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“Hay un tiempo para cada cosa
y un momento para hacerla
bajo el cielo.
Un tiempo para callarse
y otro para hablar…”

(La Sagrada Biblia)

 

APRENDAMOS A VALORAR EL SILENCIO

Cuando no hay distracciones en el huerto,
reina la paz. Podemos oír el zumbido gentil
de la naturaleza y ser enteramente
conscientes de lo que está frente a nosotros.
Mi huerto florece en el silencio y se contrae
en medio de las distracciones.

CONOZCO VARIAS PERSONAS que abandonan sus meditaciones regulares durante los meses de verano para pasar tiempo en el huerto. Allí encuentran más silencio y oportunidad para tomar conciencia que entre el ruido de sus pensamientos en una habitación oscurecida.
Estar en el huerto constituye un ejercicio de concentración. Al cabo de unos minutos, estoy totalmente inmersa en lo que sucede frente a mí. ¿Qué debo desmalezar? ¿Qué necesita un acolchado? ¿Qué hay para cosechar? ¿Es hora de tutorar? Las abejas y yo trabajamos a la par. Los pájaros parlotean sin cesar, esperando que yo me quite de en medio. Y el zumbido suave de la manguera y el sistema de riego son como un mantra que me recuerda lo que está frente a mí.
De hecho, el silencio que encuentro en mi huerto es lo que me inspiró a escribir.. Observando crecer a las plantas, podía apagar el ruido en mi cabeza y contemplar directamente el milagro de la consciencia. El ciclo absoluto del nacimiento, la muerte y la renovación se desplegaba ante mí, y descubrí que podía estar por completo presente de una manera que nunca antes había logrado. Cuando mis plantones crecían en la tierra, yo crecía en mi interior. Podía permitir que las cosas simplemente fueran, y con sólo un poco de ayuda de mi parte, una fuerza mayor controlaba todo el asunto.
Hay una cita de Darwin que encierra el júbilo de la observación callada: “Es interesante contemplar un surco enmarañado, cubierto con muchas plantas de todo tipo, con pájaros cantando en los arbustos, varios insectos revoloteando en derredor y lombrices arrastrándose por la tierra húmeda, y reflexionar que estas formas de estructuras elaboradas, tan diferentes entre sí y dependientes una de la otra de una manera tan compleja, han sido producidas por leyes que obran en torno a nosotros”.
He descubierto que el silencio refleja más un estado mental que una circunstancia física. Al tomarme el tiempo para acallar los pensamientos en mi mente he tomado conciencia de que soy mucho más capaz de valorar lo que está frente a mí en el momento presente. He perdido días, meses, incluso años, porque mi mente ha estado obsesionada con controlar el futuro y manipular el pasado.
Ahora, incluso cuando las cosas no me salen bien, cuando siento dolor emocional, cuando mi corazón está roto, cuando estoy preocupada acerca de mi supervivencia financiera o cuando observo la desdicha de la gente sin techo, procuro no esforzarme por salir de mi estado. En cambio, me aferro a él y exploro el momento, sabiendo que no importa cuáles sean mis sentimientos, eso es lo que debo sentir. Igual que el cambio de clima, las nubes avanzan, cae la lluvia, y luego, cuando llega el momento apropiado, sale el sol y prevalece la claridad.

Tomémonos tiempo para estar en silencio y eliminar las distracciones.
Sólo cuando somos capaces de experimentar el momento es cuando vivimos la vida de verdad.

 

 

El Jardin de la Vida- Vivian Elizabeth Glyck-“Doce Lecciones que aprendi de las Plantas”

 

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