Mariposadel67

gary snyder

 

“Una mañana en lo alto del precipicio al este de Loowit

después del café en el campamento

mirando al joven y antiguo volcán

respirando vapor y azufre

lava al amanecer

cuencos de nieve
subí tras la cicuta de montaña

pregunté a mis viejos consejeros dónde yacían

¿qué está pasando?

dicen

“Nuevos amigos y queridos espíritus de los antiguos árboles

aquí estamos otra vez. Disfruta del día”….”

[…]

 

“Un precipicio de granito

un árbol, sería suficiente,

o incluso una roca, un pequeño arroyo,

un trozo de corteza en un estanque.

Colina tras colina, plegadas y retorcidas

robustos árboles apilados

en delgadas fracturas de la piedra

una enorme luna sobre todo, es demasiado.

La mente vaga. Un millón

de veranos, el tranquilo aire nocturno y las tibias

rocas. El cielo sobre montañas interminables.

Toda la porquería que viene con el ser humano

disminuye, la roca firme ahora tiembla,

incluso el intenso presente parece obviar

este espejismo de corazón.

Libros y palabras

como el pequeño arroyo de una alta cornisa

desapareciendo en el aire seco.
Una mente clara, atenta,

sólo tiene sentido si

lo que ve es realmente visto.

Nadie ama a la piedra, pero aquí estamos.

Los fríos de la noche. Algo que se mueve

rápido a la luz de la luna

se desliza en la sombra del Enebro:

allí atrás invisibles

orgullosos ojos fríos

de un Puma o Coyote

me observan levantarme y partir…”

[…]

“Anoche mirando las Pléyades,

con el aliento humeante a la luz de la luna,

un recuerdo amargo como vómito

me atragantó.

Desenrollé la bolsa de dormir

sobre el tapete de un porche

bajo la espesura de las estrellas de otoño.

Te me apareciste en sueños

(en nueve años, tres veces)

Salvaje, fría y acusadora.

Me desperté con vergüenza, enojado:

Las guerras sin sentido del corazón.

Ya casi amanecía. Venus y Júpiter.

La primera vez que los vi

tan cerca.”

[…]

“Ese octubre,

cuando elegiste ser libre

en el pasto alto y seco junto al huerto,

dijiste “algún día, quizás en diez años”.

Después de la universidad te vi

una sola vez. Estabas rara.

Y yo, obsesionado con un plan.

Ahora pasaron diez años

y más: yo siempre supe

dónde estabas—

Tendría que haber ido a verte

con la esperanza de recuperar tu amor.

Todavía seguís soltera.

No lo hice.

Pensé que tenía que estar solo.

Hice eso.

Solamente en sueños, como esta madrugada,

la intensidad abrumadora

de nuestro amor de juventud

me vuelve a la mente, a la carne.

Tuvimos lo que todos

se esfuerzan por tener;

y lo dejamos atrás a los diecinueve.

Me siento milenario, como si hubiera

vivido muchas vidas.

Y es posible que nunca sepa

si soy un tonto

o hice lo que me exige

mi karma.”

[…]

“Las colinas nacientes, las pendientes
de las estadísticas
están ante nosotros.
la cuesta escarpada
de todo lo que sube
y sube, mientras todos
bajamos.

En el
siglo que viene
o el que le sigue,
dicen que
va a haber praderas y valles
donde encontrarnos en paz,
si lo logramos.

Para escalar estas cimas por venir
una palabra para vos, para
vos y tus hijos:

quédense juntos
apréndanse las flores
viajen livianos.”

 

-Gary Snyder

Cada mañana, el poeta de la generación beat Gary Snyder se despierta en su predio de cincuenta hectáreas al pie de Sierra Nevada y medita. A sus 87 años, usa plumas de buitre para lograr una caligrafía pulcra y cena ranas de su estanque; algunas noches se lleva una manta, un termo con sake y un mapa estelar, camina y, bajo la luz de su antorcha, juega a identificar las constelaciones

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