.las cartas más apasionadas del mundo-Cinicas I

benjamin_franklin

“Desengañaos del falso mérito
de ser fiel y creedme que nada
es tan perjudicial como
la constancia para la reputación
de una mujer hermosa.”
-Saint-Évremond

En esta excepcional carta, digna de una antología del humor y de los sueños, Benjamin Franklin, de 74 años, se declaró a Madame Helvétius, de 61. La viuda del enciclopedista había expresado su intención de guardar la memoria de su marido y Franklin, haciendo ver que ha tenido un encuentro con su marido, la intenta convencer de que éste la ha olvidado e incluso idea una relación con su mujer, también fallecida… Se trata de una carta refrescante y con un punto de cinismo… Aunque Franklin amaba a Madame Helvétius, lo cierto es que no tenía madera de amante suplicante y entregado, y desistió pronto. Sin embargo, queda para la historia esta originalísima declaración de amor. Ninguna de las frases que contiene esta carta tiene desperdicio, especialmente el final: “Venguémosnos”.

Benjamin Franklin a Madame Helvétius
Passy, Enero de 1780
“Mortificado por vuestra resolución de permanecer sola el resto de vuestra vida, para honra de vuestro marido, como con tanta decisión anunciasteis anoche, regresé a casa, me eché en la cama, me creí muerto y me hallé en los Campos Elíseos.
Me preguntaron si deseaba ver a alguien en particular. “Llevadme con los filósofos”, “En este jardín residen dos, que son muy buenos vecinos y muy amigos entre si”. “¿Quiénes son?, “Sócrates y Helvétius”. “A ambos los estimo muchísimo, pero llevadme a Helvétius primero, porque de francés algo entiendo, y de griego ni una palabra.” Me recibió con suma cortesía, diciéndome que mi reputación había llegado hacía ya tiempo a sus oídos. Me hizo mil preguntas sobre la guerra, y sobre el estado actual de la religión, la libertad y el gobierno en Francia. “Pues usted no me pregunta nada sobre su amiga Madame Helvétius, y sin embargo ella lo sigue amando con exceso; hace apenas una hora que estuve en casa de ella”.
“¡Ah!”, me contestó, “me hace usted recordar mi felicidad anterior, pero tuve que olvidarla para ser felíz aquí. Durante muchos años no pensé más que en ella. Al cabo recibí consuelo. He tomado otra mujer, la más parecida a ella que pude encontrar. Es cierto que no es tan hermosa; pero tiene tanto sentido e ingenio como ella, y me ama infinitamente. Su único y constante estudio es complacerme; precisamente ahora ha ido a buscar el mejor néctar y ambrosía para regalarme esta noche; quedáos conmigo y podéis verla”.
“Advierto”, le dije, “que vuestra amiga de antes es mas fiel que vos, pues muchos buenos pretendientes se le han ofrecido, y a todos ha rechazado. Os confieso que yo mismo la amaba con exceso, pero fué severa conmigo y me ha rechazado sin ambages, pues aún os ama”.
“Os compadezco”, repuso, por vuestra desdicha, pues sin duda es una buena mujer, y muy amable. Pero, decidme, ¿siguen frecuentando su casa el Abbé de la Roche y el Abbé Morellet?”.
“Si, en verdad, pues ella no ha perdido a uno de vuestros amigos”.
“Si os hubierais ganado al Abbé Morellet con café con crema, para que hablara en vuestro favor, quizá hubierais tenido éxito, porque discurre con tanta sutileza como Scotus o Santo Tomás, y ordena tan bien sus argumentos que los hace punto menos que irresistibles; o si hubierais conseguido, obsequiándolo con una buena edición de un clásico antiguo, que el Abbé de la Roche hablara contra vos, ello habría sido mejor aún, porque siempre he observado que cuando le aconseja algo, ella siente una fuerte inclinación a hacer lo contrario.”
No bien acababa de decir esto cuando entró la nueva Madame Helvétius, con el néctar; al punto la reconocí: era la señora de Franklin, mi antigua amiga mexicana. La reclamé, pero me repuso, friamente: “He sido muy buena esposa para tí durante cuarenta y nueve años y cuatro meses; casi medio siglo; confórmate con eso”.
Descontento por esta negativa de mi Eurídice, decidí abandonar inmediatamente esas almas ingratas y volver a este buen mundo para ver de nuevo el sol, y a vos.
Heme aquí.
Venguémosnos.”

-B.Franklin

-Selección de Alicia Misrahi

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