«El mito del siglo xii de Perceval y su búsqueda del Santo Grial ilustra cómo podemos ir en pos de nuestro propio grial y descubrirlo, transformando así la suerte en destino.

Ya que esta leyenda ha sido una de las más perdurables e influyentes de nuestra historia, he decidido usarla para que nos ayude a entender la búsqueda del destino.
Al principio de la narración vemos al joven Perceval protegido por su madre, Dolor de Corazón, que ya perdió a su marido y a dos hijos en la guerra.
Temiendo que Perceval quiera seguir sus pasos y armarse caballero para morir de un modo tan horrible, lo cría en el bosque, aislado de la civilización. 

Dolor de Corazón vive para proteger a su hijo de la vida.
Una mañana, cuando Perceval está jugando en el bosque, se encuentra con un grupo de cinco caballeros vestidos con armaduras brillantes portando largas lanzas, y se siente irresistiblemente atraído hacia su vida aventurera.
Queda tan impresionado con los galantes caballeros y sus maneras que inmediatamente decide dejar su casa y armarse caballero.

Su madre, asustada, le suplica que no la abandone, pero Perceval está decidido a viajar a la corte del rey Arturo y unirse a la legendaria Tabla Redonda. 

La madre, con lágrimas en los ojos, le da su bendición y le entrega una sencilla prenda de vestir confeccionada por ella.

Le pide que respete a las doncellas y que no sea curioso ni haga preguntas.

Con este regalo y estas advertencias, Perceval se pone en marcha y comienza su aventura para convertirse en caballero y cumplir su destino.
Cuando llega a la corte del rey Arturo vestido con la ropa que le bordó su madre, pide que le nombren caballero y todos se ríen de él. 

Pero Perceval insiste una y otra vez, hasta que finalmente se le concede una audiencia con el rey. 

Entre los miembros de la corte hay una encantadora doncella que lleva seis años sin reírse ni sonreír. 

Según la leyenda, solo volverá a reír cuando aparezca el mejor caballero del mundo. 

Al ver a Perceval, estalla en una risa llena de júbilo que asombra a la corte. «¿Quién es este chico que ha logrado lo que nadie consiguió nunca? ¿Podría ser que este bobo inexperto fuera el caballero que estamos esperando?», se preguntaban.
El rey le explica a Perceval que para unirse a la Tabla Redonda deberá luchar contra el Caballero Rojo, el guerrero más temido del reino, y derrotarlo; y que si gana la batalla, podrá hacerse con su caballo y su armadura. 

Perceval desafía al terrible caballero y, pese a su inexperiencia, lo mata gracias a un golpe de suerte.
Victorioso, se coloca sobre su atuendo la armadura del Caballero Rojo y el monarca le nombra caballero.
La siguiente tarea de Perceval es encontrar el Santo Grial y devolverlo a la corte del rey Arturo. 

Gournamond, un viejo sabio, le proporciona valiosas instrucciones para guiarlo en su búsqueda. 

Su consejo es muy claro: si Perceval entra alguna vez en el castillo del Grial y se encuentra con la sagrada reliquia, deberá preguntarse: «¿A quién sirve el Grial?».
Antes de embarcarse en sus aventuras caballerescas, Perceval decide visitar a su madre para mostrarle todo lo que ha logrado, pero al llegar a su puerta se entera de que ha muerto de tristeza por su marcha. 

Torturado por la culpa, sigue su camino y pronto se encuentra con Blanca Flor, una bella dama cuyo castillo está sufriendo un asedio. 

La joven implora a Perceval que la salve y él entra en la batalla desafiando valientemente a sus atacantes y recuperando su reino. 

Tras la batalla pasa una noche casta con Blanca Flor y por la mañana reanuda su búsqueda del Santo Grial.
Un día, mientras busca alojamiento para la noche, Perceval se encuentra a unos campesinos que le dicen de que no hay cobijo en treinta millas a la redonda. 

Sin embargo, pronto llega a un lago, donde ve a un hombre pescando solo en una barca. 

El pescador lo invita a pasar la noche en su morada, que se encuentra cerca de allí, le indica cómo llegar y se despide de él.

Para la sorpresa del joven caballero, el hogar del pescador es en realidad el legendario castillo del Grial.
Cuando Perceval cruza el foso, se encuentra en un lugar de ensueño con una corte majestuosa de cuatrocientos caballeros y damas que rodean al Rey Pescador. 

Este yace dolorido en su lecho, sufriendo por una antigua herida sin curar en el muslo. 

Perceval comprende que el hombre al que tomó por un sencillo pescador era en realidad el Rey Pescador.
Se celebra un gran banquete en el que el Rey Pescador entrega una espada a Perceval. 

Como parte de las celebraciones, se saca el Santo Grial, que va pasando de mano en mano por la corte. 

Todos beben de él y se les garantiza un deseo, excepto Perceval y el Rey Pescador, que no pueden beber del Grial hasta que su herida esté sanada. 

Perceval se pasa toda la cena sentado en silencio, obedeciendo la advertencia de su madre de no hacer preguntas.

Los miembros de la corte le miran entusiasmados ya que llevan mucho tiempo esperando que se cumpla la profecía que dice que un día aparecerá en el castillo un joven inocente y le hará una pregunta al Grial que liberará su poder y curará al rey.
Pero Perceval no dice nada, y a la mañana siguiente se encuentra el castillo vacío.

Él sigue adelante, con su nueva espada al cinto, mientras a sus espaldas se desvanece el castillo del Grial. 

Con el paso de los años logrará realizar un sinfín de gestas caballerescas, como matar dragones, derrotar a caballeros enemigos, rescatar bellas doncellas y hacer realidad toda esa grandeza que vio en él el rey Arturo. 

Su reputación por sus hazañas caballerescas se extiende y llega al rey Arturo, que pide que traigan de nuevo al caballero a su corte.

Se celebra una gran fiesta y un torneo en honor de Perceval y se le concede el mayor prestigio y respeto que pueda tener ningún caballero. 

Sin embargo, en el punto más álgido de la celebración, aparece una bruja. 

Delante de todo el mundo recita la letanía de los muchos pecados, imperfecciones y fallos de Perceval, el mayor de los cuales fue no formular la pregunta al Grial cuando tuvo la oportunidad de hacerlo.
Humillado por la bruja, Perceval vuelve a emprender la búsqueda del Castillo del Grial, pero lo único que encuentra son más batallas y adversidades. 

Un día, en el otoño de su vida, se encuentra finalmente con un grupo de peregrinos que le increpan por llevar su armadura de batalla en Viernes Santo, una de las fechas
más sagradas del año.

Le conducen hasta un viejo ermitaño que vive en lo más hondo del bosque y que, como la bruja, reprende al caballero por no haber hecho la pregunta al Grial.
Cuando Perceval se desprende de la armadura y se quita la ropa tejida por su madre que llevó durante tantos años, el viejo ermitaño le lleva al castillo del Grial. 

Ahora, al final de sus años de aventuras, se le ha concedido por fin otra oportunidad para probarse a sí mismo en la más importante de sus misiones.
Perceval encuentra el castillo, da un paso adelante y hace la pregunta mágica: «¿A quién sirve el Grial?». 

Finalmente, todos se regocijan. 

El Santo Grial va pasando de unos a otros y el Rey Pescador puede beber de él y sanar por fin.

Esta leyenda nos explica lo que se requiere para cambiar nuestra vida y pasar de vivir en manos de la suerte a manifestar nuestro destino. 

Al principio de la narración Dolor de Corazón, con lágrimas en los ojos, despide a su hijo vestido con las prendas que ella misma ha tejido, advirtiéndole que no haga preguntas y que respete a las doncellas.

 Luego muere, cumpliendo así la peor pesadilla de cualquier «buen chico» responsable: si deja a su madre y se independiza, ella morirá sin él.
La ropa tejida representa la maldición de los ancestros de Perceval, la herida original de la madre, que le impide madurar.

Mientras lleve esa ropa, la relación entre él y su madre quedará congelada en un estado inmaduro y dependiente.

Y como ella se lo ha pedido, se abstiene de hacerle una pregunta al Grial. 

Así, pierde una oportunidad crucial que se le ha presentado en su juventud: cumplir con su destino. 

Le hará falta una vida entera para volver a encontrarse con esa oportunidad. 

Del mismo modo, muchos de nosotros probamos el Grial en los primeros años de nuestras vidas (con oportunidades magníficas que se nos presentan en forma de la persona apropiada para casarnos o la carrera adecuada, por ejemplo) pero no hacemos nada. 

Y pasan muchos años hasta que encontramos el camino que nos lleva de vuelta a nuestro destino y a nuestra verdadera vocación.

En muchas culturas del mundo, como las de los hopi y los yoruba del África subsahariana, cuando un niño llega a la adolescencia, se le enseña a adoptar la tierra como su madre eterna y a considerar el cielo como ese padre que siempre está ahí. 

Aprende que su lugar está fuera, en el mundo, que su madre y su padre biológicos ya no pueden proporcionarle lo que necesita. 

Esto ya no ocurre en las culturas occidentales, donde tratamos de proteger a nuestros hijos del mundo.
Los ritos culturales de iniciación, como los bar mitzvás, las confirmaciones y las celebraciones de la mayoría de edad tienen como objeto guiar a nuestros hijos a la madurez y la independencia… pero se les ha privado de significado y se han convertido simplemente en fiestas sin otro sentido que la diversión y la entrega de regalos.
Muchos no hemos salido nunca del cascarón de la infancia, de manera que pasamos la vida entera culpando a nuestras madres por nuestros problemas o regresamos a la casa paterna para que nos saquen las castañas del fuego.

Igual que Perceval, nos frenan los lazos parentales restrictivos que nos impiden curar nuestras propias heridas y, lo mismo que él, tenemos que desprendernos de la ropa que nos tejieron para encontrar nuestro sitio en el mundo.

Mucha gente confabula para que no podamos escapar de nuestro sino.

Arte: N.C. Wyeth

Por ejemplo, cuando Perceval encuentra a Blanca Flor, nombre que en sí simboliza el sumunn de la pureza, esta dama se convierte en la inspiración de su vida y le lleva a proteger lo que es puro y a luchar para que el bien venza al mal.

Siguiendo el consejo de su madre, Perceval no llega a consumar su amor por Blanca Flor ni se permite seducirla o dejarse seducir por ella.

La única noche que pasan juntos carece de intimidad y nunca habrá una segunda noche.
Obviamente, si Blanca Flor fuera una mujer de verdad, esta «relación» sería ridícula, un amor tan idealizado que solo produciría sufrimiento.

 ¿Puedes imaginarte pasar la vida entera buscando a una mujer que encarna la pureza absoluta? ¿Suspirando por alguien con quien solo has pasado una noche?
¡Ciertamente ninguna mujer de carne y hueso podría compararse nunca a esta visión idealizada!
Por eso es importante entender que Blanca Flor es lo que Carl Jung llamó el ánima o la parte femenina interior –anima significa «alma» en latín»–.

Cuando recuperas la integridad de tu alma y sigues la orientación que te brinda, puedes liberarte de la maldición de tus ancestros y del sufrimiento y la enfermedad de sus vidas.
Los griegos llamaban a este aspecto del alma el daimon, también denominado genio o ángel guardián.

Este daimon nos guía por la vida siempre que lo respetemos y le seamos fieles. 

Si un hombre es fiel a su guía interior, por ejemplo, el resultado es que crecerá y madurará, pero si intenta evitar esa parte femenina que hay en él, tratará de encontrarla en forma física y de casarse con la imagen idealizada de lo femenino en lugar de con una mujer de verdad.

Puede que vaya de mujer en mujer buscando inconscientemente su parte femenina en ellas e insistiendo en que su pareja encaje en la ilusión de cómo debería ser y parecer una mujer.

Igualmente, si una mujer se deja seducir por el mito de la belleza material, nunca será capaz de encontrar la belleza de su feminidad interna.
El mito de Perceval nos recuerda que no siempre nos resulta fácil ser fieles a nuestro propio daimon. 

Por eso es por lo que aparece la bruja en la corte: para exponer al hombre imperfecto que hay bajo la armadura. 

La bruja o arpía 1 es el daimon que reaparece exigiendo atención. 

Esta figura puede verse en muchos mitos, cuentos populares y leyendas como el portador de la verdad, que suele decirle al héroe aquello que este no quiere escuchar, mostrándole las partes de su alma a las que no presta atención. 

En nuestras propias vidas la bruja viene a nosotros en forma de un desagradable «enfrentamiento con la realidad» o de una experiencia decisiva de vida como la de cortar una relación importante; que te despidan de un trabajo; pasar por una enfermedad, una crisis o un divorcio, o perder algo que ha sido crucial para nuestro ser.
En el mito de Perceval, el propósito de la bruja es mostrarle a nuestro héroe que a pesar de que en apariencia es el caballero perfecto, su interior está enfermo, ha perdido su alma.

Se ha dedicado exclusivamente a la búsqueda de su yo externo a expensas de su daimon. 

Hacia el final de la historia su armadura se ha convertido en una prisión de logros materiales, y está perdido dentro de ella.

No tiene amor ni calor humano, ha fracasado en la única búsqueda con significado para él: encontrar el Grial.
Cuando la bruja lo humilla, exponiendo su lado oscuro y despreciando toda su gloria, queda desolado.

Ha comprendido que todo aquello a lo que daba valor era una farsa.

En ese estado de desolación se ve obligado a replantearse el propósito de su vida, a preguntarse: «¿Cuál es el significado de mi vida?». 

Este es su punto de inflexión, el momento crucial en el que finalmente se ve forzado a volver a reemprender su misión vital.
Sin embargo, a pesar de esta experiencia, Perceval solo sabe hacer lo que ha hecho siempre. 

Vuelve a su caballo y a su armadura, pero ahora sus hazañas caballerescas ya no significan nada para él.

Sabe que a pesar de su deseo de encontrar algo con más sentido, no logra escapar de su suerte, sigue representando el papel que heredó de su padre y vistiéndose con las prendas tejidas por su madre.
La bruja representa la feminidad sagrada, el alma, que hace su aparición en forma de una vieja sabia.

Tras años de abandono, resurge para despertar a Perceval y hacerle ver que está pasando por la vida sin disfrutarla y que no sabe qué hacer para solucionarlo.

Así es como los devotos peregrinos la encuentran cuando le preguntan por qué lleva esa vestimenta de guerra en una de las fechas más sagradas del calendario cristiano.

Lo llevan a lo más hondo del bosque, otro símbolo de la oscura feminidad, el viejo ermitaño le dirige a la senda que le conducirá al castillo del Grial, donde por fin es capaz de encontrar su voz y preguntar: «¿A quién sirve el Grial?».
Finalmente se le permite a Perceval escapar a su suerte de vivir y morir por la espada, como hicieron su padre y sus hermanos antes que él, y ahora puede llevar una vida espiritual. 

El castillo del Grial es la metáfora que simboliza el encuentro de su destino, un destino que estuvo siempre ahí para él; solo necesitaba estar preparado para aceptarlo. 

Cuando finalmente mira en su interior, descubre que el castillo del Grial y el Santo Grial están al alcance de su mano.»

-Dr. Alberto Villoldo («Los acuerdos del alma»)

6 Replies to “.la búsqueda de Perceval”

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