.carrera para amar y ser amado

Atalanta e Hipómenes

Exponente del Barroco clásico, Atalanta e Hipómenes, fué pintado alrededor de 1612. Hoy se luce en el Museo del Prado, en Madrid.

“En el fondo del cuadro, sumido en la penumbra y casi imperceptible, un grupo de personas observa esa carrera en la que no está en juego la pueril gloria deportiva sino el temerario acto de arriesgar la vida para coronar la aspiración de ser amado.
La escena refleja el relato narrado por Ovidio en La Metamorfosis, en el que Hipómenes desafía a Atalanta y debe atravesar la meta antes que ella para no morir.
La bella cazadora, después de la muerte de su amante Meleagero, había desistido de contraer un nuevo enlace, pero su obstinado padre insistía en la necesidad de un nuevo matrimonio.
Finalmente, Atalanta acordó que sólo se uniría a aquél hombre que fuera capaz de superarla en una carrera.
Siendo la mujer más veloz sobre la Tierra, el desafío encarado por el enamorado Hipómenes parecía destinado culminar en una previsible derrota.
El joven no le era indiferente a Atalanta, lo cual avivó su deseo y estimuló su astucia: le pidió ayuda a Venus, quién le dió tres manzanas de oro y un ardid para que pudiera imponerse en la competencia.
Atalanta le suplicó a Hipómenes que no la desafiara, pues éste se sentía lo suficientemente preparado como para asumir el riesgo.
Cuando la carrera comenzó, el atlético muchacho lanzó la manzana dorada y la cazadora aceptó la distracción con alivio, se dispuso a recogerla para que su futuro amante pudiera imponerse y vivir.
Atalanta e Hipómenes fué pintado en 1612 por el artista italiano Guido Reni, quién había nacido en Caivenzano di Vergato en 1575.
Reni representó las dos figuras desnudas en el estilo clásico: los cuerpos de una esbeltez apolínea forman una diagonal tensa que potencia la impresión de la vertiginosidad con la que se desplazan.
Las telas que los envuelven parecen levitar y, sutiles, cubren los sexos de los contendientes.
Atalanta recoge la segunda manzana (la primera descansa en su mano izquierda) y la iluminación sombría del cuadro transmite un aire de teatralidad.
Esta obra encarna una creación atípica en la trayectoria pictórica de Reni, quien era conocido en Roma bajo el apodo de “El Divino”, debido a sus célebres representaciones de iconografía religiosa.
Reni se desempeñó como aprendiz en Bologna con Denys Calvaert y luego se trasladó a Roma al taller de Ludovico y Aníbal Carracci.
La escuela de Carracci se había volcado por entero al clasicismo: buscaba el ideal de belleza no sólo en la figura humana sino también en la naturaleza.
El modelo a seguir era el Alto Renacimiento y Reni ansiaba recuperar la belleza calma del arte de Rafael, por lo que deseaba apartarse del artificial manierismo imperante a fines del siglo XVI.
Elegía una estructura simple para sus pinturas, que se distinguen por su acabada simetría.
Hoy, Atalanta e Hipómenes integra la colección del Museo del Prado de Madrid, y sus protagonistas continúan transmitiendo la impresión de que no se trata de dos competidores sino de una pareja de bailarines que, fieles a una rigurosa coreografía, consuman una danza del amor que perdura fuera del tiempo y del espacio.”

Fuente: Transcripción de “Las mujeres más bellas de la pintura”

.Guido Reni (1575-1642) Pintó en estilo clásico la competencia entre las figuras mitológicas de Atalanta e Hipómenes, una temástica poco frecuentada por quien fuera conocido por sus cuadros religiosos

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