Image

“Tenès dedos de pianista”, me dijo mi abuela una tarde sofocante de verano, en el patio de su casa.
Hacìa mucho calor.
Y desde la azotea podìamos ver los centenarios eucaliptos que emergian ahi con sòlo otear el horizonte, de su casa.
Hoy ya no estàn, o quedan pocos a la espera de ser tumbados.
Y en su lugar estàn haciendo dùplex para familias que viven en lo que hoy es asentamiento.
Pero hace 40 años atràs lucìan erguidos y lùcidos, buscando el sol.
Y en esa tarde, ella tocò mis pequeñas manos y les diò una nueva vida.Corrì a mi casa como una bengala.
Yo habìa disfrutado con los ojos desorbitados y el alma en flor, el “Cascanueces”.
Y la mùsica clàsica que ponian mis padres los fines de semana.
Y el violìn un poco desafinado de Ñuqui -amigo de mis viejos- cuando despertaba un domingo, en casa de ellos, y sentia nacer los primeros acordes.
Y las tardes de siesta, en casa de la otra abuela, que tenia -medianera mediante-, una escuela de guitarra española.
Era un embrujo gitano, escuchar esos rasguidos, que eran como una suave lullaby, en mi alma. Que delicia…!
La historia de mis dedos recorriendo un piano durò exactamente cinco años.
El recuerdo juega al olvido a veces, con esos acordes.
Porque hay trazos que no puedo recordar, aunque quisiera.
Una mujer mayor con gruesos marcos de carey oscuro que nos enseñaba a mi y otras tres amigas inseparables que ibamos tres veces por semana, muy al comienzo, a jugar.
Y luego, a sentir.
Yo soñaba con que mis dedos bailaban, subian y bajaban, por sobre todo el pentagrama que sentìa pleno ahi.
En ese encuentro sagrado con los sonidos.
Pero algo se interpuso entonces.
Una pequeña vara de color castaño que hacia de tutor, cuando uno se equivocaba.
Iba directo a mis dedos blancos y fràgiles de entonces.
Y un dia la vocecita se fuè apagando.
Y ya no màs piano en mis manos.
Dejè de tocar y olvidè.
Pero un sonido màs profundo, seguia vivo
anudado en mi corazòn
la llave que abre ese cofre me la diò mi abuela
En los veinte años que la tuve conmigo habia un rito
que celebraba conmigo:
en cada aniversario de mi natalicio
cada nueve de enero habia un tesoro lleno de luz, para mi
y me lo daba al final
yo siempre lo esperaba como quien espera las doce, en nochebuena
Mi abuela “Mamma” me fuè dejando a travès del tiempo
veinte cajitas
cada una era distinta a la otra.
Tenia que serlo!
Y de ella emanaba un sonido,
un acorde,
una melodia distinta, a la otra
Veinte cajitas que me recordaban el sonido latiente en mi
que nada ni nadie podia apagar
Podìa ser una bailarina danzando sobre un cuadrito
un cofrecito aterciopelado donde guardaba bijou
o una damita renacentista de porcelana que tenia una pequeña manivela para darle cuerda
Todas y cada una, eran especiales
A los pocos meses que tuviera en mis manos la cajita nùmero veinte,
ella partiò
y lo hizo de improviso,
como un viento huracanado que deja tras su huella
un desordenado desierto
sentì una bronca lacerante en mi ser.
Sentia esa partida improcedente
inaudita
inapropiada para alguien,
de quien sòlo era un ser de luz.
Como si mi corazòn se partiera en dos y estallara
no habia nada que calmara, mi dolor.
Me sentia
demasiado joven y trèmula
mi ser candorosa, se lo debia a ella!
y ahora me habia abandonado!
Quièn me comprenderìa entonces…?
Con quièn hablarìa del mundo inmenso e intangible
que habitaba en mi interior?
En una bolsa enorme, guardè una a una todas las cajitas
algunas aùn resonaban
pero ya no habia acorde.
Me sentìa inundada de una improvista orfandad…
Y entre làgrimas, las di
con la esperanza vana de que alguna criatura del universo
al tocarlas,
como un diapason gigante,
sintiera vibrar en si,
la orquesta entera en su interior
Sòlo una se salvò
pequeñita
y la tengo aùn conmigo
como llevo en mi corazòn a mi abuela de luz
hoy sè que està viva en mi
y ese enojo por su partida mutò en deseos a la espera de ser cumplidos
su voz esta màs viva que nunca en mi
y los sonidos se expandieron
y treparon por todo el pentagrama de mi ser…
(en dias como hoy, te extraño mucho Mamma…)
Gabi
Cajita de musica (1) Cajita de musica (2) Cajita de musica (3) Cajita de musica (4)

4 Replies to “.las veinte cajitas”

  1. Qué historia más hermosa contada desde un corazón que no dejó de ser niña cuando estaba junto a ella! Me ha gustado pero más que eso, ha entrado por mi corazón, mezclándose con los recuerdos que tengo de mi abuela, de mi otra abuela, de mi abuelo…. esos recuerdos, compartir momentos solo con ellos porque solo ellos los entienden, como también nosotros. Esas cajitas dadas o regaladas deben de estar en buenas manos, seguro, y esa que muestras en la imagen es preciosa. Ay Gabi, que bonito escribiste esto.

    Me gusta

    1. ¡Ah los abuelos! ¡Qué magia poder tenerlos aún en mi corazón y disfrutarlos! ¡Cuántos recuerdos hermosos me llegan de ellos! Trazaron una huella imborrarrable en mi, dejaron un perfume precioso…
      Esa cajita que decís, que es ínfima porque cabe en la palma de una mano, es especial: contiene dentro, la foto de mis viejos… 🙂

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: