.elegía de los portones

El Rosedal

Barrio Villa Alvear;entre las calles
Nicaragua, Arroyo Maldonado, Can-
ning y Rivera. Muchos terrenos bal-
díos existen aún y su importancia
es reducida

 

“Esta es una elegía
de cuando los portones de Palermo hacían sombra
y el sur era de carros y el norte era de quintas.
Esta es una elegía
que se acuerda de un largo resplandor agachado
que los atardeceres daban a los baldíos.
(En los pasajes mismos había cielo bastante
para toda una dicha
y las tapias tenía el color de las tardes.)
Esta es una elegía
de un Palermo pintado con vaivén de recuerdo
y que se va en la muerte chica de los olvidos.

Muchachas comentadas por un vals de organito
o por los mayorales de corneta fiestera
de los 64
sabían en la puerta de la gracia de su espera.

Había huecos de tunas
y la finalidad del Maldonado
-jirones de agua criolla en la sequía-
y veredas de guapos en que flameaba el corte
y una frontera humosa de silbidos.
(La frontera del sur era de callejones
pero de noche, de ladridos en pena).
Había cosas felices,
cosas que sólo fueron para alegrar el alma:
el arriate del patio
y el andar hamacado del compadre.

Palermo desganado, vós tenías
un alegrón de tango para hacerte valiente
y una baraja criolla para tapar la vida
y unas albas eternas para saber la muerte.
El día era más largo en tus veredas
que en las calles del Centro,
porque en tus huecos hondos se aquerenciaba el cielo
Los carros de costado sentenciosos
franqueaban tu mañana
y eran en las esquinas tiernos los almacenes
como esperando un ángel.
Las noticias de amor de las guitarras
no se perdían entre las esquinas rosadas,
porque las noches eran calmas.
Yo digo que así fuiste en un día del tiempo.
Desde mi calle de altos (es cosa de una legua)
voy a buscar recuerdos a tus calles nocheras.
Mi silbido de pobre continuará en los sueños
de las vidas que duermen.
Mi vagancia es la eterna gustación de tus calles
y esa higuera que asoma sobre una parecita
se lleva bien con mi alma
y es más grato el rosado firme de tus esquinas
que el de las nubes blandas
y el cielo amanzanado de tus orillas guarda
paz mejor que el del campo.”

-Jorge Luis Borges

 

 

camino entre el golf y el lawn tennis

 

 

2 pensamientos en “.elegía de los portones

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