.las cartas más apasionadas del mundo- Perseguidoras I

.las cartas más apasionadas del mundo- Perseguidoras I
“Mis sentimientos han crecido sin saber cómo. (…)
es una fuerza viva que llevan consigo, y que ni Vd. ni yo
hemos de atajar.”
-Delfina Molina
Delfina Molina y Vedia amó a Miguel de Unamuno pero no fué correspondida y ni siquiera, en muchas ocasiones, contestada.

Delfina escribió su primera carta a Unamuno en septiembre de 1907, cuando ella ya estaba casada. Él le respondió cortésmente y, a partir de ese momento, ella interpretó cada una de las respuestas de él como una declaración de amor. Delfina no dejó de escribir a Unamuno hasta poco antes de la muerte de él, acaecida en 1936…

Delfina Molina a Miguel de Unamuno
Mayo de 1912
“No hay en mi ser ni la más íntima partícula que no despierte y responda a su llamada… y es cierto que todo mi ser se expande y crece, aún sintiéndome poco para responder que sí, es verdad. ¡Sí, lo comprendo!… De tal modo lo siento a Vd. vivir en mí, que como la Virgen en el momento de la Anunciación, yo me siento milagrosa. No sabía, ni sospechaba siquiera que se pudiera llegar a querer tanto… y me siento como ella embargada por una divina revelación.
Su recuerdo me proteje contra todo, es mi fuerza mayor, la verdadera fuente de mi vida…”
Delfina siguió los dictados de su propia pasión. Ante la falta de respuesta de más bien despistado Unamuno, era ella quién marcaba los altos y bajos de la relación:
Enero de 1913
“Hace poco leyéndolo a Vd. me asaltó de golpe una pena íntima y profundísima. Comprendí su dolor de escribir para los otros, para tantos envidiosos e incomprensivos, y esta pena tan honda para mí me dió la impresión de que yo, solamente yo, tuviera derecho a su obra. Es una exageración absurda, me dirá Vd., y ya lo sé; también a mí mi razón me lo dice. Pero así siento. Es como un despecho de que otros lo lean y lo juzguen. Como si me robaran algo (…)
Casi no puedo tolerar que lo nombren. Nunca veo el espíritu que deseo para Vd. Si alguno lo quisiera como yo lo quiero… ¡Entonces sí me agradaría oír hablar de Vd.!
Le escribo a veces cartas que luego no le envío.
Tanto es lo que tengo para decirle… Y además una sensación de soledad y desamparo… Y el pensar que me agito en el vacío… Y que no vale la pena expresar nada… Y un dolor que me encierra en mí. ¿Por qué le daremos tanta importancia a lo que sentimos? ¿Qué somos?
Lo quiere más que entrañablemente su amiga.”
Delfina fué avanzando en su relación y ya en 1913 expresaba sus sentimientos sin disimulos y sin medida:
“Se muestra Vd. tan prudente y bondadoso conmigo que aumenta mi confusión y mi vergüenza.
Asaltar así su conciencia sin derecho alguno, distraerlo de sus preocupaciones mil veces más importantes la menor de ellas, que todos mis anhelos juntos, por mucho que necesite de su apoyo y de su afecto en esto, es en verdad un acto imperdonable. (…)
Esto es una enfermedad… no sé lo que es. ¿Por qué no habré sabido callar? Mis sentimientos han crecido sin yo saber cómo. Y no, no es porque los haya expresado… no, es una fuerza viva que llevan consigo, y que ni Vd. ni yo hemos de atajar.
Me podrá mandar que no le escriba más. Le obedeceré. Y como Vd. presiente la orden y yo también, tal vez sea ésta mi última carta. Pero todo no se puede mandar. Mi fuerza está en quererlo, mi vida es la suya. Lo quiera Vd., o no, lo mismo yo viviré de su vida.
Pero ¿no siente Vd. que es así? si, si, no sabe todo… pero esto lo sabe. Y no viviré de otra vida que de la suya. También yo me he dado sin recibir… pero ahora no, ahora Vd., sin sospecharlo siquiera me da más de lo que yo le doy (y Dios sabe que sí le doy)… (…)
Me avergüenzo en una palabra de no haber palabra. nada más. Más digno de tan grande amor hubiera sido el silencio. Ésta sí ha sido mi gran debilidad… no me conformo… de haber sido inferior hasta ese punto a mis anhelos… a Vd.
Pero entiendo que tengo derecho a quererlo. ¿Quién podría negármelo? Lo mejor de mí es Vd.; lo único vivo y así como no me perdono el haber hablado, así no me arrepiento ni me arrepentiré jamás de quererlo.
Y basta ya… no sé ni lo que digo… estupideces sin duda. Estoy en un estado de desequilibrio profundo. Trata de comprenderme…”
.[El amor es loco
En 1924 Unamuno fué desterrado a Fuerteventura por su oposición a la dictadura de Primo de Rivera. Delfina, con la excusa de que su hija tenía que conocer Europa, decidió emprender el viaje. En la isla pasaron varios días juntos, aunque nunca a solas. Sin embargo, la cortesía de Unamuno bastó para reafirmar la confianza de ella, que lo siguió a París, donde él se mostró menos atento. De todas formas, ella se embriagó de su piel, de su pelo, de su figura… y le siguió escribiendo.]
-Selección de Alicia Mizrahi
 

8 pensamientos en “.las cartas más apasionadas del mundo- Perseguidoras I

  1. Si amar a Unamuno..mamacita..loca pero no tonta! Lo adore en mi adolescencia, lo admiro mucho…
    Has visto lo que puse,
    deterrido en vez de derretido, y la loca es la otra….
    Kakakakak

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