Mariposadel67

 

Robert Capa 1

Robert Capa, Desembarco en Normandia

Henri Cartier Bresson 1

Henri Cartier Bresson

 

Muchos soldados alemanes escribieron cartas a sus familiares y amigos durante el largo y trágico asedio de Stalingrado, en las que relataban las condiciones dantescas en las que vivían y su premonición de una muerte cercana.Cuando el último avión despegó de la ciudad en enero de 1943, llevaba siete enormes sacas de cartas que nunca fueron entregadas, porque rezumaban desmoralización y críticas al Reich.

Todas ellas aparecieron después, en 1954, y fueron publicadas en 1958 por Einaudi en el volumen Cartas desde Stalingrado. Volvió a hacerse otra edición en 1963, Las últimas cartas de Stalingrado, a cargo de la editorial Destino.

9788483077610

 

La Batalla de Stalingrado

La Batalla de Stalingrado

Enero de 1943

El último avión alemán despega de Stalingrado. Lleva siete sacas de correo con cartas de soldados que nunca serán  entregadas .El ejército las requisa para evaluar la moral de la tropa: la mitad demuestra una “actitud desdeal y negativa” hacia el mando, un tercio es indiferente y únicamente el 2% lo aprueba.
El informe previsto es cancelado y las cartas van a parar a los archivos del ejército.

1954: Las cartas son encontradas.

Carta 1ª
“Mi vida no ha cambiado en nada; es ahora como hace diez años, bendito por las estrellas, maldito por los hombres. No tuve amigos, y tu sabes por qué no querían saber nada de mí. Era feliz cuando podía sentarme al telescopio y mirar al cielo y al mundo de las estrellas, feliz como un niño al que le permiten jugar con los astros.
… Fuiste mi mejor amiga, Mónica. Sí, lees bien, fuiste. El momento es demasiado serio como para bromas. Esta carta tardará en llegarte dos semanas. Por entonces ya habrás leído en los periódicos lo que ha tenido lugar aquí. No pienses mucho en ello, porque en realidad todo habrá terminado de forma diferente; deja que los demás se preocupen de la “película de los hechos”. ¿Qué son ellos para ti o para mí? Siempre pensaba en años luz, pero sentía en segundos. Además, aquí tengo mucho trabajo con el tiempo. Somos cuatro, y si las cosas continúan como hasta ahora podemos darnos por contentos.
Lo que hacemos es muy sencillo. Nuestro tarea consiste en medir las temperaturas y la humedad, informar sobre la visibilidad y los bancos de nubes.
Si algún burócrata leyera lo que aquí escribo obtendría una flagrante violación de la seguridad militar. Mónica, ¿qué es nuestra vida comparada con los muchos millones de años del cielo estrellado?. En esta hermosa noche, Andrómeda y Pegaso están justo sobre mi cabeza. Las he mirado mucho tiempo; pronto estaré muy cerca de ellas. Mi paz y mi felicidad se las debo a las estrellas, de las cuales tu eres la mas bella para mí. Las estrellas son eternas, pero la vida de un hombre es como una mota de polvo en el universo.
A mi alrededor todo se derrumba, un ejercito entero muere, el día y la noche arden…y cuatro hombres se atarean con informes diarios sobre temperaturas y bancos de nubes. No sé mucho sobre la guerra. Ningún ser humano ha muerto por mi mano. Nunca he disparado munición real con mi pistola. Pero sé muy bien una cosa: la otra parte nunca ha mostrado ni una pizca de comprensión por sus hombres. Me habría gustado contar estrellas unas cuantas décadas más, pero ahora nada parece ir en ese sentido…”

Carta 2ª
“Hoy hablé con Hermann. Está al sur del frente. A unos cientos de metros de mí. No queda mucho de su regimiento. Pero el hijo de B. el panadero todavía está con él. Hermann aún tenía la carta en la que nos contabas la muerte de papá y mamá. Le hablé una vez más, por ser el hermano mayor, e intenté consolarle, aunque yo también estoy al límite. Es bueno que papá y mamá no sepan que Hermann y yo nunca volveremos a casa. Es muy duro el que tengas que cargar con el peso de cuatro personas muertas a lo largo de toda tu vida.
…Yo quería ser teólogo, papá quería tener una casa, y Hermann quería construir fuentes. Nada ha salido como debiera. Tu sabes como está la cosa en casa, y nosotros sabemos demasiado bien lo que pasa aquí. No, la verdad es que esas cosas que planeamos no han salido como imaginábamos. Nuestros padres están enterrados bajo las ruinas de su casa, y nosotros, aunque suene irónico, estamos enterrados con unos cientos o más de hombres en una trinchera en la parte sur de la bolsa. Pronto, estas trincheras estarán llenas de nieve…”

Carta 3ª
“El Fuhrer nos hizo la firme promesa de sacarnos de aquí; nos lo leyó y creimos en ello firmemente. Incluso ahora aún lo creo, porque he de creer en algo. Si no es cierto ¿en que otra cosa podría creer? Dentro de poco no tendré necesidad de primavera, verano o de algo agradable. Por lo que, abandoname a mi destino, querida Greta; toda mi vida, al menos ocho años de ella, creí en el Fuhrer y su palabra. Es terrible como dudan aquí, y vergonzoso escuchar lo que dicen sin poder responder, porque los hechos están de su parte.
En enero cumplirás veintiocho. Eso es ser aún muy joven para una mujer guapa, y me gustaría poderte decir este cumplido una y otra vez. Me echarás mucho de menos, pero incluso así, no te aisles. Deja pasar unos meses, pero no más. Gertrud y Claus necesitan un padre. No olvides que debes vivir para los niños y no les hables demasiado de su padre.
Los niños olvidan pronto, especialmente a esa edad. Fíjate bien en el hombre que elijas, toma nota de sus ojos y de la presión de su apretón de manos, como fue nuestro caso, y no te equivocarás. Pero sobre todo, anima a los niños a ser personas rectas que puedan llevar la cabeza bien alta y mirar a todo el mundo directamente a los ojos. Te escribo estas líneas apenado. No me creerías si te dijera que ha sido fácil, pero no te preocupes. No me asusta lo que se avecina. Repítete a ti misma y a los niños cuando sean mayores que su padre nunca fue un cobarde, y que ellos nunca deben serlo…”

Carta de un hijo a su padre (Coronel del Estado Mayor)
“No sé si podré hablarte una vez más, por eso es bueno que esta carta llegue a tus manos y que lo sepas ya en caso de que algún dia llegue a aparecer. Las manos se han perdido, ya desde principios de diciembre. En la izqda. me falta el meñique, pero lo que es peor, en la derecha se me congelaron los tres dedos de en medio. Sólo puedo coger el vaso con el pulgar y el meñique.
Me siento muy torpe. Sólo cuando a uno le faltan los dedos se da cuenta de cómo sirven tambié para las operaciones más pequeñas. Kurt Hahnke -me parece que lo conociste de tiempos del colegio, en el 37- hace 8 dias ,en una callejuela de la Plaza Roja, ha tocado la en un piano de cola. No sucede todos los días. La casa habia sido volada, pero el instrumento, seguramente por compasion, lo habian sacado y puesto en la calle. Todos los soldados que pasaban martilleaban las teclas y yo te pregunto que dónde, en qué otra parte del mundo se encuentran los pianos en las calles.
Me he asustado cuando he visto los mapas. Estamos completamente aislados, sin ayuda desde fuera. Hitler nos ha dejado. Esta carta saldrá si el aeródromo está todavía en nuestras manos. Estamos al norte de la ciudad. También los hombres de la batería lo sospechan, pero no lo saben tan claramente y de modo tan cierto como yo. Y asi es como se espera el fin. Ni Hannes ni yo caeremos prisioneros. Ayer vi cuatro hombres que cayeron prisioneros de los rusos, después de que nuestra infantería recuperara el puesto avanzado. No, no caeremos prisioneros. Cuando caiga Stalingrado, lo oirás y lo leerás, y entonces sabrás que yo no vuelvo.
La muerte debería ser siempre heroica, emocionante, fascinadora, por un fin grande y convincente. En realidad, ¿qué es? Es reventar, morir de hambre, de hielo, nada más que un hecho biológico como comer y beber. Caen como moscas y nadie piensa en ellos, nadie los entierra. Yacen por todas partes aquí en torno, sin brazos, sin piernas, sin ojos, con el vientre desgarrado. Se deberia rodar una pelicula para hacer imposible ‘la más bella muerte del mundo’. Es una muerte bestial que luego un dia será glorificada en frisos de granito con ‘guerreros moribundos’ con la cabeza o el brazo vendados.
…Así ya sabes que no volveré. Dilo con cuidado a nuestros padres. Un tiempo fui confiado y fuerte, ahora soy pequeño y desconfiado. No entenderé mucho de lo que sucede aquí, pero lo poco en lo que tomo parte es ya tan grande que no lo puedo tragar. No me pueden hacer crees que los camaradas mueren con las palabras ‘Deutschland’ o ‘Heil Hitler’ en los labios. Se muere, eso sí, no puede negarse. Pero la última palabra es para la madre o para la persona más querida, y acaso es sólo un grito de auxilio. He visto ya caer y morir a centenares, y muchos eran como yo miembros de las Hitlerjugend, pero todos, si aun eran capaces, pedian ayuda o invocaban el nombre de quien ya no podia socorrerlos.
Tú eres coronel, querido papá, y del Estado Mayor. Tú sabes lo que significa todo esto y me ahorrarás así explicaciones que podrían sonar a sentimentalismo. Es el fin. Pienso que pueda durar aun unos 8 dias. Luego el anillo se cierra. No quiero indagar los motivos en pro o en contra de nuestra situacion. Estos motivos son perfectamente insignificantes ya, y sin ninguna importancia, pero si pudiera añadir alguna cosa querría decir solamente: no busqueis cerca de nosotros la razon de esta situacion sino cerca de vosotros, y cerca de quien es el responsable. ¡Llevad la cabeza alta! Tú, papá, y los que son de tu misma opinion, estad alertas, que no suceda nada todavia peor a nuestra patria. Que el infierno del Volga sirva de advertencia. Por favor, no hagais que el viento disperse esta enseñanza…”.

ULTIMA CARTA ESCRITA POR EL SUBTENIENTE ERNESTO AGUSTIN RENAULT
DEL 132 REGIMIENTO DE INFANTERIA, CAIDO EN EL CAMPO DEL HONOR EL
22 DE SEPTIEMBRE DE 1914

“Mi ultimo pensamiento será para todos los que me son queridos, y para mi país , que bien pronto será grande y fuerte.
Pido a mis camaradas crean que me he sentido orgulloso entre ellos y que he profesado un gran cariño a nuestro querido regimiento. !Que piensen en mi cuando se salude a la bandera!!!!!
Pido y es esta mi última voluntad, que no se llore por mi muerte. Es un honor dar la vida por una causa tan bella; espero que mis hijos recordarán que su padre ha muerto en el campo del honor.
Debe envidiarse a a quienes caen como soldados frente al enemigo.
Muertos nosotros, constituiremos la guardia eterna y nuestro recuerdo enseñará a los vivos que no se debe desesperar, porque siempre llega el dIa en que el derecho prima sobre la fuerza.
Pido a Dios que me conceda si tal es su voluntad, caer más allá de las fronteras, de la verdadera!!…que está al otro lado del Rhin.
Dejo a mi esposa la libertad de disponer de mi cuerpo como a ella plazca, pero me gustaría reposar en medio de mis hombres; no me atrevo a pedirle este último sacrificio y la dejo libre de hacerme inhumar en Reims, en nuestro sepulcro.

Viva Francia!…”

Carta desde el frente, de un estudiante aleman caido

“18 de octubre de 1941 (En camino hacia Moscú). Desde las seis menos cuarto hasta las dos de la mañana estuvimos expuestos a una tormenta de nieve. Los objetos se humedecian lentamente por debajo de los capotes, helandose y pegandose rigidos al cuerpo. Todo chorreaba y chasqueaba como el cristal. Donde las molestias eran infinitas era en las regiones del estomago y vientre. El frio sobrepasó pronto toda medida ¡¡Miseria!! El frio se hacia dueño de los dedos, purulentos…”

 

Raid on Vaagso 27 December 1941

Raid on Vaagso 27 December 1941

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Carta de un soldado britanico
2 de mayo de 1918
“Cariño mio
Ahora, si no hay problemas, vas a saber todo sobre lo que pasa aquí. Sé que te llevarás una gran sorpresa cuando te llegue esta carta (espero que te llegue sin contratiempos). ¡Si alguna autoridad la ve!. Claro, tu has supuesto bien dónde yo tendría mi primera experiencia en la línea. Si, fue en el saliente de Ypres… Oh!, era un encantador “bautizo de fuego” aquella noche. Teníamos que excavar y temprano en la mañana comenzó el ametrallamiento.
Oh Señor, si alguna vez un compañero tuvo miedo, absolutamente aterrorizado a la muerte, era este muchacho. Uno de mi sección se asustó al ver a una granada caer a dos metros de nuestra trinchera cuando alguien con instinto de líder, o quien lo debe llevarlo, fue a la cima; yo me quedé quieto como una roca. Yo tenía doce hombres cuando nosotros entramos, salí con tres. Oh! Eso fue horrible.
Quizá te gustará saber como está el ánimo de los hombres aquí. Bien la verdad es que (y como te dije antes, me fusilarán si alguien de importancia coge esta misiva) todo el mundo está totalmente harto y a nadie le queda ya nada de lo que se conoce como patriotismo. A nadie le importa un rábano si Alemania tendrá Alsacia, o si lo tendrá Bélgica o Francia. Lo único que cada uno quiere es acabar con esto e irse a casa. Esta es honestamente la verdad, y cualquiera que haya estado aquí en los últimos meses te dirá lo mismo.
De hecho, y esto no es una exageración, la mayor esperanza de la gran mayoría de los hombres es que los disturbios y las protestas en casa obliguen al gobierno a acabar con esto como sea. Ahora ya sabes el real estado de la situación.
Yo también puedo añadir que he perdido prácticamente todo el patriotismo que me quedaba, sólo me queda pensar en todos ustedes que están allí, todos a los que amo y que confían en mí para que haga el esfuerzo que sea necesario para su seguridad y libertad. Esto es lo único que mantiene y me da fuerzas para soportar esto. En cuanto a la religión, que Dios me perdone, no ocupa ni uno entre un millón de todos los pensamientos que cada hora ocupan la mente de los hombres.
Dios te bendiga cariño y a todos los que amo y me aman, porque sin su amor y confianza, desfallecería y fracasaría. Pero no te preocupes corazón mío porque seguiré hasta el final, así este sea amargo o dulce, con el amor siempre como mi primer pensamiento y cuidado, mi guía inspiradora y mi aliciente.
Au revoir mi amor, y que Dios te mantenga segura hasta que la tormenta termine, con el amor más profundo de todo mi corazón. Tu amor,
Laurie”

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