.caminos del Jardín

caminos del jardin

“Una mañana soleada inundaba al Jardín, con una suave brilla y multitud de libélulas de alas tornasoladas, buscaban flores y plantas por doquier.
Bajo ese cielo de ozono, de tan pura transparencia celeste, pasaban grandes copos blancos de nubes siguiendo el curso de una creación incesante; pero siempre tras un camino, a lo largo y ancho del cielo.
Si la naturaleza del Jardín era aparecer y desaparecer, volviendo a emerger en el oasis de un árido desierto o en la lejana ciudad de los hielos, ¿cómo sería proseguir cerca suyo?
En la comarca donde ellos vivían muy pocas veces se habían visto nubes que bajaran hasta aposentarse en las llanuras pero en mil días, una vez bajó una de ellas tan cerca que se la podía ver desde las pequeñas callejuelas, como colgando del monte adyacente a la calle principal.
Los niños corrieron, pues estaba al alcance de las manos y todos querían ser el primero en tocar esa hermosa pompa de nieve blanca y luminosa, tan esponjosa e ingrávida.
Corriendo por la calle principal daban voces de algarabía y contento, pero cuando ya estaban por llegar a ella, la nube blanca pareció moverse de lugar y, como si alguien la hubiese empujado, fué volando sobre sus cabezas en dirección al pueblo.
Ahora todos corrieron al revés siguiendo el curso de la nube, pero luego se fueron cansando y sólo unos pocos pudieron seguir hasta más allá del pueblo.
Había ido bajando el sol y ya casi todos habían olvidado el juego de correr tras la nube.
Pero afuera del pueblo dos de los pequeños seguían maravillados con la nube, pues siempre volaba muy bajito y parecía entender el sentido íntimo de sus corazones.
Ya cansados, decidieron acomodarse debajo de unos sauces por donde pasaba un pequeño arroyo, pero grande fué su sorpresa cuando vieron que la nube se detenía encima del sauce.
Parecía que ella también necesitaba descansar después de tan largo viaje.
Al llegar la noche la nube volvería a elevarse y tal vez viajaría por rutas desconocidas a remotos lugares.
Seguirla era seguir lo inexplorado y lo imprevisible.
Pero los niños estaban decididos a continuar esta aventura y se internaron en los desiertos y los antiplanos.
Allí fueron encontrando tierras nuevas, experiencias y conocimientos.
También nuevos sueños que hacían empalidecer a aquellos que acariciaran en la tierna infancia.
La aventura estaba lanzada y toda clase de peligros les acecharon hasta que un día dejaron de ver a la nube.
Ya eran más grandes y podían abastecerse con todo lo que habían adquirido en ese largo viaje, bajo la luz protectora de la nube compañera.
Allí estaban ahora, bajo esos vergeles y jardines de naranjos, serenos y confiados, viviendo en el lado oculto de la tierra.
Pero cada mañana subían al alto de la llanura y escrutaban el cielo para ver si volvía la nube que a tantos lugares los había llevado.
Así era este Jardín que florecía en un lugar que nunca tocaba el pasado o el futuro.
Flotaba aquí o allá como una nube que no se podía atrapar, pero había que seguir su camino internándose en lo desconocido para comprender su sentido y conocer sus estaciones…”
-Awankana

 

 

…que canción más dulce…!

2 pensamientos en “.caminos del Jardín

  1. Deberíamos tener a la altura de la mano el pomo suave de una ventanita que en cualquier momento pudiéramos abrir, y asomarnos a nuestra infancia de inocencia, siempre agradecidos; pero, a menudo, si no hemos tapiado esa ventanita, está oculta tras mil y un objetos inservibles.
    Un abrazo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s