.gran Café Tortoni

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Gran Café Tortoni- “Sanuy” “El Aperital” -Caras y Caretas -2 de marzo de 1901

 

“A pesar de la lluvia yo he salido
a tomar un café. Estoy sentado
bajo el toldo tirante y empapado
de este viejo Tortoni conocido.”

-Baldomero Fernández Moreno

Especialidades de la casa:

.Leche merengada
“Un tal Tortoni, italiano vendedor ambulante de helados, después de la revolución francesa, se convirtió en el dueño de un café en París, que llegó a ser famoso, donde popularizó la ‘cassata’ los ‘pezziduri’, unas tortas napolitanas de helado moldeado y un tipo de helado denominado ‘queso’ posiblemente por su forma o aspecto”.
-Emmy de Molina (“La Prensa” 20-02-72)

.Chocolate con churros
“…ciudad que en Avenida de Mayo se hispaniza con teatros infestados de majas y baturros y olor del glorioso chocolate con churros…”
-Manuel Mujica Láinez, Canto a Buenos Aires

 

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El Tortoni fué fundado en 1858 por un francés de apellido Touan, quien lo bautizó con el mismo nombre de un célebre café de París.
Entonces se hallaba en la esquina de Rivadavia y Esmeralda, algunos años después se trasladó a Rivadavia y en el predio de origen se instalaría posteriormente la Confitería del Gas.
En “Tradiciones y Recuerdos de Buenos Aires”; Manuel Bilbao menciona el Tortoni como uno de los “cafés más nombrados del siglo pasado”.
Al abrirse la Avenida de Mayo, el local, cuyo ingreso se hacía sólo por Rivadavia, tuvo entrada también por la Avenida -en el número 829-, que es su acceso principal, lo que se acrecentó su importancia.
El dueño era ya otro francés, Pedro Curutchet, simpático personaje con barba en forma de perilla y casquete de seda negra (como Anatole France) de quien Tomás Allende Iragorri y Ricardo M. Llanes dejaron dos retratos igualmente encariñados y vívidos.
Gracias a Curutchet pudo funcionar durante tres lustros -de 1926 a 1943- la famosa “peña” del Tortoni.

El edificio era propiedad de la Sra Concepción Unzué de Casares, que lo cedió a un sobrino, el que al poco tiempo decidió rematarlo.
La nueva fachada es obra del arquitecto Alejandro Christophersen.
-Antonio Requeni

Cruzando por dentro del café, para salir a Rivadavia, se puede llegar hasta la plaza Roberto Arlt, que ocupa el lugar donde estuviera un antiguo edificio de asistencia pública; una placa recordatoria testimonia que allí vivió y murió en 1939 el Dr. Lisandro de la Torre.
La Peña del Tortoni fue inaugurada por Quinquela Martín y ya era un clásico en la vida porteña.
El dueño del Tortoni Pedro Curuchet celebró el regreso del artista cuando viajo por el exterior ya que le sumaba fama a su café.
En junio de 1925 se llamó la “Peña del Café Tortoni” donde se realizaron las actividades de la Sociedad de Artes y Letras en la cual Quinquela fue parte de la comisión directiva.
Se realizaron conciertos, conferencias, exposiciones y recitales además de auspiciar todas las expresiones de arte popular.
Se leyó poesía, se estudió el tango en presencia de reconocidos artistas locales y de la región incluyendo a Alfonsina Storni, Juana de Ibarbourou, Carlos Marchal y Juan de Dios Filiberto entre otros.
Quinquela y Alfonsina estrecharon una amistad inquebrantable y de por vida.
Integraron la movida intelectual porteña del grupo Anaconda, con escritores y personajes como Horacio Quiroga y Baldomero Fernández Moreno.
Se encontraban en la peña Signo, en el subsuelo del Hotel Castelar, en cuya habitación 704 se alojaba el poeta Federico García Lorca.
En esos encuentros recitaban poemas y Alfonsina, con excelente voz y sentimiento, cantaba tangos.

En esos tiempos estrecharon lazos con Pablo Neruda.
El 19 de octubre de 1943 se disolvió la Peña del Tortoni y Quinquela intentó buscar otro espacio para cubrir el vacío que se produjo, poder llevar a cabo las reuniones sociales y los encuentros culturales.
Uno de esos espacios lo llamó “La Orden del Tornillo”, una especie de logia de artistas, pensadores y locos de todo tipo que se encontraban para hacer libre uso de su imaginación o lo que denominaron falta de cordura.
A los miembros ingresantes se les entregaba un tornillo representando lo que les faltaba de la cabeza y que garantizara que siempre les faltara, que nunca fueran cuerdos.
Benito fue el gran Maestre de esta organización por ser el más intrépido de los artistas argentinos.

Se reunió con los integrantes de esta agrupación por el resto de su vida.
Esta propuesta artística recrea a tres de los personajes ilustres que frecuentaban el café: Jorge Luis Borges, Carlos Gardel y Alfonsina Storni.
Alfonsina Storni, poetisa contemporánea argentina, nació en 1892 en la ciudad de Laggagia, Suiza, y emigró con sus padres a la Argentina cuando era una niña.
Fue la primera mujer que concurrió a un banquete literario.
Se convirtió en asidua a las peñas del Café Tortoni y de la agrupación Signo que se reunía en el hotel Castelar.
Se suicidó en Mar del Plata arrojándose de la escollera del Club Argentino de Mujeres.
El traslado de sus restos hacia el cementerio por la Avenida Quintana fue un verdadero acontecimiento publico como la muerte de Gardel.
Allá por 1938, exactamente el 27 de enero, Quinquela y los compañeros de La Peña recibieron la noticia del suicidio de Alfonsina.
Él la había acompañado al médico el día que le diagnosticaron cáncer.
Quinquela supo de inmediato de su tristeza y conocía de siempre su gran fascinación por el mar.
La noticia del suicidio no fue sorpresa.
El día anterior había leído su último poema que publicó el diario La Nación: Voy a dormir.
A la una de la mañana Alfonsina se había arrojado de la escollera.
Los amigos de La Peña, encabezados por Quinquela, impulsaron la venta del piano de la bodega del Tortoni y con el dinero erigieron un mausoleo en su homenaje en el cementerio de la Chacarita.
La tristeza provocada por Alfonsina no era la primera ni sería la última.
También Horacio Quiroga que se suicida con cianuro y Lugones otro que había decidido tomar las riendas de su vida o de sus muerte.

En el techo del salón resaltan imponentes vitreaux.
Una de las especialidades de la casa con la que suelen deleitarse los visitantes es la leche merengada, compuesta por helado de crema, leche, azúcar, claras de huevo batidas a nieve y canela.
En su interior se distribuyen unas cien mesas de roble y mármol veteado en verde y blanco junto con sillones y sillas de roble y cuero.
En sus paredes cuelgan dibujos y pinturas de artistas célebres como Benito Quinquela Martín y Aldo Severi.
En el subsuelo del bar está lo que se conoce como “La Bodega”, un lugar dedicado a conciertos y espectáculos musicales que en algún momento fue el punto de encuentro de la famosa Peña del Tortoni.
En una de las pequeñas salas antes estaba la peluquería, hoy es conocida como el salón “César Tiempo”.
Allí todavía se mantienen los sillones y los espejos de aquellos años donde los hombres se cortaban el pelo y se afeitaban la barba.
Según cuenta Roberto Fanego, su gerente, actualmente es una especie de biblioteca con más de 1.000 libros que tratan sobre la historia de Buenos Aires.

 

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Viejo Tortoni (Tango)

Música: Eladia Blázquez
Letra: Héctor Negro
I

“Se me hace que el palco llovía recuerdos,
que allá en la avenida se asoman, tal vez,
bohemios de antaño y que están volviendo
aquellos baluartes del viejo café.

Tortoni de ahora, te habita aquel tiempo.
Historia que vive en tu muda pared.
Y un eco cercano de voces que fueron,
se acoda en las mesas, cordial habitué.

 

I Bis

Se me hace que escucho la voz de Carlitos,
donde esta “Bodega” que vuelve a vivir.
Que están Baldomero y aquel infinito
fervor de la “Peña”, llegando hasta aquí.

Tortoni de ahora, tan joven y antiguo,
con algo de templo, de posta y de bar.
Azul recalada, si el fuego es el mismo,
quién dijo que acaso no sirve soñar.

II

Viejo Tortoni.
Refugio fiel
de la amistad junto al pocillo de café.
En este sótano de hoy, la magia sigue igual
y un duende nos recibe en el umbral.

Viejo Tortoni.
en tu color
están Quinquela y el poema de Tuñón.
Y el tango aquel de Filiberto,
como vós, no ha muerto,
vive sin decir adiós.”

 

 

 

“Del Tortoni de París y el Vachete y el Procope, al Chiado de Lisboa, desde el Gato Negro de Madrid al aragno y Greco de Roma, desde el New York de Budapest a los reducto del gran village neoyorkino anduve buscando el espíritu de las bohemias de mi adolescencia y de mi juventud, persiguiendo sombras ilustres unas, pinturescas otras, y ese espíritu que es la nostalgia de haber vivido lo vengo a encontrar en el Tortoni de la Av. de Mayo, cuyos renovadores se han puesto a revisar fantasmas gratos, entre quienes se encuentran tantas gentes que admiré y envidié y tantos amigos que se fueron y desvanecieron.”
-Edmundo Guibourg

“Aquí está un girón de vida con su latido profundo
de amistad
y de noche porteña.”
-Ulyses Petit de Murat

“Por lo que el Tortoni es,
y ¡será! y fue
melancólicamente
le tiendo un invisible puente
-romántico y porteño
y bien demente-
a la gente
linda de la mesa de al lao
y les voleo mi corazón
Piantao
y me bebo otra canción
otro sueño
otro café.”
-Horacio Ferrer

“Las luces misteriosas del Tortoni, prosiguen alargando los fantasmas bohemios que inventaron “un tiempo” en Buenos Aires.
Sentarse en sus butacas es acercarse a “aquello”, dialogando en silencio con el espíritu sutil de Avenida de Mayo, cruzando a Rivadavia.
La historia de entrecasa.
La taza de café que contiene los duendes de un antiayer perdido, regresando y presente.
Con toda la emoción que no puede inventarse porque está desde siempre.”
-Cátulo Castilllo (10-08-1973)

cafe tortoni
El local era frecuentado por un grupo de pintores, escritores, periodistas y músicos que formaban la Agrupación de Gente de Artes y Letras, liderada por Benito Quinquela Martin. En mayo de 1926 forman La Peña, y le piden a Don Celestino Curutchet, que les deje usar la bodega del subsuelo. El dueño acepta encantado, porque según sus palabras … los artistas gastan poco, pero le dan lustre y fama al café….En este café parece que el tiempo se hubiera detenido como en un daguerrotipo, cuando en él la gente juega al billar, a las cartas, o simplemente toman un café entre amigos, el local es cada vez más una parte indispensable de la historia porteña.
“Quienes tuvimos la suerte y la curiosidad espiritual de compartir momentos mañaneros y de fin de tarde, recordamos el dialogo entre Borges y Centeya sobre el habla popular, mientras Julio Decaro, Carlos Mastronardi, con su Luz de Provincia, escuchaban los recuerdos de José Luís Lanuza. Carlos Cañas dibujaba el placer de una mesa compartida.”
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“Hoy, como en el ayer, el Tortoni brilla con luz propia, conserva el fulgor de casi un siglo de oro, a mi me toca (gran honor) compartir hoy, junto a Borges, Centeyam Mastronardi, Cañás, Mosquera, Montaña, Caslos de la Cárcova, este momento feliz de mi vida.
Dios quiera que este histórico café siga viviendo, y otros puedan sentir el sentimiento que en estos momentos invade a mi corazón.”
-Julio de Caro (1972)

Borges, Mastronardi
(Carlos Cañás, Carlos Mastronardi, Alberto Mosquera Montaña, Jorge Luis Borges, Carlos de la Cárcova, Julián Centeya y Julio De Caro, reunidos un día de tantos en el centenario café de la Avenida de Mayo)
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