.enrique y Ana/Ana y Enrique

Anne_Boleyn_by_agosbeatle

Credits:  agosbeatle

Enrique VIII a Ana Bolena
Mayo de 1528
“Mi querida amiga:
Mi corazón y mi persona se rinden ante tí, suplicándote que sigas favoreciéndonos con tu amor, sin que la ausencia sirva para enfriarlo; pues sería muy triste aumentar los sufrimientos de la ausencia, tan grandes como yo pensé pudieran ser. Recuerda una máxima de la astronomía, que dice que cuando el sol está tan lejos, los días son más largos y calientes; lo mismo ocurre con nuestro amor, que, a pesar de la distancia, conserva todo su fuego, al menos por mi parte.
Espero que sientas lo mismo que yo y te aseguro que el dolor de la ausencia es demasiado cruel para mi; y que cuando pienso que aún puede durar más, el pesar sería verdaderamente intolerable si no lo mitigara la idea de nuestro inalterable amor. Y para que no lo olvides nunca, te envío mi retrato, embutido en un brazalete, deseando poder entrar en su lugar, si es que el regalo es de tu agrado.
Tu fiel servidor y amigo.
H.R. ”

Ana a Enrique
6 de Mayo de 1536
“Señor:
Su enojo y mi prisión son dos cosas tan extrañas que no puedo escribir sobre ellas ni excusarme, pues no sé su motivo. Por cuanto se me ha enviado para que confesara la verdad y obtuviera su perdón a una persona que sabe es enemiga mía de antiguo; en cuanto recibí el mensaje que por medio de él me enviara, comprendí lo que quería; y si el confesar mi verdad puede devolverme mi libertad, obedeceré su orden con todo agrado y diligencia. Pero no se imagine que su pobre esposa puede confesar una falta que ni aún con la imaginación ha cometido. Y a decir verdad, ningún príncipe ha tenido mujer más leal y con más afecto que siempre ha encontrado en Ana Bolena, con cuyo nombre y lugar en la corte me habría contentado, si Dios y usted lo hubieran dispuesto así. Ni durante mi exhaltación al trono, ni en ninguna otra época, dejé nunca de esperar que me sucediera lo que me está sucediendo; pues como mi elevación no tenía otro capricho que el capricho de usted, sabía muy bien que la menor alteración o cambio sería suficiente para atraer su atención sobre otra persona.
Me ha sacado de mi medio humilde para hacerme su reina, sin que yo lo mereciera ni lo deseara. Si entonces me encontró digna de tal honor, no consienta que un capricho pasajero o los malos consejos de mis enemigos aparten de mi su real favor ni dejen tampoco que la mancha, la digna mancha de la deslealtad para con usted mancille a su muy sumisa esposa y a la princesa niña, nuestra hija. Júzgueme, buen rey, pero júzgueme legalmente y no consienta que mis mayores enemigos hagan de jueces y acusadores; aún más, júzgueme en juicio público, pues mi verdad no teme la verguenza; entonces, o mi inocencia será públicamente declarada, su conciencia quedará tranquila y la calumnia y la ignonimia terminarán, o mi culpa será declarada ante todos. De modo que si Dios o usted determina cualquier cosa, se verá libre de censuras, y como mi crimen habrá sido probado legalmente, usted estará en libertad, ante Dios y ante los hombres, no solamente para darme el castigo que merezco como esposa infiel, sino también para entregar por completo su afecto a la persona en la que ya lo ha puesto, y por cuya causa me veo yo en este estado.
Pero si usted ha decidido ya de antemano que no sólo mi muerte, sino la más infame de las calumnias lo lleve al goce de la dicha que tanto desea, entonces le pido a Dios que le perdone tan grande pecado, como igualmente le pido que perdone a mis enemigos, instrumentos de mi muerte, rogándole también que no tome estricta cuenta de su cruel conducta en la hora de su juicio final, al que usted y yo compareceremos dentro de poco y en el que no dudo que, a pesar de lo que el mundo pueda pensar, mi inocencia quedará suficientemente clara.
Mi última súplica será pedirle que sufra yo sola todo el peso de su enojo, y que no se toque a esos pobres e inocentes caballeros que, según creo haber entendido, sufren prisión por mi causa. Si alguna vez me tuvo en algo, si el nombre de Ana Bolena le fué dulce alguna vez, le ruego me conceda lo que le pido; entonces no importunaré más y rezaré a la Santa Trinidad para que vele por usted y lo dirija en todas sus acciones.
En mi triste prisión de la Torre, a 6 de mayo.
Su leal y siempre fiel esposa.
Ana Bolena.”

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