.deja que tu alma despierte

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R E A C H. Graphite on paper. //by hyphaea

Ser humano tiene una trascendencia enorme.

Cuando encarnáis como seres humanos, es esencial que, durante un tiempo, olvidéis vuestra alma al descender al mundo de los sentidos y absorber las ideas sociales que predominan en él: los errores de percepción, los miedos, las ilusiones de la atmósfera terrestre…

Cuando dais ese salto de fe para encarnar en la Tierra, ya sabéis de antemano que perderéis la conexión con vuestra alma a fin de recibir hondamente las influencias de la Tierra, de la vida aquí y de las circunstancias que habéis escogido.

Cuando asumís esta vida con tanta intensidad que acaba por doler y finalmente empieza a asfixiaros, es cuando estáis a punto de descubrir que eso no es lo que sois.

En ese momento surgen en vuestra vida circunstancias que os desafían a adentraros en vosotros mismos y empezáis a preguntaros: «¿Quién soy yo en realidad, al margen de las circunstancias que me fueron dadas en mi infancia por mis padres, por mi educación y por la escuela?». Es decir, quiénes sois realmente.

Cuando se presenta una crisis en vuestra vida, cuando las personas desaparecen o las situaciones cambian drásticamente y os quedáis solos, entonces se os desafía a volveros hacia una fuente interior, un manantial que existe más allá de lo terrenal, y esa fuente es vuestra alma.

Muy a menudo, vuestra alma cobra vida en una encarnación terrestre a través de circunstancias muy duras, que hieren profundamente. Sufrís porque vuestro yo terrenal quiere formar parte del mundo que lo rodea en la Tierra.

En todas las personas existe una tendencia a adaptarse a la energía colectiva que prevalece en la Tierra.

Cuando sois niños, queréis ser amados, queréis sentiros acogidos en los brazos de vuestros padres.

Queréis ser nutridos espiritual y emocionalmente, y por eso buscáis ese sustento en el mundo que os rodea: primero en vuestros padres; después, más adelante, en vuestros semejantes; o lo buscáis en el éxito y el reconocimiento en vuestro trabajo. Tratáis de nutriros de muchas maneras para sentiros vivos e inspirados.

Todo el mundo quiere sentirse vivo y ser feliz. Sin embargo, llega un momento en que descubrís, en lo más hondo de vosotros, que todas esas influencias externas no pueden daros lo que en realidad estáis buscando: vuestro propio núcleo, vuestra propia alma, que no está determinada por vuestro pasado ni por vuestra crianza ni por todas esas circunstancias, sino por aquello que trae algo fresco y nuevo a esta realidad terrenal. Precisamente es vuestra parte inadaptada la que os devuelve a vuestro centro interior.

Es esa parte de vosotros que no puede amoldarse, la que ha generado fricción con la energía de vuestros padres, con vuestra educación, con vuestro trabajo y con las personas que os rodean; esa parte que se siente rara, apartada y a menudo sola es la que os conduce de vuelta a vuestra alma, a vuestro ser más profundo.

Lo ideal sería que el mundo que os rodea, comenzando por vuestros padres, os ayudara a encontrar vuestro centro interior, vuestra alma; que las personas y las situaciones acogieran vuestro verdadero ser, eso nuevo que habéis venido a aportar. Y ahí es hacia donde ahora se dirigen las cosas, porque es ahí hacia donde tienen que dirigirse.

El mundo exterior necesita ponerse al servicio del mundo interior de las personas, pero todavía no habéis evolucionado tanto. Aún hay mucho miedo y muchas influencias veladas en la atmósfera colectiva del mundo.

Durante siglos, las personas se han acostumbrado a sobrevivir reprimiendo los impulsos auténticos de su corazón. Y esa represión ha sido tan fundamental y ha tenido causas tan diversas que, como resultado, todavía no os resulta natural expresar vuestro verdadero ser. Viejos miedos os frenan, miedos que han ido pasando de generación en generación hasta llegar a vuestros padres.

Ahora se os desafía a traer un cambio, a alterar esa dinámica, a daros la vuelta, a girar por completo, por así decirlo, y a decir: «No, esto no es lo que quiero, esto no es lo que soy».

Desde una llamada interior, desde un impulso profundo, sentís que queréis que las cosas sean distintas.

En ese impulso reside vuestra originalidad, eso nuevo que habéis venido a traer y, sobre todo, a experimentar dentro de vosotros mismos.

Estáis aquí por vosotros mismos, para desarrollaros y para conectar vuestra alma con la Tierra y, a través de ese proceso crear cambio, enviar vuestra luz al mundo que os rodea y ayudar a que la energía colectiva de la Tierra sea atravesada por una conciencia nueva y diferente. Pero hay que empezar por uno mismo: esa es la clave, esa es la fuente del cambio.

Ahora quiero ofreceros un ejercicio concreto para avivar aún más la energía de vuestra alma. Cuando nacéis como niños en la Tierra, tenéis una madre y un padre que están lidiando con sus propios miedos, aunque por lo general tengan muy buenas intenciones hacia su hijo. Pero a menudo no consiguen daros la verdadera energía de la maternidad y la paternidad que anheláis. La maternidad y la paternidad son energías arquetípicas; son una especie de fuerza universal, una fuerza cósmica, que mantiene unida la Creación: lo Masculino y lo Femenino.

Os propongo que descendáis con vuestra atención hasta el abdomen, que respiréis con calma y que conectéis, de una manera muy serena, con el niño o la niña que fuisteis en vuestra infancia. Sentid a ese niño sentado en vuestro abdomen, miradlo, saludadlo por un instante y preguntaos: «¿Qué es lo que más necesitaba este niño? ¿Cómo vivió esa necesidad? ¿Fue la carencia de una energía paterna amorosa y fortalecedora o la falta de una energía materna tierna e incondicional?».

Visualizad que ante vosotros se presenta un guía masculino que representa la energía paterna, la energía de padre que originalmente estaba destinada para vosotros, y visualizad también que ante vosotros se presenta una guía femenina que representa la energía materna en su forma original. Ambos os miran y quieren entregaros su energía para que os sintáis sostenidos al seguir el camino de vuestra alma. Esto sucede al margen de las ideas que todavía predominan en la sociedad y de los miedos que habéis interiorizado. Pedidle consejo a uno de ellos. Centraos en uno de los dos guías y dejad que su energía fluya hacia vosotros. Escoged al que más os atraiga en este momento. Mirad y sentid qué energía quiere acercarse a vosotros y ayudaros. Estas energías están siempre a vuestra disposición; os sostienen y os impulsan a despertar a vuestro verdadero ser.

A menudo sabéis mucho a nivel de la mente y del corazón. Comprendéis las leyes espirituales que existen, el sentido profundo de muchos acontecimientos, pero el dolor más grande y con él la mayor sensación de impotencia, se asienta en el nivel de las emociones representadas por vuestro niño interior. Aunque incluso a nivel del abdomen, en el nivel del niño interior, podáis saber muchas cosas, ahí suelen existir obstáculos reales, heridas y traumas.

Por eso es tan importante que literalmente pongáis las manos sobre vuestro abdomen, enviando calor a esa zona, y que os dejéis nutrir por energías cósmicas, como las energías del padre y de la madre. Esas energías están siempre ahí para vosotros, al margen de la relación que hayáis tenido con vuestro padre y vuestra madre terrenales.

Sentid el apoyo y la fuerza de estos guías y abrazad con ternura a vuestro niño interior. Preguntadle qué necesita y confiad en que lo recibiréis todo.

¡Muchas gracias por vuestra atención y por vuestra presencia!


-JESHUA (Canalizado por Pamela Kribbe)

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