
La mayoría conoce a Leonardo da Vinci por el famoso retrato de la Mona Lisa, pero algo que probablemente conozca mucha menos gente del polímata renacentista es que era un procastinador crónico, todo lo postergaba.
Cuando eres un genio de la magnitud de Da Vinci, probablemente tengas demasiadas ideas emocionantes. La consecuencia fue que muchos de sus proyectos quedaron sin terminar o abandonados por completo, porque a menudo surgían otras ideas interesantes que le distraían de las anteriores. En su diario, reflexionaba: «Dime si has acabado algo. Dime si has acabado algo». Afortunadamente para nosotros, acabó muchas cosas. Entre ellas, la pintura más famosa del mundo. E incluso acabar ese cuadro le llevó casi dieciséis años.
Desde luego Leonardo no ha sido el único en eso de dejar las cosas para más tarde. Muchos de nosotros nos hemos encontrado con colegas o amigos que nos han dicho alguna vez: «Claro que puedo hacértelo. Tú déjamelo a mí», y que luego no han encontrado nunca el momento de cumplir su promesa. En vista de lo ocupados que estamos, nos resulta más fácil engañarnos y pensar que en el futuro tendremos más tiempo del que en realidad tendremos. Al igual que Leonardo da Vinci, siempre surge algo. Los compromisos anteriores se van retrasando, lo que engrosa rápidamente la lista de las cosas pendientes y muchas de las cosas que eran «para mañana» acaban cayendo en el olvido. El resultado es que las buenas intenciones pueden acabar diluyéndose en la nada, sin un resultado concreto.
Es pura especulación, pero quizá hasta el propio Leonardo da Vinci habría podido sacar partido de unos cuantos planes de acción. «Cuando me distraiga con otras ideas, entonces volveré al retrato y lo acabaré.» Quién sabe si habría convertido otros muchos proyectos inacabados en obras de arte.
-Martin, Steve, Goldstein, Noah: ‘El Pequeño Libro del Sí’.
