.el pujo

Alex_Grey-Birth

Birth-Alex Grey (1990, oil on linen)

 

 

“Los nueve meses de gestación tienen buena prensa, así como la lactancia
materna. Todos nos maravillamos ante el milagro que ocurre dentro de las
panzas de las mujeres durante ese tiempo que va desde la concepción hasta el
día del nacimiento. A la vez, conmueve la escena de una madre amamantando o
dando la mamadera a su hijo; una suerte de continuidad de ese amor que
cobijó al crío desde su inicio.
El olvidado de la escena, sin embargo, es el pujo. Y eso a pesar de que, sin
pujos, la humanidad se habría extinguido hace milenios.
No lo viví en carne propia ni lo viviré jamás -por eso de que soy varón-,
pero dicen que pujar duele. Hay relatos de dolores fuertes, otros que dicen
que no siempre es así, pero desde afuera se ve que cuesta, que no es fácil,
que eso de empujar hacia la vida al aire libre a un chiquito que estaba allí
dentro, flotando, es una tarea titánica que implica esfuerzo y una buena
dosis de coraje.
Ya era hora de rendirle homenaje al pujo. A ese amor que no contiene, sino
que, por el contrario, empuja hacia “afuera”, abre juego, confía en el
devenir. Pujar es parte del amor, tanto como lo es contener, comprender,
nutrir, empatizar, proteger. El pujo es un acto de fe en la vida, en la
madre, en el hijo y en el vínculo que tienen, que va dejando de ser
simbiosis física para empezar el camino de la personalización. El amor pasa
así a otra forma en la que del “uno” del cuerpo unido se pasa al “tres” en
un solo movimiento, ya que en el parto surge la madre, el hijo y, también,
el espacio entre ambos. Este es imprescindible y convoca al amor que ayuda a
crecer, sin pegoteo ni control absoluto sobre el otro.
Hay diferentes pujos que se dan en la vida para que los hijos crezcan, tanto
como sus madres y padres. Porque debemos reconocer que a veces los padres
varones atisbamos lo que es pujar cuando debemos largar a nuestros hijos a
la vida, sin estar allí físicamente para solucionarles los problemas. Es un
momento duro, en cualquiera de las escenografías en las que se vea el
corazón de lo que pujar representa. ¿Respirará? ¿Podrá bancarse las leyes
del mundo? ¿Habré hecho bien mi trabajo o será fallido su ingreso a la vida?
Tantas preguntas a las que nos lanzamos al ver que llega la hora de pujar,
de soltar, de suplantar la cercanía física por la intimidad amorosa en un
plano, si se quiere, más simbólico y confiado. Me refiero a la confianza en
lo que de nuestra fuerza y capacidad se trasladó al cuerpo y al alma de ese
hijo que, insisto, estaba hasta hace poco “flotando”, protegido de todo mal.
Por todo esto, cuando se dice que el amor cobija, contiene, comprende, y
todas esas cosas tiernas y amorosas que conocemos, pienso también en alguna
madre transpirando, gritando ese soltar que le duele, pero que es
gozosamente inexorable. También imagino al chiquito atravesando un túnel
raro, apretado, descubriendo la primera ley (la de la gravedad), sintiendo
nuevas temperaturas y descubriendo la respiración.
Todo eso pienso, y me digo que el amor es vida, y si para la vida hay que
pujar, pues se puja, y si hay que contener, pues se contiene. Nada de
automatismos, sino de eficacias. Porque nadie duda de que el pujo es eficaz
y noble cuando, gracias a él, la vida se abre y el amor se proyecta a una
nueva dimensión.”
-Miguel Espeche

 

¡Feliz Dia, Mamis!

Showalter Birth 11-25-11 446

8 pensamientos en “.el pujo

  1. Gracias por este post, me dejan reflexionando, veo al pujo desde otra perspectiva, más metafórica. Aparte, en estos días de partos programados, el pujo debería volver a tener el rol protagónico en los alumbramientos. Ya como metáfora.
    Aprovecho para saludar a las mamás argentinas que celebran su día hoy. Un fuerte abrazo para ellas, que todo lo dan.

    • Es cierto… hay que volver a pujar, a sentir desde adentro de las entrañas. A sentir en lo profundo.
      Y esto para todo alumbramiento Lourdes. Siempre vamos por la vida, pujando, sea en un momento de cambio. De alguna manera es un salto de fé, hacerlo. Pujar. soltar. Como crecer. Y duele. Y a veces no se puede evitar el dolor (es necesario). Es fructífero! Se sabe que el instante que sigue después del pujo… es sumamente placentero. (lo logre! yo pude hacerlo!)
      Pujemos pues, con esperanza!
      Un abrazo!
      Gabi

      • Sí, Gabi, a pujar, que como bien dices es un salto de fe, yo quería verlo igualmente como ese salto cuántico del que se habla, de salir de nuestra zona de confort para lograr lo que queremos y cambiar la realidad que ya no queremos. Como dicen en inglés: “No pain,no gain”. Otro abrazo muy fuerte para ti!!

  2. Gracias por este post, me dejan reflexionando, veo al pujo desde otra perspectiva, más metafórica. Aparte, en estos días de partos programados, el pujo debería volver a tener el rol protagónico en los alumbramientos.
    Aprovecho para saludar a las mamás argentinas que celebran su día hoy. Un fuerte abrazo para ellas, que todo lo dan.

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