.las cartas más tristes del mundo-Condenados a muerte II

cartas de color de herrumbre-Condenados a muerte-2Puente de La Boca, Bs.As.

“Queridos padres, aunque el cielo fuera papel y todos los mares del mundo tinta, no podría describiros mis sufrimientos y todo lo que veo a mi alrededor…”

  Bélgica-

“Mamaíta mía: Tengo una noticia muy triste que darte, te ruego que seas valiente: he sido condenada a muerte. Quizás esta noche seré ajusticiada. Tú debes pensar en mi hermano, soportar tranquilamente esta prueba. Estoy muy tranquila, mamaíta mía. Tú también lo ves, tengo la conciencia tranquila. He actuado conforme a mis principios. No hay muerte triste cuando se tiene este consuelo…”

Fernande Volvral

Bulgaria- 11 de noviembre de 1941

“Hoy me han leído la sentencia de muerte. ¡Valor! Paso la primera noche con la soga al cuello. Buenas noches, queridas esposa y madre, buenas noches, queridos hijos. Acordaos de vuestro padre y perdonad las horas de angustia que pasaréis conmigo. ¡Una vez más, perdonadme! Adiós. Querido Nivko, hijito mío, ¿qué hacés ahora? Tú no comprendes nada, pajarillo, pero debes saber, y recordar siempre, que tu padre no era un hombre malo y que nunca ha sido malo…” Nikola Sopov (nota lanzada desde la ventana de la cárcel con la inscripción: “agentes de buen corazón, haced el favor de entregar esto a una madre infeliz”).

Dinamarca- 29 de abril de 1944

“Querida madre, han venido. Son las 3 y no me quedan más que dos horas de vida. Soy tan joven que creía que la vida tenía para mí aún muchas perspectivas, pero no temo a la muerte. (…) Querida madre, lees a diario con la mayor tranquilidad noticias acerca de la muerte de miles de personas, intenta soportar mi muerte con la misma calma, yo no soy uno de tantos. Saluda de mi parte a papá, ya verás como pronto volverá a casa y pasaréis juntos muchos años dichosos. Gracias por los bellos años de mi infancia y por todo cuanto siguió después. Me tienes que prometer, mamá, que no desesperarás por mí, no vale la pena.

Lars Bager

21 de Junio de 1944

“Amigos, muy probablemente, este saludo mío será el último. Ayer el tribunal alemán me condenó a muerte y, aunque he formulado la petición de gracia, debo estar preparado para despedirme de este mundo. Soy joven, amo la vida y me es difícil decir adiós. Difícil decir adiós a la muchacha amada, a los familiares y a los amigos. Es difícil, pero todo lo contrario es inútil. Para que un pueblo pueda vivir, es necesario que alguien muera. (…) Dejad que los fusiles disparen, dejadles golpear y torturar, dejad que las tinieblas se extiendan por el país, nosotros venceremos en la mañana de Pascua, entonces cuando él sol dorado destruya a la nube negra´. Adiós, muchachos y, espero, hasta la vista. Confiándome a Dios…”

Christian

Francia-

Daniel Decourdemanche, novelista, ensayista y periodista (como Jacques Decour) de 32 años:

30 de mayo de 1942

“Mis queridos padres, esperabais hace tiempo una carta mía. No pensábais recibir ésta. Tampoco yo esperaba ocasionaros este dolor. Pensad con todo que he permanecido hasta el fin digno de vosotros, de nuestro país al que amamos. (…) No creo que mi muerte sea una catástrofe; considerad que en estos momentos miles de soldados de todos los países mueren cada día arrastrados por el vendaval que me lleva también a mí. Sabéis que desde hace dos meses esperaba lo que esta mañana ha ocurrido, asi pues, he tenido tiempo para prepararme, pero puesto que no tengo religión, no he profundizado en la meditación de la muerte: me considero un poco como una hoja que cae del árbol para formar mantillo. La calidad del mantillo dependerá de la de las hojas. Me refiero a la juventud francesa, en la que deposito todas mis esperanzas…” Tal vez lo más impresionante de este enjambre de cartas sea que nunca sucede lo que esperamos. Ante la oportunidad de reflexionar sobre la muerte, de hacer profundas consideraciones, nos limitamos a pedirles a nuestros parientes que no sufran por nosotros, apelamos al patriotismo, a Dios, buscamos la paz para afrontar los últimos minutos, pero no nos lanzamos a profundas cavilaciones sobre la vida y la muerte, es imposible; en cambio, buscamos qué hubo de bello en nuestra vida anterior, saboreamos cada minuto de felicidad que hemos tenido como si fuera una vida entera y nos llenamos de amor hacia todas las personas que hemos querido, y en muchos casos, anhelamos la venganza hacia nuestros torturadores, ¿qué otra cosa se puede esperar? Seres inhumanos cuyas acciones no tienen explicación, que se han lanzado sobre sus víctimas con peores intenciones que los demonios del más cruel de los infiernos, a sabiendas de que no habría castigo para ellos, ni en esta vida ni en la otra, una vez perdida toda conciencia de lo que es un ser humano. Seguimos adelante con esta carta lanzada desde un tren:

Epernay, 27 de julio de 1942

“No sé si esta carta os llegará. Nos encontramos en un vagón para ganado. Nos quitan incluso las cosas de aseo más necesarias. Para un viaje de tres días tenemos apenas un poco de pan y agua con cuentagotas. Nuestras necesidades las hacemos en el suelo, sin pudor, hombres y mujeres. (…) Nos amenazan con los puños y con los fusiles. Mi hermana y yo nos damos mutuamente ánimo y seguimos esperando, a pesar de todo. Os abrazo a todos, a los niños, a la familia y a los amigos…” Sarah “Es necesario que todos sepan, que la prisión, bajo los alemanes, es peor que todo lo que se ha dicho sobre la Bastilla. Nuestros compañeros están esposados día y noche, algunos deben mordisquear su pan sin que se las quiten. De noche no pueden dormir porque tienen los pulsos marcados por el hierro. Los piojos forman parte de estas refinadas torturas; algunos se han vuelto locos, otros intentan suicidarse y muchos los han conseguido. Por añadidura, para coronar este edificio de barbarie, los prisioneros son golpeados, no sólo durante los interrogatorios, sino también en sus celdas por infracciones al reglamento…”

Pierre Rebiére (33 años)

21 de febrero de 1944

“Mi pequeña esposa Ila, y Bitzi, son las últimas horas de mi vida. Seremos fusilados esta tarde a las tres. (…) Por mi parte os deseo una vida mucho mejor. Cría y educa a nuestros hijos, hazles ver la vida como es. No estoy emocionado, pero hace tanto frío que no puedo escribir…”

Imre Békés Glass (32 años)

“Mi queridísimo hijito, después de cuatro meses puedo finalmente escribirte una carta, desgraciadamente una triste carta porque voy a ser conducido a la ejecución. Llevo sobre mis espaldas cuatro duros meses, y, sin embargo, no he cedido, sé por qué ofrezco mi vida. (…) No soy el único en dar la vida tan joven por esta lucha despiadada. También en estas últimas horas mi amor por los hombres no sólo no se ha extinguido, sino que es más fuerte que antes…”

Willi Schapira (33 años)

Siempre hay una esperanza. “Mi amor por los hombres es más fuerte que antes”. En otras cartas se tiene la misma impresión. Que haya personas capaces de entregar su vida y de soportar la tortura para guardar un secreto implica un gran amor hacia, al menos, una parte del género humano, una confianza sin límites en los demás. Nadie que sea egoísta haría algo semejante.

Selección de Teodoro Gómez Cordero Transcripción de Gabi

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