.humo

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“Humo”. Lauren Peralta ©

marcos rozados en callado hueso/
agitan un cocktail humeante/
miles de calorías desaparecen/
ante la repicante austeridad/
de los humos vistos de atrás/
dos manos de trébol roto/
casi enredan los dientes separados/
y castigan las oscuras encías/
bajo ruidos recibidos al segundo/
los pelos ríen moviendo las huellas de varios marcianos/
cognac bordeaux – amarillento/
rasca retretes sanguíneos/
tres voces fonean tres besos/
para mí para ti para mí/
pescar la calandria eufórica/
en chapas latosas/
ascendente faena!
Alejandra Pizarnik

La Poesía es el arte de la seducción, la utilizan todos los encantadores de palabras.
Los poetas la dedican a los que desean caer en sus redes; a los que disfrutan rodar encantados en ese vacío que surge a raíz de no poder captar, a cabalidad, el significado de esos versos; de la incapacidad que nace de no saber descubrir los misterios que éstos esconden realmente.
A este grupo pertenece Humo, de Alejandra Pizarnik, sus versos nos envuelven, nos embriagan, nos marean, nos inquietan, nos llevan por el camino de las sombras donde inhalamos gases que terminarán desequilibrándonos.
Luego de cada verso se hará necesario detenerse a pensar, a indagar lo que encierran; urgencia requerida ante las múltiples posibilidades de interpretación que brinda cada palabra, por ejemplo, ¿de qué humo se trata? ¿del que desprenden las cosas al quemarse?, ¿del vapor que despide el agua al alcanzar altas temperaturas?
O, tal vez, ¿del humo que todos destilamos cuando perdemos una partida?
A la poesía se la siente, se la disfruta.
Se introduce en ella no para entenderla sino para sentirla, para perderse; para caer fulminado en su red, embriagado por su magia.
Es una pieza que siempre enmascara algo, no hay que engañarse, es un lugar de malos entendidos.
Conocerla no requiere cuidar los pasos que se dan, no se hace necesario caminar atentos, salvo si se quiere descubrir su andamiaje; sólo si se quiere experimentar un nuevo placer, llegar hasta el otro goce; entonces, debes hacerlo con detenimiento; ese es el único camino.
Al principio es preferible ir al descuido, deslizándose  libremente por sus pasillos inesperados.
Pero, recordando siempre que se disfruta más de sus secretos cuando se llega precavido, con una linterna-lupa en mano que nos guie.
La sabiduría de un Tiresias contribuirá a descifrar el monólogo que, para sí mismo, despliega todo artista a la hora de elaborar su poesía.
En Humo la palabra “marco” define un espacio.
Aún así, se hace evidente que dicho humo terminará desbordándose; eso, a pesar de lo resistente que pudiese ser el marco que lo contiene.
Un lector curioso se preguntará ¿con qué hueso está elaborado ese marco? Humo es un jardín formado de palabras, la pueblan flores de diversos tonos.
Bastaría mencionar “rozar”, rica en connotaciones, para darse cuenta del mundo simbólico donde uno se encuentra.
“Rozar” lleva a imaginar una multiplicidad de posibilidades: desde un roce simple a otro agresivo, rabioso, persistente; capaz de dejar huellas en cualquier hueso de un marco.
Y cuando escuchamos “callado”, el primer impulso lleva a pensar en rugosidad o callosidades.
Pero, se hace también presente el silencio autista, que incluye uno suave, reservado.
Algún lector se inclinará por los callos blandos de las fracturas, que termina convirtiéndose en hueso.
Los versos de Humo te desestabilizan, te invitan a danzar al mismo ritmo del que se agita el cocktail humeante, vaporoso de esa poesía.
Hasta es posible considerar que los versos “de los humos vistos de atrás” no se trate de otro sino de la arrogancia, aquel que suele hacerse humo en cualquier momento.
En toda esta poesía sigue en pie la invitación a continuar jugando, a seguir rebuscando las connotaciones que es capaz de proyectar cada palabra que utiliza la poeta.
Pero, en cuanto te prendes de una, “repicante” por ejemplo, la debes leer una y otra vez.
Una vez más, con calma, te repites y repreguntas, ¿re-pica?, re-picante ¿se refiere a volver a picar, o, a hacer sonar repetidamente un instrumento?
Porque también podría tratarse de lo picante que pudiese estar el cocktail.
Y en este ambiente de humo, de tinieblas, no se nos permite dilucidar, a ciencia cierta, en qué apoyarnos; y de eso se trata, de desestabilizarnos como lectores.
No deja nada por dicho.
En Humo, es un hecho, juegan con el lector, de lo contrario resultaría fácil considerar en el verso “dos manos de  trébol roto” si la voz poética habla de una planta herbácea, o de la mano de cartas de una baraja.
No queda más que reconocer que en esta poesía ponen a trabajar al lector, se le impone la labor de armar su propia interpretación.
Por eso, aprovecho y me pregunto: ¿trébol roto, significa que se está frente a una mano de baraja pobre?
Porque al referirse a “roto”, de inmediato uno se remonta a los primeros españoles de la conquista quienes llegaban a  Perú casi desnudos, con ropas raídas; por eso terminaron llamándolos “rotos”; Los chilenos aún siguen llamando “roto” al pobre.
Roto significa, también, partido en trozos irregulares, dañado, inservible, que no funciona, desgarrado; y, para algunos, resaca.
Pero, “roto”, además, incluye la imagen de puente, de unión,  de algo que puede remendarse.
Presenta la posibilidad de tender un puente, para dirigirse hacia lo que ya no marcha, con el fin de ejercer presión y lograr un cambio.
Humo te introduce en el mundo de las palabras; de la lengua, del lenguaje; de la simbología.
Te demuestra, también, cuán difícil puede ser mantener comunicación verdadera con el otro.
Al leer o escuchar palabras nos podemos enredar de la misma manera que sucede en esta poesía, a pesar de permitir gozar de su propia magia sonora las metáforas son capaces de enredarnos.
En una buena poesía las palabras son camaleónicas, tienen capacidad de disfrazarse, poder de emanar vapores de los cuales aparece un encantador que cumple su rol; el mago encanta e hipnotiza.
Hace que la palabra “embrujada” se transforme, cambie sus ropajes y sea otra.
Con las metáforas te puedes enredar, desenredar, en-redar; o sea, quedar capturado.
Y, como “enredar” es también entrelazar de manera desordenada, enmarañar, confundir complicar; es jugar y hacer travesuras, su efecto se refleja en los cabellos, hilos y lanas; provocan dudas porque no se sabe cómo salir bien.
Y así, conmovido y casi sin ropas, “roto” se trascurre dentro del refugio sombrío y resbaladizo de las metáforas.
Y, entonces, cuando se escucha un “ruido”, te desequilibras.
Ese ruido ¿qué es?
¿Un sonido no deseado que se presenta en un segundo, de tiempo, o, en un segundo plano?, o, ¿sólo es una perturbación en la comunicación? Hay ruidos con colores, remontan al cuerpo y al arte: al cine, literatura, y deporte.
Te recuerdan al cuerpo porque lo relacionas con los besos, abarcan a esos tres de los cuales uno es para ti.
Lo saboreas aún en las tinieblas, cuando cantas como una Calandria más.
Critica. “El otro Goce”. Luz Rosario Araujo

2 pensamientos en “.humo

  1. Vale que si te hace trabajar el poema.! Se agradece el análisis que hace Luz Rosario Araujo para lograr entenderlo en su totalidad. Reconozco que me costó ! Aún asi, sigue siendo bello como todo lo que escribió esta mujer tan especial ! Gracias Gabita !

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