.carta de Jerusha Abbott al señor “Papaíto-Piernas-Largas Smith”, 13

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“9 de junio
Querido Papaíto-Piernas-Largas:

¡Feliz día! Acabo de terminar mi último examen: fisiología, y ahora… ¡tres meses en una granja!
No sé qué es una granja, pues nunca estuve en ninguna. Y ni siquiera he visto cómo son, a no ser desde la ventanilla de un coche. Pero sé que me va a gustar y estoy segura de que me va a encantar ser…
¡libre!
Todavía no me acostumbré a estar fuera del asilo. En cuanto pienso en él, me corren viboritas de frío por la espalda y me siento como obligada a escapar a la carrera, mirando por sobre mi hombro para asegurarme de que la señora Lippett no me persigue, estirando el brazo para volverme a agarrar.
Este verano no tengo por qué hacerle caso a nadie, ¿verdad?
La autoridad nominal que tiene usted no me molesta en lo más mínimo. Está demasiado lejos para hacerme daño. En cuanto a la señora Lippett, es como si hubiera muerto para mí, mientras que los Semple, encargados de la granja, no tienen por qué ocuparse de mi bienestar moral, ¿no es así? No, estoy segura de que no. Ya soy adulta… ¡Hurra!
Lo dejo ahora, para hacer mi baúl y encajonar mis libros, almohadones, teteras y tazas… ¡La mar en coche!
Siempre suya, Judy
P. D. Aquí le mando mi examen de fisiología. ¿Le parece que habré aprobado?”
“Granja Los Sauces. Sábado por la noche
Acabo de llegar y todavía ni siquiera abrí mi baúl, casa es cuadrada como ésta:
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¡Y vieja como de cien años! Al costado tiene un corredor que no sé dibujar y un porche precioso en el frente. El dibujo realmente no le hace justicia. Esas cosas que parecen plumeros son arces y los espinos que bordean el camino son murmurantes pinos y abetos. La casa está en la punta de una colina y desde allí se divisan kilómetros de verdes praderas y toda una hilera de lomas.
Éste es el aspecto que presenta Connecticut, formando una serie de ondas, y la granja Los Sauces está precisamente en la cresta de una.
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Antes había graneros enfrente, cruzando el camino, pero como obstruían el paisaje, un bondadoso rayo bajó del cielo y los quemó por completo.
Los encargados son el señor y la señora Semple y hay además una sirvienta y dos peones. Los peones comen en la cocina y Judy con los Semple, en el comedor. Hoy hubo jamón y huevos, bollitos con miel, arrollado de mermelada, pastel, dulces y queso, todo rociado con té y mucha conversación. Nunca en mi vida había resultado yo tan divertida: todo lo que digo parece ser gracioso. Supongo que es porque jamás he estado en el campo y mis preguntas tienen por respaldo una total y absoluta ignorancia.
El cuarto marcado con una cruz no es donde se cometió el asesinato, sino el que ocupo yo. Es grande, cuadrado y está casi vacío, con muebles antiquísimos y ventanas de postigos verdes que hay que sostener con palos para que se mantengan abiertos. También hay una gran mesa de caoba, donde pienso pasar el verano escribiendo una importante novela.
¡Ay, Papaíto! Estoy excitadísima y no veo la hora de que sea mañana para salir a explorar. Son apenas las ocho y media de la noche y voy a apagar mi bujía y tratar de dormir. Nos levantamos a las cinco.
¿Ha oído nunca algo más divertido? No puedo creer que sea realmente Judy quien está viviendo estas experiencias. Usted y el buen Dios me dan más de lo que merezco. Tengo que ser muy, pero muy buena, para compensar todo esto. Pero lo seré. Ya verá que sí.
Buenas noches, Judy
P. D. Tendría que oír cómo cantan las ranas y cómo chillan los lechoncitos… ¡Y tendría que ver la luna nueva que acabo de mirar por encima de mi hombro!”
“Los Sauces, 12 de julio
Querido Papaíto-Piernas-Largas:
¿Cómo se enteró su secretario de la granja Los Sauces? No es una pregunta retórica… ¡Me muero por saberlo! Porque escuche lo que pasa: El señor Jervis Pendleton era el dueño de esta granja y ahora se la dio a la señora Semple, que fue su nodriza. Increíble la coincidencia, ¿verdad? La señora todavía lo llama “niño Jervie” y habla de lo dulce que era cuando chico. Tiene un rulo de cuando era bebé guardado en una caja y el ruliro es colorado, ¡palabra de honor! O por lo menos, rojizo.
Desde que la señora Semple descubrió que lo conozco, me he elevado mucho en su concepto, ya que conocer a un miembro de la familia Pendieron es la mejor presentación que se puede traer a Los Sauces. Y la flor y nata de la familia es el niño Jervie. Me alegra consignar que Julia pertenece a una rama inferior.
La granja se está poniendo cada vez más entretenida. Ayer anduve en una carreta de heno y me resultó divertidísimo. Tenemos tres cerdos y nueve lechoncitos. ¡Hay que verlos comer! Le aseguro que no podrían pasar por otra cosa que lo que son: ¡cerdos! Tenemos pollitos a mares, además de patos, pavos y pintadas. Debe de estar usted loco para vivir en la ciudad, pudiéndolo hacer en una granja.
Una de mis tareas cotidianas es juntar los huevos. Ayer me caí de una viga del granero mientras trataba de deslizarme hasta un nido del que se apropió la gallina negra. Y cuando volví a casa con un rasguño en la rodilla, la señora Semple me lo vendó con árnica, murmurando todo el tiempo: —¡Dios mío, si parece sólo ayer cuando el niño Jervie se cayó de esa mismísima viga y se lastimó esta mismísima rodilla!
El paisaje que nos rodea es precioso. Hay un valle, un río y muchas colinas boscosas. Y lejos, a la distancia, una montaña azul altísima que dan ganas de comerla.
Dos veces por semana hacemos manteca y guardamos la crema para conservarla fresca en una casita de piedra bajo la cual corre un arroyo. Algunos granjeros de la vecindad tienen separadores, pero nosotros no creemos en esas novelerías. Puede que dé más trabajo separar la crema en cazuelas, pero la mejor calidad compensa la molestia. Tenemos seis terneros y les puse nombre a todos:
1. Silvia. Porque nació en el bosque.
2. Lesbia. Por la Lesbia de Cátulo.
3. Sallie.
4. Julia. Un animal manchado, estrambótico.
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5. Judy. Por mí.
6. Papaíto-Piernas-Largas.
¿Verdad que no le importa, Papaíto? Es un Jersey puro y de lo más mansito. Ahí va su retrato, para que vea lo apropiado que es el nombre. Todavía no tuve tiempo de empezar mi novela inmortal . La granja me tiene muy ocupada.
Siempre suya, Judy
P. D. 1: Aprendí a hacer buñuelos en forma de rosca.
P. D. 2: Si piensa criar pollos, permítame recomendarle los Orpington amarillos, pues no tienen plumas rudimentarias.
P. D. 3: ¡Ojalá pudiera mandarle un pan de la manteca fresquísima que hice ayer! Soy una lechera de primer orden.
P. D. 4: Ésta es la imagen de la señorita Jerusha Abbott, la futura gran escritora, llevando las vacas de vuelta al corral.”
-J e a n W e b s t e r, “P a p a í t o p i e r n a s l a r g a s”
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