del siglo XVI.
Los artículos que circundan a esa dama revelan la medida de su estatus mundano: la bata transparente que cubre su torso culmina en un cuello finamente bordado en oro; su cabellera está adornada con perlas, su mano izquierda acaricia un pendiente de un collar y todo el ambiente sugiere esplendor y riqueza: el alhajero, el cojín y el peine son ostensiblemente costosos y el fondo del cuadro, reclinada sobre un baúl, una sirvienta extrae el vestido para su ama que acaso se acicala para encontrarse con su amante.
El anillo que sostiene delicadamente en su mano derecha simboliza unión.
Tanto Diane de Poitiers como Gabrielle d´Estées fueron concubinas influyentes en la corte de Francia: Enrique II y Enrique VI les dispensaron vidas fecundas en lujos y les confirieron poder al reconocerlas públicamente como concubinas.
Estas dos mujeres también dieron descendencia a los reyes y gozaron de la malévola alegría de saber que las reinas Catalina de Médici y Margarita de Valois debían tolerar esas relaciones paralelas con silenciosa resignación.
El impacto erótico de la pieza se acentúa por el precioso espejo dispuesto en el margen derecho.
Diversas fuentes literarias refieren la presencia de espejos similares en los salones de Fontainebleau y otros palacios de la corte francesa.
El inventario de Gabrielle d´Estées incluye artículos de este tipo, lo que alienta a los historiadores a pensar que la pintura fué hecha en el período posterior a 1589, cuando Enrique VI gobernaba Francia y solía visitar la recámara de su concubina.
Singularmente, el reflejo del rostro en el espejo no concuerda con el de la dama: tal vez se trate de la última ironía de un pintor escurridizo dispuesto a seguir sembrando misterios.”

Fuente: Transcripción de “Las mujeres más bellas de la pintura”

.Autor desconocido Se especula que la protagonista del retrato, que lleva la marca de la escuela de Fontainebleau del siglo XVI, podría ser la concubina de Enrique II de Francia o la de Enrique IV.

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