
«Te espero, hombre mío,
centímetro a centímetro,
Te espero en los umbrales, en los poros,
en el color de mi ropa,
en la memoria del viento y de la hiedra;
te espero llanto adentro y cuando crece
como un río el deseo por la piel.
Te espero como si llegar fuera morir
y tenerte, sólo poseer la sombra.
Como si tú y la nada, fueran todo.
Como si todo y tú fueran la nada!
¡Ah! tus pasos…
Ah! tu lengua que espero…
Ah! la hiedra de tu voz profunda…
Nadie sabría decirlo. Nadie
Sólo yo.
Porque hace treinta años que te espero
-inválida en el sueño.
desde mi justa edad meridional!
Esta soledad en nuestra carne.
Este inútil canto del amor en sombra.
Esto de ser pequeños como arena.
Esto de ser la muerte entre la llama.
Ay! paredes dolorosas.
Ay! lecho como ataúd.
Ay! universo y saliva.
Ay! este silencio copioso.
La tristeza nos vigila metida por los rincones.
Este ser tú entre mí misma.
Este ser yo entre tú mismo.
Este veneno en los ríos.
Este tenerte tan cerca
y por eso más ajeno.
(el mundo llora y nosotros
descendemos por su llanto!)
-Emilia Ayarza

Hermosísimo. Esto da en las tripas, Mariposa
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Asi es! Gracias por tu comentario!
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Impresionante poema. Gracias, Gabi, por compartirlo.
Un abrazo
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Por nada Ramon! Celebro que te haya gustado.
Un abrazo
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