a medianoche

 

“En el ámbito del cuerpo, algo empieza a enfriarse al hacernos mayores.

Pero en el espíritu las cosas comienzan a caldearse.

Las mujeres maduras son buscadas no sólo por su cuerpo, sino también por sus conocimientos.

Un hombre sabe, aunque sea a nivel inconsciente, que el amor de una mujer es una iniciación de su propia virilidad. A nivel físico, la iniciación puede significar algo tan vulgar como un polvo en el asiento trasero de un coche. Pero a nivel espiritual es el resultado de una conexión interior que el sexo en sí mismo no puede garantizar. Para ello el hombre necesita algo más que una mujer, necesita una sacerdotiza.
Todas las mujeres llevamos una sacerdotiza dentro, pero a menudo tarda varias décadas en aflorar. Una sacerdotiza es feroz, sobre todo en la cama. En cuanto se manifiesta, busca a hombres y no a chiquillos.
En un determinado momento, ya no es suficiente con que un hombre sepa manejar el cuerpo de una mujer, también debe aprender a entender el ser femenino, y a menudo es una sacerdotiza a que se lo enseña. Uno de los mejores regalos que una mujer madura puede hacerle a un hombre es que aquello que hace que sus novias más jóvenes griten: “¡Dámelo! ¡Haré lo que sea para recibirlo!” tan sólo provoque en ella el siguiente comentario: “Si, vale, pero ¿qué más tienes que ofrecerme?”. Él va a tener que esforzarse mucho más para complacerla, en el sentido literal de la palabra.
Si lo que un hombre quiere es tener un hijo, en ese caso una mujer joven es la más idónea, ya que podrá concebirlo con ella.
Pero con una sacerdotisa tenderá más a concebir el hombre que quiere ser. Los hombres difunden su semilla físicamente y las mujeres los hacen espiritualmente.

Al final, se impregnan el uno al otro y los dos renacen.

Cuando un hombre pasa su tiempo mágico con una mujer lo bastante madura y sabia como para haber entrado en sus años de sacerdotisa, lo más probable es que la llame más tarde para decirle: “Cariño, creo que estoy embarazado”.
La nueva raza de mamás fogozas tiene unos poderes milagrosas que engendran una nueva raza de hombres.

(…) No puedes ver el pais de las maravillas de otra persona hasta no haber explorado el que hay dentro de tí. Y esto empiezas a hacerlo a cierta edad, tanto si lo deseas como si no. Y cuando lo haces, cambias. La experiencia del mundo que has acumulado te rompe el corazón y te lo abre al mismo tiempo. Los años te desgastas, pero también te suavizan. Nada te garantiza el no sufrir. No hay ningún valuarte contra el sufrimiento humano. Pero cuando nos abrimos a la experiencia, valoramos la maravillosa belleza del presente. Cuando sabemos apreciar lo bueno que nos ofrece la vida, experimentamos una humildad y una gratitud que compensan con creces la inocencia perdida. La inocencia se va, pero el amor permanece. Lo único que podemos hacer es recibir su verdad. Abrí los brazos y dejé que mi pareja se impregnara de mí.
Lo que importa es el crecimiento del alma que une dos corazones.

Cada relación tiene un arco natural, un tiempo preciso que depende de las lecciones que esté destinada a enseñarnos.

Algunas son largas y otras son cortas.

El amor nunca se someterá al tiempo, porque el amor es real, en cambio el tiempo no lo es.
Un momento de auténtico amor es más importante para algunas personas que décadas de convivir en el mismo hogar.

El amor es una aventura del alma, tanto si se trata de una breve aunque intensa aventura amorosa o de un matrimonio que dura hasta que uno de los dos abandona este mundo. Tal como Ram Dass dijo, nos llevan a la vida de otra persona “por una razón, una temporada o toda una vida”. Lo que determina el significado del vínculo entre dos personas no es la cantidad de tiempo que están juntas, sino la profundidad del conocimiento, el perdón y el crecimiento que se da en su relación. A mí me encanta la letra de una canción de Joni Mitchell que dice que el amor es unas almas entrando en contacto con otras almas. Algunas parejas han estado durmiendo juntas durante treinta años, pero sus almas nunca han entrado en contacto. Según algunas opiniones, siguen siendo un buen matrimonio, pero hay muchas formas de evaluar el amor.

Una relación sentimental quizá no dure toda la vida, pero esto no significa que no sea una experiencia que es como un templo. La santidad de un vículo depende del respeto y la veneración que mostramos hacia él. Nos sentimos atraídos por las personas que pueden enseñarnos algo y la intimidad es un profundo aprendizaje. Vivir juntos durante años puede ser un profundo aprendizaje, y tres días en París en los que todo cuanto haces es comer, dormir, hacer el amor, rezar y conversar de todo lo que te ha ocurrido en la vida también puede serlo. Lo único que lo echa a perder es cuando no sabemos dejar que lo que ocurrió en París sea simplemente eso. Exige haber alcanzado un alto nivel espiritual y emocional mantener una profunda relación con alguien con quién sabes estarás sólo por un tiempo limitado. No estoy justificando el sexo fortuito. No me refiero a que “lo que ocurrió en Las Vegas se queda en Las Vegas”, sino que “lo que ocurrió en París permanece en nuestro corazón como una bendición perenne”.

Y a propósito, su ocurre en Las Vegas, también está bien.

En la romántica casa del amor hay muchas mansiones. Pienso que alguien que ha recorrido conmigo el camino de la vida cuando era liso y cuando era rocosa, cuando era el momento idóneo para separarse de mí, cuando yo reía como una boba y cuando lloraba como una niña.

Alguien que “vió” mi alma.

Ésta es la esencia, creo, de las relaciones que duran a lo largo de los años sin romperse.

Alguien más es testigo de tu vida.

No te sientes como si estuvieras en un vacío, alguien más conoce tu historia.

Cuando te ocurrió algo maravilloso, esa persona se alegró tanto como tú, y cuando hiciste algo estúpido de lo que después te arrepentiste, nunca te soltó: “¡Te lo dije!” Confía en la historia más larga de tu vida. Te ha visto crecer tanto de tus fracasos como de tus éxitos.

El secreto de una relación duradera es dejar que tu pareja sea hoy distinta de cómo era ayer. Creo que una de las principales razones de los divorcios es que las parejas no crean siempre el espacio emocional necesario entre sus miembros que les permita cambiar de manera constante y contínua. Cuando una pareja dice: “Nos hemos distanciado”, suele ser un signo de que cuando se casaron su contrato matrimonial no incluía la cláusula: “Yo te dejaré crecer y tú me dejarás crecer. Los dos aprenderemos el uno del otro y creceremos juntos”.

En la edad madura todos necesitamos desprendernos de nuestra antigua piel para que crezca una nueva. El alma tiene sed de expandirse. La tragedia entre una pareja ocurre cuando ninguno de los dos sabe lo suficiente como para respetar esta necesidad, reconociendo que el satisfacerla conlleva la oportunidad de que la relación reverdezca.

“Querido Dios,
te entrego mis relaciones sentimentales.
Te ruego que purifiques mis pensamientos sobre ellas
para que dure el amor.
Que en ellas, y en todo lo demás, Señor,
se haga
sólo tu voluntad.
Amén…”

(…) El problema con el mundo es que nos hemos separado de nuestra naturaleza original. Al separarnos de nosotros mismos, nos hemos vueltos adictos. Al separarnos unos de otros, nos hemos vuelto abusadores. Al separarnos de la Tierra, nos hemos vuelto destructores. Y esta separación -de nuestra unidad divina- no es una metáfora. Ni un símbolo. Es literalmente una enfermedad del espíritu humano virulenta y perniciosamente progresiva. Es una “fuerza”. Y tiene en su modo de obrar el mismo nivel de sofistificación que el de las capacidades mentales de nuestra mejor parte. Es nuestro lado oscuro y subestimar su influencia es una ingenuidad.
Cada problema es un reto para volvernos una mejor persona.

Imagina entonces en qué podemos llegar a convertirnos cuando el reto que tenemos por delante es el de cambiar por completo la historia de esta epoca. ¿Qué salto cuántico nos hará pasar del nivel de la conciencia en el que creamos nuestros problemas al nivel en que podremos resolverlos milagrosamente?
Nuestro problema no está en creer que el amor no es importante, sino en no ver qué es lo más importante. En el mundo hay montones y montones de distracciones.

Con cada pensamiento de amor participamos en la creación de un campo unificado de posibilidades exponencialmente mayores para todos. Cuando una mariposa vuela cerca del extremo de sudamérica, está afectando con el movimiento de sus alas el curso habitual del viento cerca del Polo Norte. Y lo mismo ocurre en el ámbito de la conciencia: cada milagro que haces en la vida es una bendición para la vida misma.

“Querido Dios,
en esta peligrosa época que vivimos
guíamos con tus milagros.
Cúrame para que pueda
curar a los demás,
y ayúdame a crear
un mundo más bello.
Amén…”

-Marianne Williamson

8 Replies to “.a medianoche”

  1. Me impresiona mucho y me emociona este mensaje acerca del amor maduro. Que dificil es aceptar a veces el soltar , el dejar ir , una experiencia que te marcò muy fuerte , pero que fuè por un tiempo limitado. Gracias Gaby

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  2. La magia del amor cuando llega es maravilloso y cuando se va hay que agradecer a ver vivido la experiencia, todo es alegria si así les y hay que saber soltar con una sonrisa.

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