.danza secreta

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“La orquesta dió término a los compases del cotillón y los invitados aplaudieron al concluir el baile. A continuación vendría el vals, suponiendo que Lord Fenton hubiera tenido éxito. Thomas se levantó y le tomó la mano. No podría soportar una habitación llena de gente y las críticas que le lloverían.
-No puedo volver a colocarme el turbante sin la ayuda de la doncella de mi madre -dijo, llevándose la mano a la cabeza y mirando la tela desechada que le había servido de escudo.
-Quiero bailar contigo esta noche, Amber -dijo Thomas-. Tú decides si bailamos aquí, en el jardín, o en el salón de baile. No necesitas ningún tocado, sea cual sea el lugar que escojas. La decisión es tuya.
Amber dejó escapar un suspiro de alivio.
-No estoy preparada para presentarme ante tanta gente y no quiero llamar la atención de esa forma en el baile ed Darra -dijo.
Thomas sonrió, asintió y le acercó la mano.
-¿Entonces bailarás conmigo aquí, en el jardín? -le preguntó.
Amber tomó su mano, se levantó y lo siguió hasta las escaleras, donde la base de piedra proporcionaba una improvisada pista de baile.
Estaban lo suficientemente cerca como para escuchar los primeros compases del vals, pero bastante lejos como para preservar su privacidad.
Thomas hizo una reverencia.
-Señorita Sterlington ¿me concede este baile?
-Por supuesto, señor -respondió ella, mientras él se erguía y la tomaba de la mano. Thomas la atrajo hacia sí -deliciosamente cerca- y Amber se enlazó con él. Arrancaron a bailar, al tempo exacto de la música que fluía a través de las puertas del salón de baile, sobre la terraza y por las escaleras de piedra, para llegar hasta ellos.
Ella había bailado el vals con muchos caballeros, hombres a los que había considerado dignos por su fortuna y títulos, y sin embargo, ahora estaba en los brazos del hombre al que una vez había despreciado y que había estado dispuesto a conocerla como la nueva mujer en que se había convertido.
[…]
Los dos jóvenes se movían al unísono, como si hubieran bailado cientos de veces. A amber la tensión aún le oprimía el pecho, pero sabía muy bien que sus intentos de esconderse casi le habían costado su futuro. Ahora sería valiente. Sería honesta y, tal y como Thomas le había dicho, dejaría que la gente tomara sus propias decisiones respecto a ella. Si optaban porpermitir que el aspecto externo dictara toda su opinión, no habría nada que hacer. En cambio si ellos, como Suzanne, Thomas e incluso Darra y Lord Sunther, veían más allá, ella les devolvería mucho más de lo que nunca antes hubiera sido capaz.
Thomas ajustó el brazo en su cintura y la acercó hacia sí, lo suficiente como para que recuperara el aliento y barriera los restos de inseguridad que aún pudieran persistir en su corazón. El vals era, en realidad, un baile bastante escandaloso.
-¿Esto está sucediendo de verdad? -susurró-. ¿Realmenre has venido desde Yorkshire, después de saber que no era quien decía ser y que tenía el problema que tengo y me has pedido que me convierta en tu esposa?
Thomas sontió.
-De hecho parece un sueño ¿no es así? -dijo.
-Un sueño del que me temo que despertaré en cualquier momento.

-Quizá cuando llegue la mañana en que despiertes a mi lado, creerás por fin que no es mi sueño -repuso él, inclinándose más hacia ella- y espero que esa mañana no esté muy lejos.

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Amber sabía que debía sonrojarse ante aquellas palabras, pero no lo hizo. En lugar de eso, sintió una fuerte emoción y rezó en silencio, dando gracias por todas y cada una de las cosas que habían tenido que suceder para llevarla hasta allí. Esto era, pues, ser amado. Lo que una vez consideró una mezquina razón para casarse.
-¿Hay algo más que pueda hacer para convencerte de que
esto no es un sueño, de que los momentos que estamos viviendo son muy reales? -preguntó Thomas, mirándole directamente a los labios. A la joven se le cortó la respiración. Si él la besaba allí, delante de toda aquella gente, sería nada menos que una proposición, una exhibición pública de sus intenciones, que no dejaría lugar para la interpretación o la retirada. Thomas la miró a los ojos y ella supo que sus pensamientos eran los mismos que los suyos.
Media de docena de parejas bailaba con ellos ahora, formando una pista bastante concurrida y desordenada. El resto de los invitados se habían reunido en la escalera y en la terraza y el sonido de sus murmullos casi tapaba la música que venía de arriba. Sin embargo, ¿qué le importaba que la criticaran, cuando un hombre como Thomas Richards había reclamado su corazón y prometido cuidarlo?
Amber ralentizó sus pasos y él la imitó. Ella levantó el rostro y él sonrió ante su invitación silenciosa. Sin decir una palabra más, Thomas enmarco la cara de ella con las manos y se acercó para fundirse con aquella mujer en un beso de promesa, un beso de esperanza, un beso para invitar a un millar más…”

-Josi S.Kilpack (de “El secreto de Amber”)

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