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Dicen que Papá Noel se llamaba Nicolás y vivía en un pueblo donde había mucha pobreza. En ese lugar y en aquel tiempo, algunas mujeres “trabajaban” en las calles, lo que les permitía tener algún ingreso para sobrevivir.
Todas ellas se ubicaban a o largo de un gran paredón que era muy conocido, porque allí se las encontraba cada tarde y cada noche.
Muy a menudo del otro lado del paredón, “alguien” les arrojaba una bolsa
con comida, ropa y alguna otra necesidad.
Y durante muchos años se guardó el misterio de saber quién era la persona tan generosa que dejaba esos regalos para que pudieran cubrir sus necesidades, hasta que finalmente se supo que era Nicolás.
Por su solidaridad y por su vida, fue santo. Fue San Nicolás.
Y más tarde lo convirtieron en Papá Noel.
De allí la bolsa con los regalos…
– CAPÍTULO UNO
Hoy día, una joven mamá también trabaja “en la calle”.
Y una mañana, se entera que está embarazada de su segundo hijo y
decide contarle a uno de sus clientes que esta vez,
no como la primera, quiere “vivir su embarazo intensamente”.

Este señor, que la conoce, sabe que ella tiene una enorme presión de ciertos jefes, por llevar una parte de su sueldo cada día, a cambo de una suerte de protección.
Entonces, esta persona toma una decisión y le hace una propuesta.
En homenaje a sus ganas de ser mamá, decide pagarle durante todo su embarazo sin utilizar sus servicios!

Increíble y conmovedor.
En esas zonas sórdidas y oscuras de la marginalidad,
aparece la dimensión profunda e inentendible del Amor humano.

– CAPÍTULO DOS
Me entero de este hecho, por una mujer que hace años,
con un equipo de personas generosas, recorren las calles,
especializándose en las mujeres más postergadas y abandonadas.
Cuando me cuenta esta historia, obviamente me conmuevo,
y me agrega un comentario:
“imaginate si ella consiguiera un trabajo para no tener que estar en la calle”.
Le preguntamos que le parecería y dijo que estaría muy contenta de tener esa posibilidad.

En ese momento, le escribí una carta a Papá Noel,
en realidad a San Nicolás (que ahora también atiende en el celular).
Les digo la verdad, no es el verdadero Papá Noel, es una persona que sólo vi una vez y que quería colaborar con “algo que alguien necesitase”
Y le hice un pedido complejo: un trabajo (inventado) con sueldo durante por lo menos un año!

Y dijo que sí!!!!!
Esta mamá, que se me ocurre puede llamarse Marta,
ahora con sus dos hijos (tal vez Jhonatan y Lucila) ahora tiene un trabajo digno.

– EPÍLOGO
Cuánta gente buena! Son decenas, cientos, miles, quienes
participan de la silenciosa y cotidiana revolución solidaria.

Una revolución cultural. Una revolución en Paz.
Un movimiento cultural y social por el otro, por los otros y por la comunidad.
Una renovada revolución por el servicio, por la participación y el compromiso.

Un abrazo! Feliz Navidad. 

Juan Carr, exultante.
(voluntario de la Red Solidaria)

PD: Mientras tanto, buscamos otro trabajo digno, para otra mamá… multiplicarr@gmail.com

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