Bhavachakra describiendo el ciclo de saṃsāra: ilustrado en la rueda hay seis reinos de existencia en los que un ser sensible puede reencarnar, de acuerdo con la doctrina del renacimiento del budismo. Yama, el dios de la muerte, está en la parte superior del borde exterior. El borde exterior muestra la doctrina de los Doce Nidānas

En diciembre de 1926 nació en Delhi, India, una niña llamada Shanti Devi.

Desde muy pequeña sus padres notaron algo inusual en ella. No hablaba como los demás niños. Cuando tenía apenas cuatro años comenzó a decir, con una seguridad que desconcertaba a su familia, que esa no era su verdadera casa, que su familia verdadera vivía en otra ciudad, y que su esposo la estaba esperando.

Decía que su verdadero hogar estaba en Mathura, a más de cien kilómetros de Delhi, y que allí había muerto pocos días después de dar a luz a un niño. Hablaba de su supuesto esposo con nombre y apellido: Kedar Nath Chaube. Contaba detalles de la casa, de las calles y de las personas que la rodeaban en aquella otra vida, y aseguraba que su nombre anterior era Lugdi Devi.

Los padres de Shanti creyeron primero que era una fantasía infantil, pero la insistencia de la niña era tal que comenzó a llamar la atención de sus profesores y de los vecinos. Recordaba con precisión cómo era la casa donde había vivido, el color de las paredes, la disposición de los muebles y hasta el aspecto del patio. Cuando un día mencionó el nombre del marido, un comerciante de Mathura llamado Kedar Nath, alguien decidió comprobar si ese hombre existía. Y sí existía.

Kedar Nath era un hombre real. Había tenido una esposa llamada Lugdi Devi, fallecida en 1925, diez días después de dar a luz a su primer hijo. La coincidencia era exacta: Shanti había nacido al año siguiente. El hombre recibió una carta en la que se le relataban las palabras de la niña. Intrigado, decidió viajar a Delhi acompañado de algunos familiares.

Cuando Shanti lo vio, lo reconoció de inmediato. Lo llamó por su nombre, le habló de cosas privadas de su matrimonio, y le describió con exactitud detalles de su vida doméstica. Reconoció también a otros miembros de su familia anterior, y lloró al ver al hijo de Lugdi, diciendo que era su propio hijo. Aquella reunión dejó a todos los presentes profundamente impresionados.

El caso se hizo tan famoso que llegó a oídos del propio Mahatma Gandhi, quien organizó una comisión de investigación para estudiar lo ocurrido. En 1935, la comisión viajó con Shanti a Mathura. La niña, sin titubear, indicó el camino hasta la que decía ser su antigua casa. Identificó habitaciones, rincones, objetos, y saludó por su nombre a varias personas que habían conocido a Lugdi Devi.

El informe de la comisión concluyó que la niña poseía conocimientos imposibles de adquirir por medios normales. No se pudo explicar cómo una menor de ocho años, que nunca había salido de Delhi, podía conocer con tanta precisión los detalles de la vida de una mujer fallecida en otra ciudad. El caso se difundió por todo el país y luego por el mundo.

A lo largo de su vida, Shanti Devi mantuvo su versión. Nunca se retractó ni intentó aprovechar su fama. Decía que recordar su otra vida no era una bendición, sino una carga, y que la tristeza por la familia que había perdido nunca la abandonó del todo. Fue entrevistada por investigadores y periodistas durante décadas, siempre repitiendo los mismos hechos sin contradicciones.

Murió en 1987, a los 61 años, sin haber cambiado un solo punto de su relato.
Hoy su historia sigue siendo uno de los casos más citados cuando se habla de recuerdos de vidas pasadas: la historia de una niña que, sin saber cómo, parecía recordar quién fue antes de volver a nacer.

Shanti Devi

Archivo documentado del caso

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