.carta de Jerusha Abbott al señor “Papaíto-Piernas-Largas Smith”, 11

“Octava hora, lunes
Querido Papaíto-Piernas-Largas:

Espero que no haya sido usted aquel síndico que un día se sentó sobre un sapo. Me dijeron que el bicho había dado un tremendo tope tazo, por lo tanto debió tratarse de un síndico más gordo que usted.
¿Se acuerda de aquellos huecos con rejillas que había junto a las ventanas del lavadero en el asilo?
En primavera, para la estación de los sapos, solíamos hacer toda una colección de esos

bichos y los escondíamos en esos huequitos. No era difícil que algunos saltaran hasta el lavadero, causando gran revuelo los días de lavado. Siempre nos castigaban con el máximo rigor por esas diabluras, pero a pesar de todo seguíamos coleccionando sapos todos los años.

Un día… Bueno, no quiero cansarlo con los detalles del caso, pero lo cierto es que uno de los escuerzos más gordos, grandes y ju-go-sos de nuestra colección se coló hasta el salón de los síndicos y se acomodó en uno de los sillones de cuero. Y esa tarde, en medio de la reunión de esos señorones… En fin, me imagino que usted también estaría allí y que recuerda el resto del episodio.Mirando las cosas a la distancia y sin pasión, reconozco que el castigo que nos dieron fue merecido y, si mal no recuerdo, adecuado al tamaño de la falta.

No sé por qué me encuentro hoy tan inclinada a las reminiscencias. Será tal vez que la llegada de la primavera y La reaparición de los sapos siempre me despiertan el viejo instinto adquisitivo. Lo único que me retiene ahora de comentar la colección es que no tenemos aquí ninguna norma que lo prohíba.”
“Después de la capilla, jueves

¿Cuál cree usted que es mi libro preferido, por el omento? Cambio de preferencia cada tres días más menos… Por ahora es Cumbres borrascosas. Emily Bronté era muy joven cuando lo escribió y no había salido nunca de su casa natal. En su vida había conocido hombre alguno… ¿Cómo pudo concebir a uno como Heathcliffe?
Yo no sería capaz, y eso que soy tan joven como ella y nunca he salido del asilo John Grier. Es decir, que he tenido todas las oportunidades del mundo. A veces me asalta el terrible pensamiento de no ser un genio. ¿Se sentirá usted muy defraudado, Papaíto, si no resulto una gran escritora? En primavera, cuando todo está tan hermoso, tan verde y lleno de brotes, me dan ganas de volver la espalda a los libros y escaparme a jugar con la naturaleza. ¡Hay tantas aventuras fascinantes afuera, en los campos! ¡Es mucho
más entretenido vivir los libros que escribirlos! ¡Ohhhh…! Ese fue el chillido que pegué y que hizo acudir a Sallie, a Julia y —por un infortunado minuto—a la senior del otro lado del corredor. La causa fue un ciempiés como éste:
papaito 5
¡Sólo que el verdadero era peor! Justo cuando terminaba mi frase, iplum!, cayó sobre mi papel de cartas. Al escaparme del monstruo volteé dos tazas de la mesa del té. Sallie lo cazó por fin con un cepillo de pelo—que nunca podré volver a usar—y le mató la parte delantera, aunque los cincuenta pies posteriores se escaparon por debajo de la cómoda.
Como es vieja y está cubierta de hiedra, nuestra torre tiene ciempiés por todas partes. Me parecen horribles y preferiría encontrarme un tigre debajo de la cama.”
“Viernes, 9:30 de la noche
Hoy se me juntó todo. Desde la mañana. No oí la campana para levantarse, después se me rompió el cordón de los zapatos cuando me vestía apurada y se me perdió el botón de la camisa debajo del escritorio.
Llegué tarde para el desayuno y para la primera hora de clase. Me olvidé de llevar papel secante y mi lapicera fuente goteaba. En trigonometría, el profesor y yo tuvimos unas palabras acerca de una pequeña cuestión de logaritmos. Me fijé después en el libro y veo que él tenía razón. Nos dieron guiso de carnero y arroz con leche (los odio a ambos porque tienen gusto a asilo). El correo no me trajo nada más que cuentas (aunque debo decir que nunca me trae otra cosa, pues mi familia no es de las que escriben). En la clase de inglés nos dieron a comentar un poema indescifrable y allí estuvimos tres cuartos de hora pensando soluciones, para entregar al final los papeles en blanco. ¡Esto de adquirir una educación es realmente un proceso agotador!
No crea usted, sin embargo, que con eso terminó este día aciago, Lo que falta es peor todavía!
Como llovía, no pudimos jugar al golf sino que fuimos al gimnasio, donde mi vecina me dio un golpe en el codo con una clava. Cuando volví a mi cuarto de primavera y que la pollera me ajusta tanto que no me puedo sentar -El viernes es día de limpieza y la mucama me había embarulla do todos los papeles. De postre nos dieron, esta noche, una cosa que se llama “lápida” y que tiene el nombre muy bien puesto, ya que se compone de leche y gelatina sazonadas con vainilla. En la capilla nos retuvieron veinte minutos más
que de costumbre para oír un sermón sobre las “mujeres femeninas”.
Y por último, justo cuando me sentaba con un suspiro de alivio para mi bien ganada hora de lectura del Retrato de una dama de Henry James, una chica llamada Ackerley, que se sienta a mi lado en la clase de latín porque el nombre empieza con A, vino a preguntarme si la lección de mañana empezaba en el párrafo 69 o en el 70 y se quedó… ¡una hora! ¡Es tan fea y antipática la pobrecita, que ojalá la señora Lippett me hubiera puesto Zabrisky! ¡Recién se va!

¿Algun a vez oyó usted semejante lista de calamidades? No son las grandes catástrofes de la vida las que exigen carácter. Cualquiera sería capaz de elevarse para hacer frente con valor a una gran crisis, pero encarar las mezquinas contrariedades cotidianas con al
egría, ¡eso sí que requiere coraje!
Ése es el tipo de carácter que yo me propongo adquirir. Fingiré que toda la vida es un juego que debo jugar con tanta habilidad y justicia como me sea posible. Si gano, me encogeré de hombros y soltaré la risa… Y si pierdo, también.
Sea como fuere, no pienso perder mi espíritu deportivo. Nunca me oirá usted proferir otra queja, Papaíto querido, porque Julia lleve medias de seda o porque del techo caigan ciempiés…
Siempre suya, Judy
Conteste pronto.”

 

-J e a n W e b s t e r, “P a p a í t o p i e r n a s l a r g a s”

 

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